trata de Lukas un líder de una pandilla el cuál es hermano mayor de takimechi claro los dos tenían sus diferencias y Lukas tiempo Después conoció a Leonardo que con el pasar de los día se empezó a enamorar de el hasta que ahora estaban a nada de casarse pero acurrucó algo inesperado Lukas fue plantado en el altar
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reglas en la oscuridad
La noche los envolvía.
Un nuevo refugio.
Más pequeño.
Más oculto.
Pero no más tranquilo.
La puerta se cerró detrás de ellos.
Silencio.
Solo sus respiraciones.
Lukas apenas dio unos pasos antes de detenerse.
Esta vez…
no pudo seguir.
Leonardo lo sostuvo de inmediato.
—Siéntate.
No fue una sugerencia.
Kai cerró las cortinas, revisó entradas, salidas…
Y luego los miró.
—Estamos seguros… por ahora.
Lukas se dejó caer en una silla.
Respiración pesada.
El dolor ya no se podía ignorar.
Leonardo empezó a revisar la herida otra vez.
Con más cuidado.
Más cerca.
Kai se apoyó en la pared frente a ellos.
Observando.
Silencio.
Pero no incómodo.
Era… tenso.
Porque ahora no había distracciones.
No había enemigos.
Solo ellos.
—Esto no puede seguir así —dijo Kai finalmente.
Leonardo no levantó la mirada.
—Estoy de acuerdo.
Lukas suspiró.
—Otra vez esto…
—Sí —respondió Kai—. Otra vez.
Silencio.
Leonardo terminó de ajustar la venda.
Pero no se alejó.
—No podemos improvisar esto —dijo—. No con todo lo que está pasando.
Kai asintió.
—Ni con lo que somos.
Pausa.
—Entonces pongan reglas —murmuró Lukas.
Silencio.
Ambos lo miraron.
—Bien —dijo Kai—. Empiezo yo.
Se separó de la pared.
—Regla uno: no más suicidios disfrazados de estrategia.
Leonardo casi sonrió.
—Apoyo eso.
Lukas rodó los ojos.
—No fue suicida.
—Te dispararon —respondieron ambos al mismo tiempo.
Silencio.
—Regla dos —continuó Leonardo—.
Se quedó mirándolo.
—No tomas decisiones solo cuando nos afectan a los tres.
Eso… pesó.
Lukas no respondió de inmediato.
—Lo intento —dijo al final.
Kai negó suavemente.
—No.
Pausa.
—Lo haces.
Silencio.
Lukas sostuvo su mirada.
Y luego…
asintió.
—Bien.
Pausa.
—Mi turno.
Ambos esperaron.
—Regla tres —dijo Lukas—.
Los miró a los dos.
—No desaparecen.
Silencio.
Leonardo bajó la mirada un segundo.
Kai no sonrió.
—Si esto va a funcionar —continuó Lukas—… no se van cuando se complique.
Pausa.
—Se quedan.
Eso…
era más que una regla.
Era una petición.
Leonardo respiró hondo.
—No me voy a ir otra vez.
Kai lo miró de reojo.
—Yo nunca me fui —murmuró.
Silencio.
Pero esta vez…
más suave.
🔻 La cercanía
El ambiente cambió.
Más tranquilo.
Más real.
Leonardo seguía cerca de Lukas.
Su mano aún apoyada en su brazo.
Kai se acercó también.
Más lento.
—¿Duele? —preguntó.
Lukas lo miró.
—Un poco.
—Bien —respondió Kai—. Así recuerdas.
Leonardo le dio una mirada.
—No ayuda.
Kai encogió los hombros.
Pero no se alejó.
Ahora estaban los tres…
otra vez cerca.
Sin tensión inmediata.
Pero con algo nuevo.
—Esto es raro… —murmuró Leonardo.
Kai soltó una pequeña risa.
—Sí.
Lukas los miró a ambos.
—Pero funciona.
Silencio.
Porque ninguno lo negó.
🔻 La noche avanza
Horas pasaron.
Nadie se fue.
Kai terminó sentado en el suelo, apoyado contra la pared.
Leonardo cerca de Lukas.
Y Lukas…
más relajado.
Por primera vez en mucho tiempo.
—No estoy acostumbrado a esto —admitió.
—Se nota —respondió Kai.
—Cállate.
Leonardo sonrió apenas.
Silencio otra vez.
Pero esta vez…
cómodo.
Real.
🔻 Momento
La luz era baja.
El cansancio empezaba a pesar.
Leonardo apoyó la frente contra el hombro de Lukas.
Sin pensarlo mucho.
Kai los miró.
En silencio.
Y luego…
se acercó un poco más también.
No tocó.
Pero no se alejó.
Tres.
Intentando.
A su manera.
Y por ahora…
funcionando.
Pero afuera…
la ciudad seguía moviéndose.
Y la organización…
no había terminado.