Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 12
Alana miró el reloj y exclamó: Es muy tarde para regresar, eso pienso yo. No sé qué opina usted.
Alejandro asintió y respondió: Coincido contigo, además, las calles están muy oscuras.
Entonces, Alana sugirió: ¿Qué le parece si buscamos un hotel donde podamos quedarnos? Por supuesto, en habitaciones separadas, no quiero que piense algo diferente.
Alejandro sonrió y, con un tono tranquilo, le dijo: No te preocupes, está bien, vamos.
Al poco tiempo, llegaron a un hotel de cinco estrellas. Alana, sorprendida por la opulencia del lugar, miró a Alejandro con una expresión de preocupación y le dijo: Señor, disculpe, ¿podría llevarme a otro sitio? No tengo dinero suficiente para pagar un hotel tan lujoso.
Alejandro, sin perder su sonrisa, respondió: Tranquila, yo me encargo de los gastos.
Alana, con una mirada de sinceridad, expresó: De verdad.
Por su parte, Alejandro le respondió con tranquilidad: Claro, no tengo la intención de dejarte en un hotel de mala muerte mientras paso tanto tiempo solucionando los documentos de mi empresa. Puedes estar tranquila y descansar, así que vamos.
Ambos se dirigieron hacia la recepción, donde Alejandro solicitó dos habitaciones contiguas. Después de que la recepcionista le entregó las llaves, él se las dio a Alana y juntos subieron a sus respectivas habitaciones, ubicadas una al lado de la otra.
Alana entró en su habitación y al contemplar su belleza, no pudo evitar exclamarse: Esta habitación es incluso más grande que mi departamento. Con una sonrisa en el rostro, decidió meterse a la ducha para relajarse.
Después de darse una reconfortante ducha, Alana se dejó caer sobre la cama para descansar. Mientras tanto, Alejandro también se tomó su tiempo para ducharse y, al terminar, se acostó en su cama; sin embargo, no podía dejar de pensar en Alana y en todo lo que había hecho. A pesar de intentar relajarse, sus pensamientos giraban frenéticamente alrededor de ella, hasta que finalmente se quedó dormido.
Al día siguiente, Alana se despertó a las seis de la mañana. Con un leve bostezo, se dirigió de nuevo al baño para ducharse y, al terminar, se arregló con la misma ropa que había usado el día anterior, ya que no tenía otra opción disponible en aquel lugar. Después de vestirse, salió de la habitación y miró a su alrededor, notando que Alejandro todavía no había salido. Una corazonada le hizo pensar que él podría haberse quedado dormido, así que decidió regresar a su habitación. Aprovechando el tiempo, decidió pedir un café para esperar un poco más antes de que él apareciera.
Alejandro se despertó a las 7 de la mañana. Si bien había tenido problemas para levantarse rápidamente, se arregló lo mejor que pudo y salió de la habitación. Al llegar a la puerta de al lado, tocó levemente y, al instante, Alana apareció. Al verlo, no pudo evitar sonreír y exclamó: ¡Señor, por fin se levantó!.
Con un tono de disculpa, Alejandro respondió: Lo siento, me quedé dormido. ¿Listos para irnos?. Alana, con una tranquilidad y calma que siempre la caracterizaba, asintió y dijo: Sí, vamos.
Bajaron al automóvil, donde Alana decidió detenerse en una cafetería cercana. Compró dos cafés: uno para ella y otro para Alejandro. Mientras le pasaba la bebida, le dijo con una sonrisa: Aquí tienes un café para que comiences el día con buena energía y felicidad.
Alejandro tomó el café con gratitud y le respondió: Gracias. Ambos subieron al auto, listos para dirigirse a la empresa de Maximus, con la intención de hacer algunas gestiones antes de regresar.
Cuando la recepcionista llegó, notificó inmediatamente al señor Máximus, quien les hizo pasar de inmediato. Máximus les dio una cálida bienvenida y, dirigiéndose a Alana, la felicitó por el excelente trabajo que había realizado, asegurándole que todo estaba muy bien redactado. Alana, visiblemente agradecida, dirigió una mirada hacia Alejandro.
Alejandro, con tono alegre, respondió: Nos alegra escuchar eso, Máximus, ya que ahora podemos volver a nuestras ocupaciones en el centro de la ciudad.
Máximus, recordando algo importante, le respondió: No olvides que este sábado tendremos nuestra próxima reunión, la cual se extenderá durante todo el fin de semana.
Alejandro, con tono tranquilo, confirmó: Allí estaré, Máximus, no te preocupes.
Al finalizar su conversación, Alana se despidió, y Alejandro, haciendo lo propio, la siguió. Ambos se dirigieron al estacionamiento con el propósito de subir a su vehículo y regresar al centro de la ciudad.
Durante el trayecto, Alana, tras unos momentos de reflexión, se dirigió a Alejandro y le preguntó con cortesía: Señor, ¿cree que podría dejarme ir a mi casa antes de continuar? Necesito cambiarme de ropa.
Alejandro la miró, esbozando una sonrisa, y le respondió amablemente: Por supuesto, Alana. Solo dime la dirección y te llevaré allí. Después, también iré a mi casa para cambiarme.
Alana le proporcionó la dirección que necesitaba, y Alejandro la condujo hasta su destino. En el camino, pasaron por una plaza que llamó la atención de Alejandro por su belleza. Al verla, exclamó: Vives aquí.
Alana: Sí, efectivamente vivo por aquí. Esta es la plaza, y generalmente solo camino hasta aquellos edificios que se ven más adelante. No son realmente muy lujosos, pero tienen un ambiente muy acogedor.
Alejandro: Esta plaza es realmente hermosa. Siempre paso por aquí, pero nunca me había detenido a observarla con atención.
Alana: Tienes razón, es muy bonita. Mi amiga Diana y yo, los fines de semana, bajamos sin prisa y nos sentamos a disfrutar del lugar, a platicar y a simplemente pasar el rato aquí en la plaza.
Alejandro: ¡Qué bien suena eso!
Alana: Bueno, señor, yo me bajo aquí. Nos vemos más tarde en la empresa. Gracias por todo.
Alejandro: Ve con tranquilidad.
Alana se detuvo, bajó del automóvil y comenzó a caminar hacia los edificios que se alzaban ante ella. Alejandro, que la observaba desde el vehículo, no podía apartar la mirada mientras ella avanzaba. Una vez que vio que Alana había entrado en el edificio, aceleró su auto y se dirigió rápidamente hacia su mansión.
Por su parte, Alana entró en su departamento y se dirigió de inmediato al baño para darse una ducha. Mientras el agua caía sobre ella, su mente comenzó a divagar, recordando lo amable y atento que había sido Alejandro durante su reciente viaje de trabajo. Sin embargo, pronto se sacudió esos pensamientos de la cabeza y centró su atención en prepararse para ir a la empresa, ya que el reloj marcaba el mediodía. Rápidamente, se preparó, comió algo ligero y salió de casa para tomar el autobús hacia su destino.
Al llegar a la empresa, subió rápidamente a su oficina, con la mente aún llena de las impresiones del día anterior.