Nació gemelo, pero jamás fue tratado como tal. Marcado en el rostro, fue despojado de nombre, amor y humanidad. Mientras su hermano era criado como el elegido, él fue guardado como reemplazo, como ofrenda silenciosa. Cuando el prometido huye la noche del sacrificio, la familia no duda: no lo buscan… lo borran.
Y entonces lo entregan a él.
Traicionado por su propia sangre, ofrecido a un demonio que nunca aceptó el trato original, descubre que el pacto no exigía un hijo perfecto, sino uno roto. En un mundo donde el amor es una mentira y la familia es el primer verdugo, aprenderá que la verdadera monstruosidad no viene del infierno, sino de quienes sonríen mientras te sacrifican.
NovelToon tiene autorización de Erika Julieth para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
...
— Está muy oscuro verdad.
Daniel intentaba ubicarse ¿de donde venía esa pequeña voz? ¿porque no sentía su cuerpo? ¿porque todo estaba oscuro? era lo pasaba por su mente, intentaba hablar Pero su voz no salía.
— No te esfuerces, debes practicar mucho para pronunciar una palabra aquí.
Alguien le habla Pero no sabe en qué dirección solo sabe que es un niño por el sonido de voz.
— (llora) llevo mucho tiempo solo, es la primera vez que conecto con alguien y me emocioné mucho gracias por permitirme verte.
Daniel intenta hablar Pero no puede está asustado Pero ahora tenía una nueva inquietud si se va el niño volverá a quedar solo en esa oscuridad.
Daniel empezó a buscarlo extendiendo las manos
Unas pequeñas manos tomaron las de él.
Se agachó y lo abrazo
— (susurro) ya debes irte.
Daniel sintió que algo lo levantó se aferró al niño para llevarlo con el, pero no se pudo aferrar a su pequeña mano algo lo jalo con mucha fuerza, mientras se iba lo escucha llorar intenta mantenerse allí pero no puede.
— Daniel... Daniel...
Alguien repetía su nombre cuando abrió los ojos Azrael lo tenía en brazos y Verónica traía lo que parecía un vasija con agua.
Miro a su alrededor ya estaban nuevamente en su habitación.
— ¿Dónde estoy y el niño donde está el niño? — dijo desesperado.
— Tuviste una pesadilla cálmate — dijo Azrael.
— No... no es una pesadilla el está solito está asustado debo volver dime cómo vuelvo.
Azrael lo abrazo.
— Fue una pesadilla es la impresión por verlo así... eres un humano no estás acostumbrado a eso.
— Tu no entiendes yo sé que es real, cuando lo toque se conecto conmigo dijo entre lágrimas sus manos temblaban y su voz se iba impiendo expresarse bien.
— Mi señor tómese esto. Dijo Verónica intentando calmarlo.
— Verónica tienes que creerme debo volver no puede estar allí solo eso es tenebroso está muy oscuro y hace mucho frío quien lo abrazara con quién hablara.
Daniel estaba entrando en una crisis Azrael paso su mano por su rostro
Daniel volvió a caer dormido.
— Mi señor estará bien? Pregunto Verónica preocupada.
— Verónica... Daniel no puede volver a esa habitación.
— si señor.
Verónica se sintió triste ya no volvería a ver a su hijo.
— Tu puedes volver cuando quieras tienes mi permiso.
Verónica llora de felicidad y se arrodilló ante Azrael.
— Muchas gracias mi señor.
Daniel abrió lentamente los ojos. Estaba más tranquilo… pero no pudo evitar llorar al ver a Verónica.
—Verónica… él es tan pequeño.
—Así es… —respondió ella con la voz quebrada—. Aún recuerdo la última vez que escuché su voz. He vivido tantos años, pero siento que realmente viví cuando lo tuve a él.
Las lágrimas de Daniel no se detenían.
—Yo sé que no me creen, pero es cierto… —dijo frotándose los ojos, intentando contener el llanto—. Él habló conmigo. Lo escuché llorar cuando despertaba.
Verónica negó lentamente con la cabeza.
—Mi señor… no quiero creer lo que escucho. Porque aceptar lo que me está diciendo me mataría. Me horroriza pensar que mi hijo está solo, en un lugar al que yo no he podido llegar… solo, llorando… y que no pueda hacer nada. Por eso elijo no creerle.
Daniel la miró.
Ella, tan fuerte. Un demonio que se defiende, que pelea, que no se humilla ante nadie… ahora estaba frente a él frágil, temblando, aterrorizada. Aferrándose a la idea de que Daniel deliraba, porque solo así podía conservar la cordura.
Daniel bajó la mirada.
No podía ser tan cruel con ella.
Se levantó y caminó hasta la ventana. Miró la nada.
El paisaje seguía siendo hermoso: las aves cantaban las mismas melodías, la brisa era fresca y cálida a la vez, las flores vivas desprendían un aroma suave, casi romántico. Pero esa tarde los ojos de Daniel no podían admirar esa belleza. Sus oídos no podían deleitarse con esos sonidos.
Aunque estuviera despierto, su alma volaba muy lejos.
—(pensando) Volveré a ti… solo dame tiempo, pequeño. No sé cómo… pero te traeré conmigo.
La mañana volvió, pero la mansión se sentía más grande… más vacía.
Daniel se dirigió al comedor. Todos ya estaban en la mesa, incluido Azrael.
La dinámica era la misma, los rostros iguales: compartían un espacio sin conexión, sin apegos reales.
Azrael levantó la vista. Vio a Daniel cansado, con ojeras marcadas.
—Si no estabas en condiciones de levantarte, hubieras pedido el desayuno en la cama —dijo, partiendo un pedazo de carne y colocándolo en su plato.
Daniel guardó silencio unos segundos. Luego tomó la mano de Azrael.
—Mi señor, estoy bien.
Aquellas muestras de afecto no eran bien vistas por las otras cuatro esposas.
—Buenos días.
La voz era inconfundible.
Azael entró acompañado de una mujer muy elegante. Vestía completamente de negro; su largo cabello estaba perfectamente peinado, joyas discretas pero finas, y una mirada imponente, soberbia, tan propia de los demonios.
—Hermano, siéntate y come —dijo Azrael con tranquilidad, sin dejar de masticar.
—Qué espanto —respondió Azael, observando a Daniel—. Te estás acabando con él.
Sonrió mientras lo miraba de arriba abajo.
Daniel devolvió la sonrisa.
—Usted sigue igual: insoportable, arrogante… y vacío.
Todos miraron a Azael. Para él, aquello no significaba nada.
—Vaya que tienes agallas. Un demonio como yo podría acabar contigo sin necesidad de tocarte.
La mujer se sentó frente a Daniel. Lo observaba fijamente, de arriba abajo, sin decir una palabra, sin un solo gesto.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Daniel, visiblemente incómodo.
—Porque eres gris, insípido, feo, sin gracia. En pocas palabras, un desecho de ser humano. ¿Cómo has conseguido tanto siendo… tú? —dijo Pandora, con la clara intención de hacerlo sentir menos.
—Pues, señora —respondió Daniel con calma—, tengo el mismo estatus que usted. Con una sola diferencia: yo soy el esposo del rey de los demonios.
—¿Esposo? —rió—. Sueñas muy alto.
—Es cierto, Pandora —intervino Azrael—. He decidido casarme con él.
El tenedor de Lilian cayó sobre la mesa.
Ella ya había tenido suficiente.
—Hasta ahora he bajado la cabeza cada vez que me lo ha pedido, aun cuando no tenía razón. He soportado cosas que una princesa como yo jamás toleraría… pero eso se acabó.
Se puso de pie.
—Mi orgullo no volverá a ser pisoteado. Sepa algo, mi señor: usted no se casará con él. Y si me manda al infierno con sus propias manos… me lo llevo a él conmigo. Y le aseguro que no fallo.
sería genial qué pasará eso, queda como que el plan que tenía se dio vuelta y no salió como esperaba
ahhh más más capítulos