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AHORA QUE LLEGÓ EL AMOR VERDADERO, EL PASADO SE HACE PRESENTE

AHORA QUE LLEGÓ EL AMOR VERDADERO, EL PASADO SE HACE PRESENTE

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Romance / CEO / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

VOLVER A AMAR - TEMPORADA II

Ella creció creyendo que el amor era resistencia, ceder un poco más, esperar que las cosas mejoren. Durante años sostuvo una relación que hacia afuera parecía perfecta, pero puertas adentro la hacía dudar de sí misma. Él era encantador con el mundo y tormentoso en privado. Y ella, paciente, probablemente demasiado paciente.

Hasta que una noche, en medio de una cena donde entendió que nadie iba a defenderla, ni siquiera ella misma, respiró hondo y tomó la decisión más difícil y necesaria de su vida: irse.

Se fue con una maleta, con miedo, con incertidumbre, pero también con una extraña sensación de alivio.

Lo que no sabía era que marcharse no era el final, sino el comienzo. Que después de una relación que la apagó, podía existir un amor distinto, uno más sano, más ligero, uno donde no tuviera que disminuirse para quedarse.

Porque a veces perder una historia es la única manera de encontrarse con la que realmente está destinada a vivirse.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13

Aún recuerdo con claridad el instante en que comprendí las verdaderas intenciones de Octavio. Dicen que por la boca muere el pez, y él, tan ostentoso como siempre, nunca supo ocultar del todo el filo de su ambición.

El salón del hotel brillaba con un lujo medido: arañas de cristal proyectando luces cálidas, bandejas con copas que iban y venían, conversaciones de negocios mezcladas con risas ensayadas. Me había vestido con un traje sobrio, elegante, de esos que me permitían proyectar firmeza y serenidad. Sonreía, escuchando atenta a un proveedor, cuando una voz que conocía demasiado bien se deslizó entre la música de fondo, golpeándome como un recuerdo indeseado.

—Samantha— dijo Octavio.

Me giré y ahí estaba. Trajeado, con una copa en la mano, y esa sonrisa afilada de quien se sabe intruso pero se disfraza de invitado legítimo.

Mi corazón dio un vuelco, pero me erguí con naturalidad. El instinto me ponía alerta, aunque juraría que mi rostro no mostró sobresalto. O al menos, eso quería creer.

—Octavio. No esperaba verte aquí— respondí con calma, negándole el poder de creer que aún podía alterarme.

—Los negocios son un mundo pequeño— replicó él como si fuese lo más natural del mundo. —Ricardo me invitó. Trabajo con la empresa de los padres de Alejandra, ¿recuerdas? Y ya sabes, en estos círculos todos terminamos cruzándonos.

La mención de Alejandra fue un golpe bajo, disfrazado de casualidad. Un zarpazo elegante. Respiré hondo mientras mi mente tejía a toda velocidad las piezas. Alejandra, la mujer que había sido novia de Leonardo, la que conocía la verdad sobre Emiliano y la que no lo quería en su vida; también era la misma mujer, que años atrás decía le prestaba toda la atención del mundo. Octavio nunca daba un paso en falso. Esa mención no era inocente.

—Esto es un evento empresarial, espero que lo respetes— dije, tejiendo una sonrisa social mientras mi cabeza se llenaba de alertas rojas. Nosotras, las mujeres, sabemos aparentar ignorancia mientras observamos el tablero entero.

Octavio inclinó la cabeza, aceptando la reprimenda como si fuera un cumplido.

—Claro. Solo quería felicitarte. Tu empresa está creciendo. No cualquiera logra lo que tú en tan poco tiempo. Debes de estar orgullosa— expresó él.

Sabía lo que estaba haciendo. Octavio siempre supo usar el halago como un anzuelo.

—Lo estoy. Con mucho esfuerzo— repliqué, midiendo cada palabra, negándome a regalarle un resquicio de intimidad.

Él me sostuvo la mirada con una intensidad incómoda, esa que alguna vez confundí con pasión y que ahora me parecía apenas voracidad.

—¿Sabes? A veces pienso que, si no hubiera tantos obstáculos entre nosotros, las cosas serían diferentes— manifestó.

Lo dijo como si no fuera él mismo quien había derrumbado todo lo que teníamos.

—Los obstáculos no son imaginarios, Octavio. Los pusiste tú mismo— respondí seca, siempre con la sonrisa correcta en los labios.

Él acercó un poco más su copa, bajando la voz, dejando ver el verdadero motivo de su presencia.

—Yo solo quiero lo que es mío. A mi hijo"— dijo Octavio con una voz que ni recordaba.

El hielo me recorrió la espalda, pero mantuve el mentón erguido.

—Emiliano no es un objeto que se reclama en un evento— le espeté con indignación contenida. —Y mucho menos un recurso para llamar la atención.

Octavio apretó la mandíbula, los ojos encendidos por una mezcla de rabia y satisfacción. Y entonces dejó escapar el veneno disfrazado de confidencia.

—Lo recuperaré, Samantha. A él y al dinero que su madre le dejó. Nadie me lo va a arrebatar— expresó con esa mirada confiada, sin darse cuenta que había confesado sus verdaderas intenciones.

La copa tembló apenas en mis dedos, pero me aferré a la compostura. No iba a darle la victoria de verme perder el control en público.

—Te sugiero que no vuelvas a mencionar a Emiliano en este contexto. No es el lugar ni el momento— respondí, con una voz firme que ocultaba el torbellino interno.

Octavio sonrió de medio lado. No era una sonrisa cordial. Era la de un jugador que acaba de mostrar solo una carta, dejando el resto oculto.

—Ya veremos, Samantha. El tiempo siempre pone las cosas en su sitio— dijo Octavio.

Se retiró con la misma calma calculada con la que había llegado, como si la conversación no hubiese sido un ataque velado, sino un simple intercambio social. Yo me quedé con el corazón en un puño, sabiendo que lo que buscaba no era amor ni reconciliación. Era poder, dinero y estaba dispuesto a todo.

Cerré la conversación con mi interlocutor como pude, sin escuchar realmente lo que me decía. Apenas tuve oportunidad, caminé hacia la terraza. El aire fresco de la noche me golpeó como un recordatorio de que necesitaba pensar, actuar y contárselo a Leonardo cuanto antes.

Me quedé en la terraza, observando el resplandor de la ciudad como si pudiera darme respuestas que Octavio había intentado arrebatarme. Sabía que debía contarle todo a Leonardo, pero todavía no encontraba la forma de poner en palabras esa amenaza disfrazada de cortesía.

Al girar, mis ojos se cruzaron con los de Alejandra, que estaba en el vestíbulo junto a un grupo de invitados. No parecía sorprendida, tampoco indiferente, simplemente me observaba, como si hubiera visto más de lo que quería que notara, no había lugar dudas estaban juntos en eso.

Tragué saliva y me forcé a sonreír. Ya no quedaban dudas. Las cartas se habían mostrado, y Emiliano estaba en medio de su juego. Y yo, estaba dispuesta a protegerlo, aunque eso significara convertirme en su rival abierta; porque el pequeño había ganado mi corazón tanto como su tío.

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Amalia liza maldonadoliza
bellísima historia te felicito de corazón
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