Alexa Hills desprecia a su jefe, el arrogante y poderoso Azkarion DArgent, casi tanto como a su asfixiante deuda. Sin embargo, cuando un oscuro incidente destruye su estabilidad, la renuncia parece su única salida... hasta que Azkarion le presenta una oferta imposible de rechazar.
A cambio de su libertad financiera, Alexa deberá firmar un contrato de matrimonio y entregarse al mundo de un hombre con obsesiones ocultas y una tentación secreta que roza lo prohibido. Atada por un papel y rodeada de lujos peligrosos, Alexa descubrirá que el mayor riesgo no es el contrato, sino sucumbir a los deseos irresistibles que su "esposo" despierta en ella.
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capitulo 13
El frío del puerto se filtraba a través de la seda roja de mi vestido, pero no era nada comparado con el hielo que se había instalado en mi pecho. Mientras los periodistas se abalanzaban sobre mí como hienas, vi la silueta de Azkarion alejándose, escoltado por sus guardias de seguridad. Me había dejado allí, en medio de la carnicería mediática, después de haber usado mi cuerpo y mi lealtad como una simple cortina de humo.
—¡Señorita Hills! ¿Sabía que su padre desvió fondos antes de la compra de DArgent? —gritaba una mujer con una grabadora.
—¿Es su matrimonio un intento de evitar la cárcel para Arthur Hills? —lanzaba otro.
No respondí. Empujé a quien se interpuso en mi camino y corrí hacia el coche que me esperaba. En cuanto cerré la puerta, el silencio me golpeó. Mis manos temblaban tanto que apenas pude sujetar el bolso. Mi padre, un hombre que no sabía manejar ni el mando de la televisión, ¿acusado de bancarrota fraudulenta? Era una broma macabra. Y Azkarion lo sabía. Su falta de reacción en el yate no fue sorpresa, fue anticipación.
Cuando llegué a la mansión, subí las escaleras de dos en dos. No me importó el personal que me miraba con lástima. Fui directa a su despacho, pero estaba cerrado por dentro. Golpeé la madera noble con toda mi rabia.
—¡Abre, Azkarion! ¡Abre ahora mismo, maldito cobarde!
La puerta se abrió tan de repente que casi caigo hacia adelante. Él estaba allí, sin la chaqueta del esmoquin, con la camisa desabrochada y un vaso de cristal con un líquido ambarino en la mano. Su rostro era una máscara de absoluta indiferencia, pero sus ojos… sus ojos tenían ese brillo metálico que advertía que estaba en modo de caza.
—Controla tu histeria, Alexa. No es el momento —dijo, su voz tan plana que me dieron ganas de abofetearlo.
—¿Mi histeria? ¡Acaban de acusar a mi padre de un crimen federal en televisión nacional! ¡Dijiste que lo protegerías! ¡Firmé ese maldito papel para que estuviera a salvo!
Entré en la habitación y cerré la puerta tras de mí con un estruendo. Él caminó hacia su escritorio y se sentó, dándome la espalda.
—Las pruebas son contundentes, Alexa. Alguien filtró documentos de la antigua contabilidad de Hills & Co. Documentos que muestran movimientos ilegales mucho antes de que yo apareciera en escena.
—¡Mentira! —grité, acercándome a él—. Tú creaste esas pruebas. O las encontraste y las usaste para tenerme contra la pared. Julian Vane lo dijo, esto es tu "justicia" por lo que pasó hace veinte años. ¿No te bastó con comprarme? ¿Tenías que destruir lo poco que le quedaba de honor a mi padre?
Azkarion dejó el vaso sobre la mesa con una fuerza que hizo que el cristal tintineara. Se levantó lentamente, rodeando la mesa hasta quedar frente a mí. Su altura siempre me hacía sentir pequeña, pero esta vez me mantuve firme, con el mentón en alto, aunque las lágrimas amenazaran con brotar.
—Si yo hubiera querido destruir a tu padre definitivamente, Alexa, estaría en una celda ahora mismo sin fianza —susurró, inclinándose hacia mí—. Lo que viste hoy es un movimiento de ajedrez. Julian Vane cree que me ha golpeado donde más me duele, exponiendo tu conexión con un criminal. Él quiere que yo te abandone para que la fusión se hunda por el escándalo.
—¿Y qué vas a hacer? —pregunté con el corazón en la garganta—. ¿Me vas a desechar ahora que el activo está defectuoso?
Él extendió la mano y rozó mi mejilla. Su tacto, después de lo que habíamos compartido en el camarote del yate, se sentía como una traición física. Aparté la cara, pero él me tomó de la mandíbula con firmeza, obligándome a mirarlo.
—No. Voy a duplicar la apuesta. Mañana daremos una rueda de prensa. Confirmaremos que la boda se adelanta. Mostraremos al mundo que DArgent no retrocede ante el escándalo, sino que protege lo que es suyo.
—No soy tuya —siseé entre dientes.
—Tus labios dijeron otra cosa hace dos horas —su pulgar presionó mi labio inferior, recordándome la humedad y el calor de su boca—. Tu cuerpo se entregó a mí con una urgencia que no tenía nada de odio, Alexa. No intentes jugar a la mártir ahora. Sabías con quién hacías el trato. Hiciste un pacto con el diablo y ahora te quejas de que hace calor.
Me soltó y caminó hacia el ventanal, mirando la oscuridad del jardín. Yo me quedé allí, sintiendo que el vestido rojo me quemaba la piel. Era la marca de mi esclavitud.
—Quiero ver a mi padre —dije—. Ahora mismo.
—No puedes. Está bajo custodia para su propia protección en una ubicación privada que yo proporcioné. Si vas, los periodistas te seguirán y revelarás dónde está. Quédate aquí, descansa y prepárate para mañana.
—¿Descansar? ¿Cómo esperas que descanse sabiendo que eres tú quien mueve los hilos de esta pesadilla?
—Confía en mí, Alexa —dijo, girándose de nuevo. Por un momento, solo un instante, la dureza de sus ojos se suavizó—. Es la única opción que tienes.
Salí del despacho sintiendo que el aire me faltaba. Fui a mi habitación y me arranqué el vestido, dejando que cayera al suelo como un pétalo marchito. Me puse una camisa de dormir de algodón sencilla, queriendo sentir algo que no fuera seda ni encaje, algo que me recordara a la Alexa que solía ser. Pero cuando me miré al espejo, vi las marcas rojas en mis hombros, el rastro de sus manos, y supe que esa mujer ya no existía.
A las dos de la mañana, no pude más. Necesitaba respuestas. Sabía que Azkarion guardaba los archivos de la investigación en su caja fuerte personal en el estudio. Si lograba ver esos documentos de la "Luz de Luna", quizás entendería quién estaba ayudando a mi padre o quién lo estaba enterrando.
Caminé descalza por el pasillo, mis pasos silenciados por las alfombras gruesas. La casa estaba en penumbra, solo iluminada por las luces de seguridad del jardín que proyectaban sombras alargadas de las estatuas. Al llegar a la puerta del estudio, vi que la luz todavía se filtraba por debajo.
Me detuve. Escuché su voz. Estaba hablando por teléfono, pero su tono era diferente. No era el CEO arrogante ni el amante posesivo. Era… vulnerable.
—…lo sé, madre. Sé que prometí que ellos pagarían. Lo estoy haciendo. Pero ella… ella no es como él. Tiene sus ojos, pero tiene una luz que me está quemando por dentro. No sé si puedo seguir con la parte final del plan sin destruirme a mí mismo en el proceso.
Se me heló la sangre. ¿Con quién hablaba? ¿Su madre no estaba muerta? ¿O hablaba con una tumba, con su fantasma? Me asomé por la rendija de la puerta. Azkarion estaba sentado en el suelo, junto a la chimenea apagada, con la foto vieja en la mano. Parecía un niño pequeño perdido en un traje de hombre poderoso.
Sentí una punzada de algo que no quería sentir: compasión. Pero luego recordé la cara de mi padre en la televisión y la compasión se transformó en una determinación fría. Si él tenía una debilidad, yo la encontraría.
Entré en la habitación sin hacer ruido. Él no me oyó hasta que estuve a unos metros. Se tensó y guardó la foto en su bolsillo con un movimiento rápido, recuperando su máscara de hierro en un segundo. Se levantó del suelo, sacudiéndose los pantalones.
—¿Qué haces aquí, Alexa? Te dije que descansaras.
—No puedo dormir en una casa llena de secretos, Azkarion. ¿Con quién hablabas?
Él me miró fijamente, sus ojos grises analizando cada rastro de mi expresión.
—Con el pasado. Es algo que tú no entenderías.
—Entiendo más de lo que crees. Entiendo que esta venganza te está consumiendo tanto como a mí. Entiendo que me odias porque te recuerdo lo que perdiste, pero me deseas porque soy lo único que te hace sentir real.
Me acerqué a él, invadiendo su espacio. Quería provocarlo, quería que se rompiera, que me gritara la verdad.
—¿Eso es lo que crees? —preguntó, su voz bajando a un susurro peligroso—. ¿Crees que eres tan importante para mí?
—Lo soy. Si no, no me habrías besado así en el yate. No me habrías buscado anoche. Tienes miedo, Azkarion DArgent. Tienes miedo de que el contrato sea la única forma que tienes de mantenerme cerca porque sabes que, de otra forma, nunca te miraría.
Él soltó una risa amarga y me tomó por los hombros, atrayéndome hacia él con una fuerza que me cortó el aliento. Sus manos estaban calientes contra mi piel fina, y la cercanía de su cuerpo volvió a encender esa chispa de traición en mi vientre.
—Tienes razón —confesó, y su honestidad fue como un golpe en el estómago—. Me das miedo. Me das más miedo que cualquier rival comercial o escándalo financiero. Porque eres la única persona en este mundo que tiene el poder de hacerme olvidar por qué empecé esta guerra.