Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 11: El hermano que no esperaba
La noche había caído sobre la mansión Vega.
Desde el exterior, el lugar parecía tranquilo.
Elegante.
Silencioso.
Pero dentro de la casa la tensión seguía creciendo.
Camila caminaba lentamente por el pasillo del segundo piso, intentando ordenar sus pensamientos.
El coche negro.
La fotografía de su madre.
El documento del caso.
Todo parecía conectado de una forma que todavía no lograba entender.
—Esto es demasiado… —murmuró.
El sonido de pasos detrás de ella la hizo girar.
Adrián estaba de pie al final del pasillo.
Su expresión era seria.
—Deberías descansar.
Camila negó con la cabeza.
—No puedo dormir.
Adrián caminó hacia ella.
—Lo entiendo.
Camila apoyó una mano contra la baranda del pasillo.
Desde allí podía ver el enorme vestíbulo de la mansión.
Las luces seguían encendidas.
Los guardias se movían de un lado a otro.
La seguridad de la casa se había duplicado después del incidente del coche.
—Esto ya no parece una casa —dijo Camila.
—¿Qué parece?
—Una fortaleza.
Adrián no respondió.
Camila lo miró.
—¿Siempre es así tu vida?
Adrián habló con calma.
—No siempre.
—Pero casi siempre.
Adrián suspiró.
—Cuando tienes enemigos poderosos… aprendes a vivir preparado.
Camila bajó la mirada.
—Nunca imaginé algo así.
El silencio se prolongó unos segundos.
Luego Camila levantó la cabeza.
—Adrián.
—¿Sí?
—Hay algo que no entiendo.
—¿Qué cosa?
—Si Salazar ha estado esperando una oportunidad para atacarte…
Camila frunció el ceño.
—¿Por qué hacerlo ahora?
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Porque ahora tiene algo que usar contra mí.
Camila levantó una ceja.
—¿Yo?
Adrián respondió con calma.
—Sí.
Camila cruzó los brazos.
—Eso sigue sin tener sentido.
Adrián la miró.
—Para él sí lo tiene.
—¿Por qué?
—Porque ahora no solo está atacando mi empresa.
Camila frunció el ceño.
—Está atacando mi vida.
El silencio volvió a llenar el pasillo.
En ese momento el sonido de un coche entrando al jardín rompió la quietud de la noche.
Camila miró hacia la ventana.
—¿Esperabas a alguien?
Adrián frunció el ceño.
—No.
Los dos caminaron hacia la ventana.
Un coche oscuro se detuvo frente a la entrada principal de la mansión.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Otro periodista?
Adrián negó lentamente.
—No.
—¿Cómo lo sabes?
Adrián entrecerró los ojos.
—Porque ese coche es de la familia.
Camila frunció el ceño.
—¿Familia?
Antes de que pudiera preguntar algo más, escucharon el sonido de la puerta principal abriéndose.
Sebastián apareció en el vestíbulo.
Parecía sorprendido.
—¿Qué hace él aquí?
Camila bajó las escaleras rápidamente.
Adrián la siguió.
Cuando llegaron al vestíbulo, la puerta principal se abrió completamente.
Y entonces apareció un hombre.
Era alto.
Cabello oscuro.
Mirada segura.
Tenía una sonrisa tranquila… pero algo en su expresión resultaba inquietante.
Camila frunció el ceño.
—¿Quién es?
Adrián no respondió de inmediato.
Su mirada estaba fija en el hombre.
—No esperaba verte aquí.
El hombre sonrió.
—Lo mismo podría decir yo.
Sebastián cruzó los brazos.
—Hace años que no apareces.
El desconocido caminó lentamente hacia ellos.
—Digamos que escuché noticias interesantes.
Camila sintió un pequeño escalofrío.
—¿Qué noticias?
El hombre la miró por primera vez.
Sus ojos la observaron con curiosidad.
—Así que tú eres Camila.
Camila frunció el ceño.
—¿Y tú eres…?
El hombre sonrió.
—Lucas Vega.
El silencio llenó el vestíbulo.
Camila parpadeó.
—¿Vega?
Sebastián soltó una pequeña risa.
—Sorpresa.
Camila miró a Adrián.
—¿Otro hermano?
Adrián habló con voz baja.
—Sí.
Camila lo miró con incredulidad.
—Nunca mencionaste que tenías otro hermano.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Eso no me sorprende.
Adrián lo miró con frialdad.
—No tenías por qué venir.
Lucas caminó alrededor del vestíbulo observando el lugar.
—Oh, tenía muchas razones.
Sebastián levantó una ceja.
—¿Como cuáles?
Lucas respondió con calma.
—El matrimonio de Adrián.
Camila cruzó los brazos.
—Entonces viniste por curiosidad.
Lucas sonrió.
—Digamos que sí.
Luego se detuvo frente a Camila.
—Debo admitir que Adrián siempre sorprende.
Camila frunció el ceño.
—¿Por qué?
Lucas respondió con calma.
—Nunca pensé que terminaría casándose con alguien fuera de nuestro mundo.
Camila sostuvo su mirada.
—Supongo que a veces la vida cambia los planes.
Lucas la observó durante unos segundos.
Su sonrisa no desapareció.
Pero su mirada parecía analizar cada detalle.
Adrián habló con voz firme.
—Lucas.
Lucas giró la cabeza.
—¿Sí?
—No viniste solo a conocer a Camila.
Lucas levantó una ceja.
—Siempre tan directo.
Sebastián intervino.
—¿Qué quieres?
Lucas caminó lentamente hacia la mesa del vestíbulo.
—Quiero saber qué está pasando realmente.
Camila frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Lucas sacó su teléfono.
En la pantalla estaba el mismo artículo que había causado todo el problema.
—A esto.
Camila sintió que el estómago se le revolvía.
—Eso es una mentira.
Lucas la miró.
—Tal vez.
Luego miró a Adrián.
—Pero está causando mucho ruido.
Adrián cruzó los brazos.
—No es tu problema.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Oh, hermano… todo lo que afecta a la familia Vega es mi problema.
El silencio volvió a caer.
Camila sintió que algo en ese hombre no le gustaba.
Había algo en su actitud.
Algo que no parecía sincero.
—Entonces dime algo —dijo Lucas de repente.
Camila lo miró.
—¿Qué?
Lucas levantó el teléfono.
—¿Sabías que tu madre aparece en los archivos del caso?
Camila sintió que el corazón le dio un salto.
—Sí.
Lucas sonrió levemente.
—Entonces sabes que esta historia apenas comienza.
Adrián habló con frialdad.
—¿Qué sabes tú sobre ese caso?
Lucas guardó el teléfono.
—Más de lo que imaginas.
El silencio se volvió pesado.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Lucas miró a Adrián.
—Significa que alguien está moviendo las piezas del tablero.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué tablero?
Lucas respondió con calma.
—El juego que empezó hace ocho años.
Adrián lo observó fijamente.
—Si sabes algo… dilo.
Lucas sonrió.
—Todavía no.
El silencio volvió a llenar el vestíbulo.
Camila sintió que la tensión aumentaba.
—¿Por qué viniste realmente?
Lucas la miró.
—Porque alguien me llamó.
El silencio fue inmediato.
Adrián frunció el ceño.
—¿Quién?
Lucas respondió lentamente.
—La misma persona que publicó ese artículo.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Salazar?
Lucas negó lentamente.
—No.
El silencio se volvió inquietante.
Camila tragó saliva.
—Entonces… ¿quién?
Lucas habló con una voz tranquila.
Pero lo que dijo hizo que el miedo recorriera todo el cuerpo de Camila.
—Alguien que dijo que tú… Camila Torres…
Hizo una pausa.
—Eres la clave para destruir a la familia Vega.