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La Sustituta Del Don Viudo

La Sustituta Del Don Viudo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Tú no me amas / Romance oscuro / Completas
Popularitas:639
Nilai: 5
nombre de autor: Edna Garcia

Órfana desde pequeña, Ayslan fue criada solo por su abuela. Cuando su salud empeora y los gastos médicos se vuelven urgentes, Ayslan acepta trabajar como camarera en un club de lujo… sin imaginar que ese paso cambiaría su vida para siempre.

Álvaro, un poderoso jefe de la mafia, vive consumido por la culpa después de perder a su esposa embarazada en una traición sangrienta. Al ver en Ayslan una perturbadora similitud con la mujer que perdió, toma una decisión extrema: obligarla a un matrimonio donde nada es elección, solo condición.

Atrapados en una relación marcada por el control, el silencio y el dolor, Ayslan lucha por no desaparecer en un papel que nunca quiso, mientras Álvaro confunde luto con posesión y obsesión con amor.

Cuando huir se convierte en la única forma de sobrevivir, ambos se ven obligados a enfrentar las consecuencias de lo que fue impuesto. Entre culpa, arrepentimiento y sentimientos que resisten al final, nace una historia sobre la pérdida y la oportunidad de empezar de nuevo, incluso cuando todo comenzó mal.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

El mareo vino de repente.

Ayslan estaba sentada a la mesa del almuerzo cuando sintió el estómago revolverse de forma violenta. Intentó disimular, respiró hondo, llevó el vaso de agua a los labios — pero no sirvió de nada.

Se levantó de súbito.

— Con permiso… — murmuró, ya alejándose.

Apenas consiguió llegar al baño. El mareo fue fuerte, insistente, arrancándole lo poco que había conseguido comer. Se agarró al lavabo con fuerza cuando todo pasó, el cuerpo débil, la frente fría.

— Debe ser solo un malestar… — se susurró a sí misma.

Ya hacía tres días que se sentía así. Mareos leves por la mañana, un cansancio extraño, esa revuelta constante en el estómago. Nada que, en su cabeza, significase algo mayor.

Cuando volvió a la mesa, encontró la mirada de Álvaro fija en ella.

No era indiferencia.

Era atención.

— ¿Desde cuándo estás sintiendo estos mareos? — preguntó él, directo.

Ayslan se sorprendió. Él casi no hablaba con ella en los últimos días.

— Hace… unos tres días. — respondió, sentándose despacio. — Debe ser algo pasajero.

Álvaro permaneció en silencio por algunos segundos.

En su mente, una imagen antigua se formaba con nitidez incómoda de más.

Bruna embarazada.

Mareos frecuentes.

El mismo horario.

La misma palidez.

Él cerró la mandíbula.

— ¿Y tu menstruación? — preguntó, contenido. — ¿Está al día?

Ayslan frunció el ceño.

— ¿Cómo así?

— ¿Está atrasada? — insistió.

Ella abrió la boca para responder, pero paró.

Pensó rápidamente.

Las cuentas mentales vinieron rápidas… y aterradoras.

— Espera ahí… — murmuró. — ¿Estás sugiriendo que yo pueda estar embarazada?

Álvaro sostuvo la mirada de ella.

— Sí. ¿Por qué no? — respondió. — Hemos estado juntos. No hubo prevención. Es totalmente posible.

El corazón de Ayslan comenzó a latir más rápido.

Veinte días.

Ese era el retraso.

Ella llevó la mano al pecho, sintiendo una mezcla de miedo y algo que no osaba nombrar.

— Está atrasada… — confesó, bajo. — Casi veinte días.

El silencio que se siguió fue denso.

— Pero… ¿será mismo? — continuó ella, con la voz trémula. — Yo siempre soñé con ser madre…

Álvaro inclinó levemente la cabeza, observándola con atención.

— ¿Incluso yo siendo el padre… eso no te incomoda? — preguntó.

Ayslan parpadeó, sorprendida.

— ¿Debería incomodarme? — respondió, hesitante. — O… si eso es real, ¿tú aceptarías a ese hijo?

La respuesta de él vino sin emoción.

— Yo te elegí para sustituir a Bruna. — dijo. — Y Bruna estaba embarazada cuando murió. Si tú estás esperando un hijo mío, esa sustitución se tornará aún más… real.

Las palabras cayeron como un golpe.

Ayslan sintió el pecho apretar.

Por un breve instante, había creído que él podría estar preocupado por ella. Que tal vez hubiese alegría, o al menos cuidado en aquella posibilidad.

Pero no.

Era apenas una comparación más.

Una sustitución más.

— Entendí… — murmuró, desviando la mirada.

Álvaro se levantó.

— Ve a cambiarte. — ordenó. — Voy a llevarte al médico.

— Yo no quiero ir al médico. — Ayslan respondió, en un impulso.

Él la encaró, frío.

— Yo no estoy pidiendo. — dijo, firme. — Estoy ordenando.

Ella sintió el nudo formarse en la garganta.

— Diez minutos. — completó él. — Quiero confirmar eso cuanto antes.

Ayslan se levantó lentamente y salió de la sala.

En el cuarto, se sentó en el borde de la cama y apoyó las manos sobre el vientre aún plano. El corazón latía acelerado.

¿Y si es verdad?

¿Y si yo estoy embarazada?

La idea la asustaba… y, al mismo tiempo, calentaba algo dentro de ella.

Pero la forma como Álvaro había reaccionado dejaba todo más doloroso.

No era un hijo.

Era un símbolo.

Una continuación de algo que no era de ella.

Ella respiró hondo, se levantó y fue a cambiarse.

Mientras tanto, en el piso de abajo, Álvaro permanecía parado, los pensamientos en desorden.

Los síntomas eran los mismos.

El tiempo coincidía.

La sensación era idéntica.

Pero, esta vez, no era Bruna.

Era Ayslan.

Y eso lo dejaba inquieto de un modo que él no estaba preparado para enfrentar.

El consultorio era claro de más.

Ayslan se sentó en la silla de cuero con las manos entrelazadas en el regazo, sintiendo el corazón latir rápido de más. El olor a antiséptico la dejó aún más mareada. Álvaro permanecía de pie, apoyado en la pared, brazos cruzados, mirada atenta — no en ella, sino en el reloj.

Todo en él transmitía control.

— Puedes sentarte… — dijo ella, sin saber por qué aquello le pareció importante.

— Estoy bien así. — respondió él, seco.

La médica entró algunos minutos después, saludándolos con profesionalismo. Observó rápidamente el semblante pálido de Ayslan y anotó algo en el prontuario.

— ¿Mareos frecuentes? — preguntó.

— Sí… principalmente en el horario del almuerzo. — respondió Ayslan.

— ¿Mareos? ¿Cansancio?

— Bastante.

La médica asintió, experiente.

— Vamos a hacer un examen de sangre rápido y un ultrasonido inicial. Por la fecha que usted mencionó, ya será posible confirmar.

Álvaro no dijo nada.

Ayslan sintió la mano sudar cuando fue conducida para la sala de al lado. El examen fue rápido. El ultrasonido, silencioso de más.

La médica observaba la pantalla con atención.

— Aquí está. — dijo, apuntando. — Aún es bien inicial, pero no hay dudas.

Ella se giró para Ayslan con una sonrisa contenida.

— Felicitaciones. Usted está embarazada.

Las palabras demoraron en hacer sentido.

Embarazada.

Ayslan sintió el mundo girar por un instante. Llevó la mano al vientre por instinto, los ojos llenos de lágrimas.

— Yo… yo voy a ser madre… — murmuró, más para sí misma que para alguien.

La médica explicó fechas, semanas, cuidados iniciales. Ayslan oía todo como si estuviera distante, absorbiendo apenas una verdad:

Había una vida creciendo dentro de ella.

Cuando volvieron al consultorio, Álvaro aguardaba de pie. La mirada de él fue directo para la médica.

— ¿Confirma? — preguntó.

— Sí. — respondió ella. — Embarazo en estadio inicial. Todo dentro de lo esperado.

Álvaro asintió lentamente.

Ninguna emoción visible.

Ninguna palabra de reacción.

— Provea todos los exámenes necesarios. — dijo apenas. — Quiero acompañamiento completo.

— Claro. — respondió la médica. — Recomiendo reposo relativo, alimentación adecuada y evitar estrés.

Álvaro hizo un leve gesto con la cabeza.

— Eso será resuelto.

Ayslan permaneció en silencio.

En el camino de vuelta, el coche parecía pequeño de más para el peso que cargaba. Ayslan miraba por la ventana, una mano reposando sobre el vientre, intentando conectarse con aquella nueva realidad.

Álvaro quebró el silencio.

— Es real, entonces.

Ella asintió.

— Sí.

Él respiró hondo.

— No deberías haber creado expectativas. — dijo, sin mirarla. — Eso no cambia los términos de nuestro matrimonio.

Las palabras dolieron.

— Yo no creé expectativas. — respondió ella, bajo. — Solo… sentí.

Álvaro permaneció en silencio por algunos segundos.

— Ese hijo será mío. — dijo por fin. — Y será protegido.

Ayslan se giró lentamente para él.

— ¿Y será amado?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Álvaro no respondió de inmediato.

— Eso no es algo que yo discuta ahora. — respondió, por fin.

Al llegar a la mansión, Ayslan subió directo para el cuarto. Se sentó en la cama y dejó las lágrimas correren silenciosas.

No eran apenas de miedo.

Ni apenas de alegría.

Eran de todo.

Ella colocó las dos manos sobre el vientre y cerró los ojos.

— Tú no tienes culpa de nada… — susurró. — Yo voy a protegerte. Incluso si necesito hacer eso sola.

Del otro lado de la casa, Álvaro entró en su escritorio y cerró la puerta.

La imagen volvió con fuerza cruel.

Bruna embarazada.

La sonrisa.

El futuro interrumpido.

Él pasó la mano por el rostro, sintiendo el pecho apretar.

— No otra vez… — murmuró.

Pero ya era tarde.

El pasado había sido despertado…

y el presente acababa de ganar una vida que exigiría mucho más que control.

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