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La Falsa Prometida Del Heredero

La Falsa Prometida Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Secretos de la alta sociedad / Escuela / Romance
Popularitas:556
Nilai: 5
nombre de autor: Tao P

Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.

Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.

Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.

Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.

NovelToon tiene autorización de Tao P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 — Cláusulas de una mentira

Marian leyó en silencio durante varios minutos.

Demian no la interrumpió. Eso la obligó a notar que no había intentado acercarse, ni tocarla, ni suavizar la tensión. Permanecía al otro lado de la mesa, quieto, esperando.

Marian sacó una pluma del bolso.

—Esta parte se elimina.

Demian bajó la mirada al punto que ella señalaba.

—Residencia temporal obligatoria durante eventos de alto riesgo.

—No voy a mudarme a ninguna residencia Valcárcel porque usted lo considere conveniente.

—Puede haber situaciones donde sea necesario.

—Entonces se redacta como opción y con mi consentimiento previo.

Demian la observó.

—Bien.

Marian tachó una línea.

—Esta también.

—Acompañamiento físico en eventos públicos.

—No soy accesorio.

—Necesitaré tomarte la mano, acercarme, actuar como alguien que tiene derecho a estar cerca de ti.

Marian levantó la vista.

—Actuar no significa invadir.

Demian sostuvo su mirada.

—Redáctalo.

Marian escribió en el margen:

No habrá contacto físico sin consentimiento previo, salvo situaciones públicas acordadas antes de cada evento o casos de riesgo inmediato.

Demian leyó.

—Aceptable.

—No necesito que le parezca aceptable. Necesito que quede firmado.

Algo parecido a una sombra de interés cruzó por los ojos de él.

—Sigue.

Marian pasó la página.

—La cláusula médica se modifica por completo.

—Explícate.

—La cobertura de Lía no puede depender de si yo sonrío bien en una gala.

Demian apoyó una mano sobre el respaldo de una silla.

—No era la intención.

—No me importa la intención. Me importa el texto.

Le empujó el contrato con el dedo.

—Aquí dice que los beneficios médicos se mantendrán durante la vigencia del acuerdo. Eso significa que si usted rompe el contrato o decide que no soy útil, mi hermana queda expuesta.

Demian no respondió de inmediato.

Marian sintió una pequeña, amarga satisfacción.

—La cobertura médica de Lía debe quedar garantizada por el periodo completo de su tratamiento actual, independientemente del estado del contrato, siempre que no exista fraude médico. Y ningún miembro de su familia puede interferir en decisiones clínicas sin autorización de mi madre o mía.

El silencio se tensó.

—Eso es más amplio de lo que puedo prometer sin revisar la estructura legal de la Fundación —dijo Demian.

—Entonces revísela.

—Puede tomar tiempo.

—Usted movió un pago imposible en una tarde. No me diga que ahora el tiempo es un problema.

Demian la miró.

Esta vez sí hubo algo distinto.

No ternura.

No agrado.

Pero sí una forma seca de reconocimiento.

—Puedo garantizarlo mediante un fondo externo no revocable para esta fase del tratamiento.

Marian no entendió todo, pero entendió lo importante.

—¿Eso la protege de su familia?

—Más que una promesa mía.

—Entonces eso.

Demian asintió.

Marian pasó otra hoja.

—No podrá usar a Lía en declaraciones públicas, fotografías, discursos, notas de prensa ni eventos de beneficencia.

—No pensaba hacerlo.

—Texto, Demian.

Su nombre salió sin que lo pensara.

Los dos lo notaron.

Marian bajó la mirada de inmediato al contrato, furiosa consigo misma.

Demian no hizo comentario.

—Texto —aceptó él.

Marian escribió.

Luego llegó a la compensación mensual.

La cifra era alta.

Demasiado alta.

Sintió el estómago cerrado.

—No quiero esto.

—Es parte del acuerdo.

—No voy a cobrar por fingir ser su prometida.

—Vas a invertir tiempo, asumir exposición pública y perder trabajos porque necesitaré disponibilidad en ciertos eventos. Eso se compensa.

—Baje la cifra.

—No.

Marian alzó la vista.

—¿No?

—Si la bajo para proteger tu orgullo, el contrato queda desequilibrado. Y si queda desequilibrado, pareces comprada por mucho menos o coaccionada por necesidad médica. La compensación alta te da posición.

Marian odió que eso tuviera sentido.

—Lo dice como si el dinero pudiera darme dignidad.

—No. Pero puede evitar que otros finjan que no estás aportando nada.

Marian cerró la carpeta un momento.

Necesitaba respirar.

Miró por el ventanal. En el jardín central, varios estudiantes caminaban entre las fuentes. Algunos reían. Otros tomaban café en vasos blancos con el escudo de Aureum.

A esa distancia, todo parecía normal.

Ella estaba en una biblioteca privada negociando el precio de una mentira con el heredero más poderoso de la universidad.

—No quiero que mi madre sepa los detalles —dijo.

—Eso lo decides tú.

—Tampoco quiero mentirle más de lo necesario.

—Entonces dile que es un acuerdo temporal con beneficios médicos y protección legal.

Marian lo miró.

—¿Eso le parece poca mentira?

—Me parece una mentira que no la obligará a cargar con los detalles.

El comentario fue demasiado práctico.

Y, por desgracia, demasiado útil.

Marian volvió al contrato.

—Nada de decisiones sobre mi carrera. Nada de controlar mis clases, mis horarios o mis amistades.

—Si alguna amistad representa riesgo…

—Nada de controlar mis amistades —repitió.

Demian inclinó apenas la cabeza.

—Puedo advertirte. No prohibirte.

—Escríbalo.

Él tomó una pluma y lo escribió con letra firme, precisa.

Marian siguió leyendo.

—Confidencialidad mutua. Si usted investiga más sobre mi familia, quiero saberlo.

—No voy a pedirte permiso para anticipar amenazas.

—Y yo no voy a firmar si cada día descubre algo nuevo de mi vida mientras yo me entero al final.

Demian sostuvo la pluma entre los dedos.

—Informe de riesgo compartido.

—¿Qué significa eso?

—Que cualquier información relevante sobre ti, tu familia o amenazas directas te será comunicada, salvo que revelarla ponga en peligro una intervención inmediata.

—Suena a hueco legal.

—Lo es.

—No.

Demian exhaló con una paciencia fría.

—Marian, si tengo que mover seguridad en una hora, no voy a consultarte cada paso.

—Y si va a convertir mi vida en un operativo, no voy a enterarme por las consecuencias.

Sus miradas chocaron.

La tensión no era solo rabia.

Había algo más en esa mesa.

Algo incómodo, vivo, nacido de cada límite que ella ponía y cada cálculo que él cedía lo mínimo necesario para no perderla.

—Te informaré antes de cualquier movimiento que involucre directamente a tu madre o a Lía —dijo Demian—. En emergencias, después, pero con explicación completa.

Marian lo pensó.

—Y por escrito.

—Por escrito.

Siguieron así casi una hora.

Cláusula por cláusula.

Marian no entendía todos los términos, pero entendía las trampas cuando olían a control. Demian las explicaba con una precisión que no buscaba tranquilizarla. A veces se negaba. A veces cedía. A veces le decía que una condición era inviable, y Marian le respondía que entonces también era inviable su firma.

Cuando finalmente llamaron al abogado externo, Marian esperaba a alguien anciano, solemne, quizá comprado por la familia.

Entró una mujer de unos cuarenta años, traje gris, cabello corto, mirada despierta.

—Soy Regina Duarte —se presentó—. Abogada independiente. El señor Valcárcel solicitó mi presencia para revisar que usted comprenda el documento antes de firmarlo.

Marian miró a Demian.

—¿Independiente de verdad?

Regina no se ofendió.

—Lo suficiente para decirle que no firme si no entiende algo. Y lo suficiente para decirle a él que varias de sus cláusulas iniciales eran abusivas.

Marian sintió por primera vez en la mañana algo parecido a aire.

Demian no se defendió.

—Por eso fue llamada.

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tinkher
por qué me tengo que enganchar por los puntos 😭🤣
tinkher
valimos puntos
Tao: Muchas gracias por leer 🥹✨ Me alegra mucho que hayas llegado hasta este capítulo. Se vienen más problemas para Marian y Demian.
total 1 replies
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