A los once años, Rutila Pavlov desapareció cuando su familia perdió todo. Hoy, Moscú tiembla ante "Miss Diablo" – una asesina invisible que azota la mafia.
Para vengarse, se casa con Xavier Orlov, el capo más temido de Rusia, obligado a cumplir una extraña voluntad familiar.
Nadie sabe que la esposa de Xavier es la asesina que todos buscan. Cuando él descubre la verdad, el amor podría ser su mayor peligro... o su única salvación.
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¡Ruth!
Los días siguiente al incidente en San Petersburgo habían sido un silencio horrible entre Xavier y Ruth, 3lla se había sumergido en sus negocios con una intensidad feroz, como si quisiera sepultar cualquier emoción bajo capas de contratos y cargamentos, sin embargo, el cuerpo tiene límites que la voluntad no puede ignorar, ni dejar pasar
Cuando Ruth cruzó el umbral de la mansión Orlov esa noche, el aire se sentía más pesado de lo habitual, por primera vez en su vida, sus pasos no eran firmes, sentía una extraña pesadez en las extremidades y un zumbido persistente en los oídos, ignorando las punzadas de advertencia en su sien, caminó hacia el despacho de Xavier. La puerta estaba entornada, dejando escapar una luz amarillenta y cansada.
Entró sin llamar, Xavier estaba metido bajo una montaña de informes, con la corbata deshecha y unas ojeras profundas que delataban noches enteras de insomnio, al sentir la presencia, levantó la vista con la guardia en alto, pero su expresión se suavizó un poco al reconocerla, aunque mantuvo una máscara de frialdad...
—Eres tú —dijo él con voz ronca, tratando de ocultar el alivio de verla de nuevo en casa.
Ruth asintió, pero no pudo articular palabra, un sudor frío empezó a mojar su frente, Xavier, que la conocía mejor de lo que ella misma admitiría, o el aceptaría, se puso de pie de inmediato, notó la palidez exagerqda de sus mejillas y cómo sus pupilas se dilataban de forma errática...
—Estás pálida, Ruth, ¿Has comido algo hoy —preguntó, rodeando el escritorio con la rapidez de un depredador que detecta debilidad en su pareja
—Es solo... cansancio —susurró ella, fue lo último que recordaría antes de que el suelo desapareciera bajo sus pies y el mundo se tiñera de un negro absolutoo
Xavier reaccionó antes de que ella tocara la alfombra, la atrapó en sus brazos, sintiendo su cuerpo lánguido y frío, el pánico, un sentimiento que Xavier no permitía en su repertorio, estalló en su pecho como una granada, al ver a Ruth c{n los ojos cerrados en sus brazos
—¡Ruth! ¡No, no, no! ¡Abre los ojos! —gritó, sacudiéndola con suavidad —¡Alguien venga a ayudarme! ¡Ahora mismo! —grito con desesperación y a la vez dando una orden
Su rugido sacudió los cimientos de la mansión, la enfermera que cuidaba a Iván bajó las escaleras casi volando, alarmada por el tono de desesperación absoluta de Xavier, al ver a Ruth en los brazos de Xavier desmayada, la mujer supo que la situación era gravee
—Llévela a su habitación, señor, necesito espacio para revisarla —ordenó la enfermera.
Xavier la subió en brazos, subiendo los peldaños de dos en dos, sintiendo el peso de Ruth como si fuera el cristal más frágil del mundo, la depositó en la cama principal, esa que no habían compartido desde la boda y que ahora parecía un campo de batalla silencioso...
Afuera, en el pasillo, el tiempo se detuvo. Federick llegó a los pocos minutos, con el rostro desencajado y la mano puesta instintivamente en su arma, como si pudiera dispararle a la enfermedad que atacaba a Ruth
—¿Dónde está ella? —preguntó Federick, su voz cargada de una preocupación fraternal, y úniica
—La enfermera la está revisando —respondió Xavier sin mirarlo, ambos hombres, que en otro momento se habrían matado, ahora permanecían unidos por la misma angustia, con la vista clavada en la puerta cerrada....
Pasaron veinte minutos que parecieron siglos, cuando la puerta finalmente se abrió, la enfermera salió secándose las manos, con una expresión profesional pero solemne, los miró a los dos antes de que ella pudiera hablar, ellos lo hicieron
—¿Y bien? —soltó Xavier, dando un paso al frente.
—¿Cómo está ella? —exigió Federick al mismo tiempo.
La mujer guardó silencio un segundo, ajustando su maletín, antes de hablar
—Ella está estable, ell desmayo fue una respuesta de su cuerpo al agotamiento extremo y al estrés acumulado, sin embargo... hay algo más, estos síntomas no son por falta de sueño
—¿A qué se refiere? —Xavier sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Lo que la señora confundió con cansancio son los síntomas clásicos de un embarazo en sus primeras semanas —dijo la enfermera con calma...
La palabra cayó como una bomba en el pasillo. Federick y Xavier se miraron entre sí, congelados por la noticia.
—¿Embarazo? —dijeron al unísono, las voces llenas de una incredulidad total, de algo que no podían creer, y Federick ya imaginaba la reacción de Ruth al saberlo
—Así es, he tomado una muestra de sangre para confirmarlo al cien por ciento con el laboratorio, pero no tengo muchas dudas, necesita reposo absoluto y nada de estrés, su cuerpo está lidiando con mucho —dijo la enfermera antes de retirarse hacia la habitación de Iván para revisarlo
Xavier se quedó inmóvil, mirando la puerta de la habitación, la ironía era cruel, Olivia estaba embarazada para usarlo como arma, pero Ruth... Ruth llevaba al verdadero heredero, el niño que uniría a los clanes para siempre, el hijo que su abuelo exigía y que él, en el fondo, ahora deseaba con una intensidad aterradora, y que sabía que protegería con su vida
Federick, por su parte, apretó la mandíbula, sabía que esto lo cambiaba todo, Ruth Pavlov ya no era solo una líder de la mafia, ahora era una madre, y eso la hacía diez veces más peligrosa... y diez veces más vulnerable ante el mundo de afuera