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Tres Veces 69

Tres Veces 69

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Amor a primera vista / Romance de oficina / Romance oscuro / Harén Inverso / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Belly fla

“Para heredar el imperio de la mafia, Pedro necesita ser entrenado por los gemelos Danilo y Diogo. Pero las lecciones de poder pronto se convierten en juegos de deseo, donde el placer es el arma más peligrosa y el heredero se convierte en el premio.”

NovelToon tiene autorización de Belly fla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

El golpe en la puerta fue suave, casi vacilante. Pedro, que estaba acostado en la cama leyendo en el celular, levantó los ojos.

"Puedes entrar", dijo, su voz un poco cautelosa.

La puerta se abrió y Diogo entró. No se adentró en la habitación, se quedó cerca de la entrada, con las manos metidas en los bolsillos de su pijama de lino oscuro. Su mirada hizo un rápido escaneo del ambiente antes de posarse en Pedro.

"Solo quería ver si todo está... si la habitación es agradable", dijo Diogo, pero sus ojos, por una fracción de segundo, descendieron por el cuerpo de Pedro. El chico vestía solo un shorts de algodón y una camiseta vieja, lo suficientemente ajustada para sugerir los músculos definidos del torso.

Pedro se sentó en la cama, con una sonrisa desafiante en los labios. "Sí, lo está. Finalmente. Me están tratando como me merezco."

Diogo soltó un sonido bajo, casi una risa. "No te acostumbres."

"Pensé que eras diferente de tu hermano", provocó Pedro, inclinando la cabeza.

Los ojos oscuros de Diogo se fijaron en él, y por primera vez, Pedro vio una rendija en esa fachada de control total. "Lo soy. En algunas cosas."

Dio un paso hacia atrás, hacia la puerta. "Te dejaré dormir. Mañana vas a trabajar como un cabrón."

El uso de la palabrota, viniendo de la boca siempre medida de Diogo, fue sorprendentemente íntimo. Pedro sintió un escalofrío en el estómago.

"Más te vale. No quiero a mis profesores cansados para enseñarme", replicó, manteniendo el tono ligero.

Diogo se detuvo en la puerta, con la mano en el pomo. Miró a Pedro por encima del hombro, su perfil afilado contra la luz del pasillo. "Si el alumno aprende algo."

Y entonces, salió, cerrando la puerta suavemente.

Pedro saltó de la cama y fue hasta la puerta, abriéndola un poco. "¡Soy un gran alumno!", gritó hacia el pasillo oscuro, su voz resonando.

Al final del pasillo, vio la silueta de Diogo detenerse por un segundo. No se giró, pero Pedro pudo jurar que vio sus hombros moverse en un temblor silencioso de risa.

"Hum", se oyó la respuesta baja de Diogo, un sonido que era tanto una confirmación como un desafío.

Pedro cerró la puerta, apoyando la espalda en ella. Una sonrisa amplia e involuntaria estiró su rostro. "Los dos no son más que tipos buenos y abusivos", murmuró para la habitación vacía, sintiendo el corazón acelerado.

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En la habitación de Diogo

Danilo todavía estaba allí, acostado en la cama del hermano como si fuera suya, con las manos detrás de la cabeza.

La puerta se abrió y Diogo entró, cerrándola con un clic suave. Su rostro, que para Pedro parecía impenetrable, ahora estaba relajado, con una pequeña sonrisa obstinada en los labios.

"Todavía estás aquí", dijo Diogo, tratando de sonar irritado, pero fallando miserablemente.

Danilo se apoyó en los codos, con un brillo curioso en los ojos. "¿Y bien? ¿Lo viste?"

Diogo fue hasta la cómoda y comenzó a quitarse el reloj, evitando la mirada del hermano en el espejo. "Sí."

"¿Y...?", insistió Danilo, su voz cargada de expectativa.

Diogo colocó el reloj con cuidado en la madera. Luego se giró y encaró al hermano, y por primera vez en la noche, no intentó disimular el deseo en sus ojos.

"Joder, Danilo... Qué cuerpo del carajo", admitió, la sonrisa ensanchándose, genuina y lasciva.

Danilo se acostó de nuevo en la cama, con una sonrisa triunfante y amplia estampada en su rostro. "Yo no pensé diferente. Ese chico fue bendecido por los dioses y maldito por nosotros."

"Apenas podemos esperar para arruinarlo, ¿verdad?", dijo Diogo, su voz ahora un susurro sombrío y seductor.

"O para hacerlo perfecto", contraatacó Danilo, cerrando los ojos, como si viera la escena. "Imagínalo, con la confianza que le estamos dando... pero completamente nuestro. Conociendo cada parte de él. Por dentro y por fuera."

Diogo se quedó en silencio por un momento, observando al hermano. La línea entre el deber y el deseo no solo estaba borrosa, sino que estaba siendo activamente borrada.

"Es un territorio peligrosísimo, hermano", advirtió Diogo, pero su voz ya no cargaba la convicción de antes. Sonaba como un recordatorio protocolario.

Danilo abrió un ojo. "Todo lo que es bueno es peligroso. ¿Y tú, Diogo? ¿Todavía estás tratando de convencerte de que no quieres esto?"

Diogo no respondió inmediatamente. Se giró y apagó la luz de la habitación, sumergiendo el ambiente en la penumbra. "Vete a dormir, Danilo."

Pero en la oscuridad, acostado en su propia cama, Diogo no podía quitarse de la mente la imagen de Pedro en esa camiseta ajustada.

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