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¿Alguna Vez Me Enamore?

¿Alguna Vez Me Enamore?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Escuela / Completas
Popularitas:547
Nilai: 5
nombre de autor: JESSE_SDV

Mey nunca imaginó que dejar la ciudad significaría dejar también la vida que conocía. Acostumbrada al ruido de las avenidas, las luces interminables y la rutina acelerada, se vio obligada a empezar de nuevo en un pequeño pueblo rodeado de campos y silencio. Todo allí parecía ajeno… hasta que conoció a Elian.
Arrogante, orgulloso y con una actitud imposible de ignorar, Elian era el tipo de chico que siempre conseguía lo que quería. Desde el primer encuentro, las discusiones entre ambos fueron inevitables. Pero detrás de su mirada desafiante y sus palabras frías, Mey comenzó a descubrir secretos que nadie más veía.
Lo que empezó como un cambio que ella nunca deseó, terminó convirtiéndose en una historia capaz de transformar sus heridas, sus miedos y hasta su forma de amar. Porque a veces, el lugar al que menos quieres ir… termina siendo donde realmente encuentras tu destino.

NovelToon tiene autorización de JESSE_SDV para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13

Cap. 13

Desde la presentación de la banda escolar, Mey se sintió distinta. Como si algo dentro de ella se hubiera despertado. La música le dio seguridad y una nueva manera de expresarse. Ya no se sentía tan sola, y aunque sus días seguían siendo rutinarios, una chispa de entusiasmo comenzaba a encenderse dentro de su corazón.

Fue por eso que, motivada por esa confianza recién adquirida, cuando anunciaron las inscripciones para los deportes escolares, no lo dudó tanto como lo hubiera hecho en el pasado. Se acercó, algo nerviosa, a la lista de inscripciones pegada en la pared de la dirección del colegio. "Equipo de Vóley Femenino: Se buscan nuevas integrantes para la próxima competencia distrital". Tomó el lápiz, respiró profundo, y escribió su nombre con letra grande: Mey Álvarez.

No sabía si realmente tenía talento. Nunca había jugado en un equipo, pero algo dentro de ella deseaba intentarlo. En casa, no le dijo nada a su madre de inmediato. Esperó a que pasaran los primeros días de prueba, donde las demás chicas corrían, saltaban y lanzaban el balón con fuerza. Al principio, Mey se sintió torpe, fuera de lugar. Pero conforme avanzaban los entrenamientos, descubrió que tenía una sorprendente agilidad para interceptar balones, y sus brazos, aunque no delgados, tenían fuerza para sostener el ritmo del juego. No tardó en llamar la atención de la entrenadora.

—Tienes madera para esto, Mey —le dijo una tarde, mientras tomaban agua luego del entrenamiento—. Solo te falta creer un poco más en ti.

Esas palabras le llegaron al corazón. Nadie se lo había dicho antes. Por primera vez, se sintió capaz, útil, valiosa.

Unos días después, durante un recreo, escuchó a un grupo de chicos hablar cerca del campo. Se detuvo cuando escuchó el nombre de Elian.

—¿Ya entrenaron para el torneo de fútbol? —preguntó uno.

—Sí, Elian juega como defensa ahora. Le dio duro al balón —dijo otro, mientras se reían.

Mey se quedó helada. ¿Elian? ¿En el equipo de fútbol? Le pareció extraño. Siempre lo había visto con libros en la mano, participando en concursos de conocimiento. Jamás se lo imaginó pateando un balón.

Lo vio más tarde con el uniforme del equipo, charlando con algunos compañeros y estirando en la cancha. Le sorprendió verlo moverse con soltura, coordinado. Aunque no podía negar que se veía bien así, con el sol dándole en el rostro, concentrado y con una mirada decidida.

Ella suspiró. Desde la banda, habían coincidido más veces. Pero no se hablaban mucho. A veces cruzaban miradas. A veces, Mey lo miraba de lejos, tratando de no ser obvia. Y otras veces, lo evitaba porque le dolía pensar que él se había interesado en Dana, su amiga.

"Qué pequeño es este pueblo…", pensó. En la ciudad, era fácil perderse entre la multitud. Aquí, se lo encontraba en todas partes: en la banda, en los entrenamientos, incluso en la tienda donde su madre compraba verduras. Elian estaba por todos lados, como si el destino la pusiera constantemente frente a él para ver si lograba enfrentarlo o superarlo.

Un día, después del entrenamiento de vóley, Mey salió más tarde del colegio. Se quedó acomodando las pelotas con otras compañeras. Cuando cruzaba el patio con su mochila al hombro, lo vio sentado bajo el árbol más grande del patio. Elian, solo, con una botella de agua en la mano y los botines desatados.

Ella dudó, pero algo dentro de ella la empujó a pasar más cerca. Él alzó la vista y la miró. No sonrió, pero tampoco desvió la mirada. Fue un cruce breve, de esos momentos en que todo se dice sin palabras.

Al llegar a casa, su madre la esperaba con un poco de sopa caliente y pan. Mientras comían, Mey le contó con alegría:

—Mamá, me seleccionaron para el equipo de vóley. Vamos a competir con otros colegios del distrito.

Su madre la miró, sorprendida. —¿De verdad? ¡Qué orgullosa estoy de ti, hija!

—También toco en la banda. El saxofón —agregó, inflando el pecho con un poco de orgullo.

Su madre sonrió, y por un momento, ambas sintieron que, pese a las dificultades, estaban construyendo una vida nueva en ese pueblito que al principio parecía tan ajeno.

Esa noche, Mey se acostó mirando el techo, con su cuaderno de partituras sobre el pecho y las zapatillas de vóley a un lado de la cama. Sentía que su vida estaba cambiando, lentamente, como una melodía que comienza suave y se vuelve más intensa con cada compás.

Tal vez, pensó, solo tal vez, el pueblo no era tan malo después de todo.

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