Tras una muerte inesperada, una joven despierta convertida en un bebé dentro del mundo de la novela que leyó antes de morir: “Casada con el Príncipe Maldito”. Pero no como un personaje secundario… sino como la propia protagonista.
Con recuerdos intactos de la historia original, sabe exactamente cómo terminará todo: obligada a casarse con el temido príncipe heredero, un hombre marcado por una maldición que lo consume lentamente… y que, al final, incapaz de soportar el dolor y el rechazo, se quita la vida.
Ahora, renacida en su lugar, la nueva protagonista siente algo muy distinto: rabia hacia esa historia injusta… y una profunda lástima por el hombre destinado a romperse.
¿Debe seguir el curso de la novela para sobrevivir y alcanzar un final seguro… o desafiar el destino para salvar a alguien que nunca fue amado?
En un mundo donde el amor puede ser salvación o condena, cambiar la historia podría costarle todo… incluso su propia vida.
NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La duda
La primera grieta no era suficiente.
Nunca lo sería.
Un solo comentario, una sola mirada de inconformidad, un instante de duda… todo eso podía desaparecer tan rápido como había aparecido si no se sostenía, si no se alimentaba con algo más sólido, más difícil de ignorar, porque las personas, especialmente en un entorno como la academia, no cuestionan lo que está bien establecido a menos que tengan una razón clara para hacerlo, algo que no puedan justificar como un simple error o una percepción equivocada.
Y ese era el siguiente paso, no bastaba con que vieran, tenían que empezar a pensar, a dudar, a preguntarse si lo que estaban viendo… era realmente correcto.
Por eso, al día siguiente, no cambié mi comportamiento de forma drástica, no llamé la atención, no hice nada que pudiera parecer fuera de lugar, simplemente… actué como siempre, pero con un enfoque distinto, uno más preciso, más intencional, porque ahora cada palabra, cada respuesta, cada intervención tenía un propósito.
La clase comenzó como cualquier otra, con la misma estructura rígida, la misma autoridad silenciosa del profesor, y aunque la mayoría de los estudiantes se limitaban a seguir el ritmo sin cuestionarlo, yo… esperé, no por mucho, solo lo suficiente.
—Selene —dijo en un momento, llamando mi atención de forma directa—, responde.
Levanté la mirada con calma.
—Sí.
—Explique la diferencia entre purificación y neutralización en el flujo de energía mágica.
Una pregunta sencilla, demasiado, pero no respondí de inmediato, no porque no supiera la respuesta, sino porque… elegí cómo darla.
—La purificación elimina impurezas mediante la imposición de una energía dominante —comencé, con claridad—, mientras que la neutralización busca equilibrar fuerzas opuestas sin erradicarlas completamente.
El profesor asintió levemente.
—Correcto.
Pausa.
—¿Y cuál considera superior?
Ahí estaba, no era una pregunta académica, no realmente, era una dirección, una forma de reforzar su postura.
—Ninguna —respondí.
El silencio fue inmediato.
—Explíquese —pidió, su tono apenas más firme.
—Depende del contexto —continué sin cambiar mi expresión—. La purificación es efectiva cuando se busca eliminar una anomalía, pero puede resultar destructiva si se aplica sin precisión. La neutralización, en cambio, permite coexistencia y estabilidad, aunque no siempre resuelve el problema de raíz.
No aparté la mirada.
—Elegir una como superior sin considerar la situación… sería una simplificación.
El aire en el salón cambió, no de forma abrupta, pero lo suficiente. Porque no lo había contradicho directamente, pero tampoco… había seguido su línea.
—Interesante —dijo finalmente, tras unos segundos—. Aunque algo… ingenuo.
No respondí, no era necesario, pero alguien más… sí lo hizo.
—No suena ingenuo.
La voz vino desde al lado, uno de los estudiantes, no levanté la mirada, pero lo registré.
—Suena… lógico —añadió otro, con más cautela.
El profesor no reaccionó de inmediato, no podía, no sin exponerse, porque yo no lo había desafiado, no abiertamente. Y ahora… no estaba sola.
No insistió, continuó con la clase, pero algo había cambiado, no en él, en el ambiente, la duda ya no era silenciosa, ya no estaba solo en miradas fugaces o pensamientos que nadie expresaba.
Ahora… comenzaba a tomar forma y eso era exactamente lo que necesitaba.
Cuando la clase terminó, no fui la primera en salir, ni la última, mantuve el mismo ritmo de siempre, recogiendo mis cosas con calma, sin apresurarme, porque sabía que lo importante no era lo que ocurriera dentro del aula… sino lo que empezaba a ocurrir fuera de ella.
—Oye.
Me detuve y me giré ligeramente. Era el mismo estudiante que había hablado antes.
—Lo que dijiste… —comenzó, dudando un poco—. Si tiene sentido.
Asentí apenas.
—Lo tiene.
No añadí más, no lo guié, no lo convencí, no necesitaba hacerlo. Porque la duda, cuando es propia… crece mejor.
Caminé hacia la salida sin mirar atrás, pero pude sentirlo, ese pequeño cambio, esa ligera incomodidad que comenzaba a instalarse en quienes habían estado presentes, esa sensación de que algo no encajaba del todo. Y eso… era suficiente.
Por ahora.
Encontré a Estefan fuera del aula, como era habitual, esperando sin parecer que esperaba, su postura tranquila, su expresión contenida, pero sus ojos se movieron hacia mí en cuanto me acerqué.
—Te observó más hoy —dijo, sin rodeos.
—Lo sé.
Caminamos juntos en silencio al inicio.
—No deberías llamar tanto la atención —añadió después de unos segundos.
Lo miré.
—No lo hago.
—Lo haces —corrigió.
Negué suavemente.
—No más de lo necesario.
No respondió de inmediato.
—No es necesario —dijo finalmente.
Ahí estaba, su forma de proteger, su forma de evitar problemas.
—Lo es —respondí con calma.
No insistí, no expliqué, porque no podía, no completamente, pero él me miró. Y en ese instante… entendí que no estaba completamente de acuerdo, pero tampoco… me detendría.
Esa noche, volví a la biblioteca, no por costumbre, sino porque necesitaba ordenar lo que ya estaba ocurriendo, porque el segundo paso no era solo crear duda… era mantenerla, alimentarla sin que pareciera forzada, sin que pudiera ser descartada como una simple coincidencia.
*Primer paso: una grieta.
*Segundo: una duda.
*Tercero… aún no... Pero estaba cerca.
Mi espíritu flotaba a mi lado, más despierto de lo habitual, su pequeña forma luminosa observándome en silencio, y por un instante, tuve la extraña sensación de que comprendía lo que estaba haciendo, no en detalle, pero sí en intención.
Cerré el libro frente a mí, apoyando los dedos sobre la cubierta con suavidad, no necesito derribarlo, no todavía. Solo necesito… que deje de parecer intocable. Y hoy… La duda correcta… ya comenzó.