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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“La Parte Que Nunca Conté

📖 CAPÍTULO 12

El lugar olía a humo viejo y licor barato.

Nada había cambiado.

Las mismas mesas rayadas.

La misma luz amarilla.

La misma sensación de problemas pegada en las paredes.

Pero Nicolás sí había cambiado.

Y eso se notaba.

Andrés estaba sentado al fondo, con una cerveza frente a él y la mirada clavada en la mesa.

Más flaco.

Más duro.

Más cansado.

Como alguien que había vivido demasiadas cosas solo.

Nicolás se sentó enfrente.

Silencio.

Pesado.

Andrés levantó la mirada.

—Se ve mal.

Nicolás soltó media sonrisa.

—Gracias.

—No era insulto.

Pausa.

—Se nota que algo le pasó.

Nicolás no respondió.

Todavía no.

—¿Qué quiere? —preguntó otra vez.

Andrés se recostó en la silla.

—¿Así va a empezar?

—No vine a recordar viejos tiempos.

—Pues yo sí.

Golpe.

Silencio.

Andrés tomó la cerveza.

Le dio un trago.

—¿Sabe qué fue lo peor? —preguntó.

Nicolás no respondió.

Porque intuía la respuesta.

—No fue quedarme solo.

Pausa.

—Fue darme cuenta que usted ya había decidido irse… antes de que todo explotara.

Nicolás bajó la mirada.

El recuerdo volvió.

Esa noche.

Los dos metidos en negocios rápidos.

Dinero fácil.

Gente equivocada.

Y luego…

problemas.

Una entrega que salió mal.

Una pelea.

Policía.

Caos.

Y Nicolás…

corriendo.

Mientras Andrés se quedaba atrás.

—Yo no sabía que iba a pasar eso… —murmuró Nicolás.

Andrés soltó una risa seca.

—No…

Pausa.

—Pero sí sabía que algo estaba mal.

Silencio.

—Y aun así se fue.

Cada palabra…

una piedra.

—Tenía miedo… —dijo Nicolás.

—Yo también.

Directo.

—La diferencia es que yo no tuve cómo irme.

Silencio.

Nicolás apretó las manos.

Nunca había escuchado esa parte.

O tal vez…

nunca quiso escucharla.

—¿Sabe cuánto tiempo pasé encerrado? —preguntó Andrés.

Nicolás levantó la mirada lentamente.

—Tres años.

Pausa.

—Tres años pensando que usted iba a aparecer.

Golpe.

—Pero nunca llegó.

El pecho de Nicolás se apretó.

No por la enfermedad.

Por culpa.

—No sabía cómo… —dijo.

—Mentira.

Andrés lo miró fijo.

—No quiso.

Silencio.

Y esta vez…

Nicolás no discutió.

Porque era verdad.

—Yo estaba lleno de rabia —continuó Andrés—. Quería verlo mal. Jodido. Solo.

Pausa.

—Pero cuando lo vi entrar hoy…

negó con la cabeza.

—Usted ya está pagando solo.

Nicolás lo miró.

Y por primera vez…

entendió cómo se veía desde afuera.

Cansado.

Vacío.

Roto.

—Estoy enfermo —dijo de repente.

Andrés frunció el ceño.

—¿Qué?

—El corazón.

Silencio.

—No me queda mucho tiempo.

La frase cayó pesada.

Andrés lo observó unos segundos.

Como buscando mentira.

Pero no la encontró.

—¿Eso es verdad? —preguntó más bajo.

Nicolás asintió.

—Sí.

El silencio cambió.

La rabia seguía ahí.

Pero ya no estaba sola.

Ahora había algo más.

Tristeza.

—Qué ironía… —murmuró Andrés.

—¿Qué cosa?

—Que apenas ahora esté entendiendo todo.

Golpe.

Nicolás soltó el aire lentamente.

—Sí…

Pausa.

—Supongo que sí.

Andrés bajó la mirada.

Jugó con la botella entre las manos.

—Yo lo odié mucho tiempo, ¿sabe?

—Lo sé.

—Y tenía razones.

—También lo sé.

Silencio.

Por primera vez…

no estaban peleando.

Estaban hablando.

Como dos hombres cansados de cargar cosas viejas.

—¿Y ahora qué quiere? —preguntó Nicolás.

Andrés tardó en responder.

—No sé…

Pausa.

—Tal vez escuchar que sí le importó.

Eso…

le atravesó el pecho.

Porque sí le importó.

Siempre.

Solo que fue más cobarde que leal.

Nicolás levantó la mirada.

Y esta vez…

habló sin esconderse.

—Sí me importó.

Silencio.

—Mucho.

Pausa.

—Pero me dio miedo mirar atrás.

Andrés lo sostuvo con la mirada.

—Y mientras usted miraba pa’lante…

yo me estaba hundiendo.

Nicolás cerró los ojos un segundo.

No había forma de arreglar eso.

No completamente.

Pero sí podía hacer algo que nunca hizo:

Quedarse.

—Perdóneme… —dijo.

La voz le salió rota.

Real.

Sin orgullo.

Andrés bajó la mirada.

Y por primera vez desde que empezó la conversación…

la rabia pareció cansarse.

—Usted nunca pide perdón —dijo.

—Ya no soy el mismo.

Silencio.

—No… —respondió Andrés—. Ya no.

Pausa larga.

El ruido del bar seguía alrededor.

Pero lejos.

Como si el mundo les hubiera dado un momento aparte.

—¿Y qué piensa hacer ahora? —preguntó Andrés.

Nicolás pensó en la lista.

En su mamá.

En Valeria.

En el tiempo.

Y respondió:

—Intentar dejar de huir.

Silencio.

Andrés soltó una pequeña risa.

—Le tocó aprender tarde.

Nicolás sonrió apenas.

—Sí…

Pausa.

—Pero todavía estoy vivo.

Y esa frase…

por primera vez…

sonó diferente.

No como miedo.

Como decisión.

Cuando salió del lugar…

la noche estaba fría.

Pero el pecho…

se sentía más ligero.

No curado.

Solo…

menos cargado.

Sacó el celular.

Miró la lista.

Y escribió debajo del punto cinco:

“6. Dejar de esconderme.”

Guardó el teléfono.

Respiró profundo.

Y siguió caminando.

Porque por primera vez en mucho tiempo…

sentía que todavía había algo que valía la pena arreglar.

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