Un hombre conocido por su gran poder esta en busca de una esposa.
Lidia Paige que se dedica al campo laborando junto a sus hermanas, recibe la propuesta de dicho hombre. En un principio se rehusaba a desposarse con el, por ser conocido por su intimidante presencia; sin embargo, termina aceptando.
El verdadero reto comienza desde que pone un pie en la gran mansión del Sr. Lennox.
¿Es verdad los rumores que circulan sobre el?
Sellando su destino tras la boda, se embarcara en una vida llena de incógnitas acerca de su esposo.
Trilogía Lennox.
Libro I. Conociendo a mi Esposo.
Libro II. Lagrimas en Soledad.
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Soledad.
Una semana ya había transcurrido desde la última conversación honesta entre ellos. La mayoría de las veces, él se mantenía ocupado encerrado en su estudio; por las noches, aunque intentara esperar por el antes de dormir, fracasaba.
Desconocía la hora en que el descansaba a su lado; por las mañanas, cuando Lidia despertaba, el señor Lennox ya no se encontraba a su lado. Desde aquella noche el ambiente entre ambos se volvió ligero pero el tiempo compartido había disminuido.
Después del enfrentamiento que tuvo, le fue notificado que Julius Edwards decidió retirarse de la mansión, sintió un peso menos encima, la conducta que había presenciado por su parte creó una muy mala imagen en la mente de Lidia.
Margareth al cabo de solo tres días, regresó a su puesto de trabajo, alegando que su herida ya había sanado.
Todo parecía progresar bien, a excepción de ella. El pasar de los días la consumían, nunca se sintió así anteriormente, resaltando el hecho que trabajaba duro en el campo; aun cuando mataba el tiempo la mayor parte del día en la biblioteca, dando un paseo o jugando con Connor, no era suficiente, comenzaba a sentir la soledad.
Como los días anteriores, estaba sentada, con Connor recostado, con su cabeza en sus piernas, escuchaba atentamente como ella le leía una historia que encontraron interesante.
-Su voz es relajante, señorita- dijo Connor y acto seguido comenzó a toser. Lidia se desconcertó, ya que la voz del pequeño fue más como un susurro, y como si algo le hubiera raspado su garganta, lo que hizo que tosiera.
Con su mano tocó la frente de Connor, pero su temperatura parecía normal.
-Connor, ¿no sientes algún malestar? - preguntó.
- No, señorita. Solo me atragante después de hablar, me encuentro bien. - garantizo el niño. Lo que no dejó tranquila a Lidia.
-Asegúrate de contarle a tu mamá si llegas a sentir dolor en alguna parte, ¿de acuerdo? -
-De acuerdo- le juró el pequeño mientras asentía. Connor la motivó a que continuara leyendo, hasta que llegó el momento de retirarse, se despidió y se fue buscar a su mamá.
De nuevo, la soledad se hacía presente en el instante que miraba a su alrededor y no había nada más que objetos y muebles.
Extrañaba a su familia, y necesitaba ver a su esposo, en especial para obtener su recompensa. La boda ya se había llevado a cabo, lo que sea que el señor Lennox haya buscado, lo obtuvo al aceptar ser su esposa. Lidia aun no conseguía resultados.
Esa tarde se obligó a esperar al señor Lennox en la recamara, ya que este se mantenía encerrado en su estudio y Lidia no deseaba causar molestias. Recordó la situación en la que se encontraba su madre y optó por ir en su búsqueda, no podía esperar una ocasión en la que él estuviera disponible, tenía que crear la oportunidad ella misma.
Lidia que estaba sentada en la cama de la recamara esperando, se levantó y se calzó; salió de la habitación, rumbo al estudio de Asher. Si deseaba encontrarlo, ese era el primer lugar donde podría dar con él.
Nunca había recorrido la mansión a altas horas en la noche, el pasillo estaba completamente a oscuras. Cada paso que daba lo hacía insegura, se guiaba por la pared a su lado, con sus manos se sostenía de estas y seguía el camino.
La oscuridad reinaba tanto dentro como por fuera de la mansión, por lo tanto, era evidente que los empleados ya se habían retirado a sus hogares, a excepción del señor y señora Jones, que vivían ahí.
Se sostuvo del barandal de las escaleras y bajó cuidadosamente, con temor a tropezar. Se guío hasta la puerta de estudio del señor Lennox, a punto de tocar, escucho voces dentro.
Una era de su esposo, pero ¿Quién era la otra voz?, no podía decirlo con seguridad. Tal vez era el señor Jones o el ama de llaves; su interés creció y acerco su oído a la puerta, en un intento de concentrarse en escuchar; internamente se decía que esto estaba fuera de sus principios, era una total falta de respeto a la privacidad de su esposo, pero la curiosidad se adueñaba de ella.
- Solo espera un momento- dijo la voz, que le pertenecía a Asher.
- Simplemente no puedo esperar más, debes apresurarte- exigía la otra voz. Pertenecía a una mujer.
Lidia se sorprendió, esa voz no podía ser de la señora Jones, la reconocería.
-Me prometiste que te harías responsable, aunque sea en las sombras- alzó la voz la misteriosa mujer. Lidia retrocedió un poco debido a que se asustó un poco.
- Baja la voz, despertaras a los demás- demandó el señor Lennox.
- Entonces por favor, solo ayúdame, ¿Qué acaso no sientes compasión? ¡Lleva tu sangre! - a este punto podía percibirse el enojo y las fuerzas con las que parecía contenerse.
Estaba completamente confundida. ¿Quién se atrevía a alzar la voz al señor Lennox? Distinguió el ruido de movimientos dentro. Rápidamente se alejó de la puerta buscando donde esconderse. Por suerte se puso detrás de una pared que dividía el estudio, hacia el pasillo que daba rumbo a la biblioteca. Se aseguró no poder ser vista.
El ruido de una puerta cerrándose, y pasos resonaban. Aunque ansiaba asomarse y poder ver a quien le pertenecía aquella voz, se pegó contra la pared y cerró sus ojos, orando por que no se dirigieran hacia donde estaba ella; pero, ¿Por qué se escondía? En todo caso, no sería su culpa, si los encontrara a mitad de la noche. No había motivo alguno por qué estar ocultándose, deseando no ser vista. El señor Lennox, debería ser el que tendría que explicarse si ella llegase a encontrarlo con una mujer desconocida por la noche.
Se armaba de valor, para salir detrás de la pared, al contrario de sus temores, los pasos parecieron alejarse, hasta ya no escucharlos.
Su cuerpo se relajó completamente ante el alivio de no enfrentarse ante ellos. Se deslizo al suelo, quedándose sentada por un breve momento mientras se recomponía ante la adrenalina de hace un instante.
Repasando los hechos, un pequeño dolor se instaló en su corazón, algo leve que fácil podía pasarse desapercibido, pero molesto, como una astilla sobre la piel.
¿Qué mujer estaba con él? ¿La conversación de que iba? ¿A qué se referían?
Lo que, hacia incrementar el dolor en su pecho, era la comodidad y confianza que percibió en su conversación, aunque solo fuese una discusión.
Sintiéndose derrotada, se dirigió a su habitación. No podía sacarse de la cabeza a esa misteriosa mujer. Sin poder pegar un ojo, las horas transcurrieron, hasta que la puerta de la habitación fue abierta.
Se cubrió el rostro totalmente con la manta. Orientaba sus movimientos en base a los ruidos que Asher hacía. Descifro que ingreso al baño, probablemente a cambiar su ropa. Apenas comenzaba relajarse cuando de nuevo apareció el ruido de pasos. Se dirigían a la cama, pensando que su esposo estaba por acostarse, se quedó esperando a que este lo hiciera, pero no sucedía nada.
Todo estaba en silencio hasta que escucho un suspiro, era del señor Lennox, que llevaba ese tiempo de pie frente a ella. Sabía que la observaba, se inquietó al pensar que tal vez fue descubierta, pensaba que Asher simplemente no podía elegir las palabras para reclamarle por irrumpir en su privacidad; al contrario de sus deducciones, sintió como su cabeza era acariciada gentilmente, con suavidad como si al tacto fuera a romperse. El dolor de antes desapareció y su corazón latió deprisa.
El contacto terminó en breve y sintió como el hombre camino hasta recostarse a su lado.
Esta noche había traído consigo más incógnitas para Lidia.
Cuenta la historia de dos personas que se enamoran aunque siempre hay baches y desconfianzas, por no hablar claro desde el primer momento.
Es una historia muy dulce.
Y ahora a leer el siguiente