Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.
Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.
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capitulo 11
Sol soltó el aliento con alivio y se apoyó en el respaldo del sofá.
“Por fin”, dijo con voz emocionada. “Por fin podremos descansar tranquilos, sabiendo que la empresa está a salvo.”
“Todavía tenemos que recuperar los archivos más recientes”, dijo Roberto, mirando la pantalla de su ordenador. “Pero con la copia de seguridad que has traído y las claves de cifrado, creo que podremos hacerlo en unas horas. Después, instalaremos medidas de seguridad aún más potentes – nadie más podrá acceder a nuestros datos.”
Mientras Roberto seguía trabajando en el ordenador, Sol se acercó a mí y me cogió la mano.
“Luna”, dijo con voz tierna. “Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti. Has demostrado ser una mujer valiente, inteligente y generosa – todo lo que siempre he querido ser.”
“Tú eres la que me ha enseñado todo eso”, respondí, abrazándola. “Eres mi ejemplo a seguir.”
“También quiero pedirte algo”, dijo Sol, separándose de mí y mirándome a los ojos. “Después de todo lo que has hecho por la empresa, me gustaría que te unieras a nosotros oficialmente. Podríamos crear un departamento de diseño UX y contenido digital – serías la jefa, y podrías llevar tu visión y tu creatividad a todos nuestros proyectos.”
Me quedé sin aliento, emocionada. Había sido siempre mi sueño trabajar en una empresa que hiciera cosas buenas, que tuviera un impacto positivo en el mundo. Y ahora, Sol me estaba ofreciendo esa oportunidad.
“¿De verdad?” pregunté con voz temblorosa.
“De verdad”, respondió Sol con una sonrisa. “Sabemos que tienes tus propios proyectos fuera de la empresa, y te permitiríamos seguir haciéndolos – incluso podríamos colaborar contigo en ellos. Quieres ayudar a las chicas jóvenes a meterse en el mundo de la tecnología? Podríamos crear programas de formación juntos, usando las instalaciones de VerdeFuturo y la experiencia de Gael con su fundación.”
Miré a Gael, que me estaba mirando con una sonrisa de orgullo. Luego miré a Valen, que me hacía señas de aprobación con la cabeza.
“¡Claro que sí!” dije con alegría. “Me encantaría formar parte de VerdeFuturo.”
Sol abrazóme de nuevo, mientras Gael se acercó a nosotros y nos felicitó. Sabía que esta era la oportunidad de la que siempre había soñado – la oportunidad de hacer lo que le gustaba, de ayudar a la gente y de trabajar con personas maravillosas que la querían y la apoyaban.
A las dos de la tarde, Roberto anunció que había conseguido recuperar todos los archivos perdidos. Habíamos ganado – VerdeFuturo estaba a salvo, sus proyectos estaban seguros y los responsables de las amenazas habían sido detenidos. Decidimos celebrarlo con una comida en un pequeño restaurante cerca del hotel, donde comimos tapas, bebimos vino y nos reímos como si no hubiera un mañana.
Durante la comida, Gael se acercó a mí y me cogió la mano bajo la mesa.
“Me alegro mucho por ti”, dijo con una sonrisa. “Te mereces esta oportunidad – eres la mejor en lo que haces.”
“Gracias”, respondí, apretándole la mano. “Y tú – ¿qué pasa con nosotros? ¿Qué hacemos ahora?”
Gael se acercó un poco más a mí y susurró al oído:
“Yo tengo un apartamento en Madrid – en Chamberí, como le dije a la abuela. Es pequeño, pero tiene un balcón donde podemos poner plantas y un salón grande donde puedes poner tu mesa de diseño. Me gustaría que te mudaras conmigo – no como mi esposa, sino como mi pareja. Quiero conocerte de verdad, Luna – quiero despertarme cada mañana a tu lado, cocinar contigo, trabajar juntos en nuestros proyectos. Quiero construir un futuro contigo.”
Me quedé mirándolo, sin poder creer lo que estaba oyendo. Mis ojos se llenaron de lágrimas de alegría y le sonreí con todo mi corazón.
“Me gustaría mucho”, dije con voz emocionada. “Quiero todo eso contigo, Gael. Quiero construir un futuro juntos.”
Gael sonrió y me dio un beso suave en los labios, mientras los demás nos miraban con sonrisas y aplaudían suavemente. Sabía que el camino no sería fácil – tendríamos que explicar la situación a la abuela, a nuestras familias y a nuestros amigos – pero también sabía que valía la pena. Porque había encontrado a la persona con la que quería pasar el resto de su vida, y juntos podrían enfrentarse a cualquier cosa que la vida les pusiera por delante.
Al día siguiente, volvimos a Madrid. Sol se fue a su casa para descansar y prepararse para volver a dirigir la empresa, mientras Valen me acompañó a mi apartamento para ayudarme a hacer las maletas. Gael nos esperaba en su coche, con una sonrisa en el rostro y las manos en el volante.
“¿Estás lista?” preguntó cuando salimos del edificio con mis maletas.
“Más que nunca”, respondí con una sonrisa.
Subimos al coche y nos dirigimos hacia Chamberí. Mientras conducíamos por las calles de Madrid, vi cómo el sol brillaba sobre los edificios, cómo la gente caminaba por las aceras con prisas y cómo las tiendas abrían sus puertas para empezar otro día. Sabía que su vida nunca volvería a ser la misma – que había cambiado para siempre desde que había decidido ayudar a su hermana – pero también sabía que era un cambio para mejor.
Llegamos al apartamento de Gael poco después. Era un piso pequeño pero acogedor, con paredes de ladrillo visto, suelos de madera y plantas por todas partes. Había un salón grande con un sofá cómodo y una mesa de cristal, una cocina pequeña pero completamente equipada, y una habitación doble con una cama king size y un armario enorme. En el balcón, había unas macetas vacías esperando a que las llenáramos de flores.
“Me encanta”, dije, dejando mis maletas en el suelo y dando vueltas por el salón. “Es perfecto.”
“Estoy contento de que te guste”, dijo Gael, acercándose a mí y cogiendo mi mano. “He pensado que podríamos pintar una de las paredes del salón de color verde agua – como tus uñas. Así tendremos un toque tuyo en toda la casa.”
Me sonríe y le dije:
“Me encanta la idea. También puedo poner algunos de mis diseños en las paredes – tengo unos pósters con circuitos electrónicos que he hecho yo misma.”
“Sería genial”, respondió Gael, abrazándome y dándome un beso en la cabeza. “Quiero que este lugar sea nuestro – que tenga cosas tuyas y cosas mías, que sea un reflejo de nosotros dos.”
Mientras hablábamos, escuché el sonido del teléfono que sonaba en mi bolso. Cogí el móvil y vi que era una llamada de mi cuenta de Instagram – tenía miles de notificaciones que no había podido revisar en los últimos días.
“¡Vaya!” dije, mostrando la pantalla a Gael. “Mis seguidores están preguntando dónde he estado – han echado de menos mis vídeos.”
“Entonces deberías hacer uno ahora mismo”, dijo Gael con una sonrisa. “Cuéntales todo lo que has pasado, qué has aprendido y qué nuevos proyectos tienes entre manos. Sé que te echan de menos.”
Tenía razón. Me senté en el sofá y cogí mi móvil, preparándome para grabar un nuevo vídeo. Miré a la cámara y sonreí, sintiéndome más feliz y segura de mí misma que nunca.
“Hola a todos”, dije con voz clara y segura. “Sé que he estado desaparecida unos días, y muchos de vosotros me habéis preguntado dónde he estado y qué he estado haciendo. Pues bien, os voy a contar una historia – una historia de mentiras y verdades, de miedos y valentía, de amor y amistad. Una historia que me ha cambiado la vida para siempre…”
Mientras hablaba, Gael se sentó a mi lado y me cogió la mano, mirándome con una expresión de amor y orgullo. Sabía que su vida nunca volvería a ser la misma – que ahora tenía una familia nueva, un trabajo nuevo y un amor nuevo que la hacía sentir completa. La mentira había llegado a su fin, pero la verdad había empezado – y con ella, un futuro lleno de posibilidades, de creatividad y de felicidad.