En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
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Capítulo 7 | Sobras del futuro
El jardín del ala norte de la mansión Naville siempre había sido mi lugar favorito.
No porque fuera el más hermoso. De hecho, comparado con el resto de los jardines de la propiedad, aquel era casi descuidado. Los senderos de piedra estaban cubiertos por pequeñas grietas donde crecían hierbas salvajes, y los arbustos habían crecido libres durante años, formando una especie de pequeño laberinto natural.
Pero precisamente por eso nadie venía allí.
La brisa de la mañana movía lentamente las hojas de los árboles, produciendo un susurro constante que llenaba el aire. Podía oler la tierra húmeda bajo mis pies y el aroma tenue de flores silvestres que crecían entre la hierba alta.
Caminé hasta el centro del jardín.
Allí había una vieja fuente de piedra que llevaba años sin funcionar. El mármol estaba cubierto de musgo y el agua ya no corría por sus canales, pero seguía siendo un lugar tranquilo.
Perfecto para practicar.
Miré mis manos.
En mi vida pasada había pasado años entrenando magia. Hechizos complejos, rituales antiguos, conjuros que pocos magos del reino podían dominar.
Ahora tenía que empezar de nuevo.
Aunque mi cuerpo fuera el de una niña de cinco años, mi mente recordaba cada uno de esos hechizos.
Respiré profundamente.
El aire fresco llenó mis pulmones mientras cerraba los ojos por un instante.
Luego levanté la mano derecha.
La magia respondió casi inmediatamente.
Sentí ese calor familiar extendiéndose desde mi pecho hacia mis brazos, como si una corriente invisible recorriera cada parte de mi cuerpo. Era una sensación extraña y reconfortante al mismo tiempo, como reencontrarse con algo que siempre había formado parte de mí.
Abrí los ojos.
Una pequeña chispa de luz azul apareció sobre la palma de mi mano.
Era un hechizo simple.
Demasiado simple para alguien que en su vida pasada había sido considerada una de las brujas más talentosas del reino. Pero para un cuerpo tan joven, incluso eso era un buen comienzo.
La chispa flotó unos segundos antes de desvanecerse en el aire.
Fruncí ligeramente el ceño. Algo no estaba bien.
Volví a intentarlo.
Esta vez concentré un poco más de energía en el hechizo. El calor de la magia volvió a recorrer mi cuerpo, pero esta vez la sensación fue diferente.
Más intensa.
La luz apareció nuevamente en mi mano… pero no era azul.
Era blanca.
Di un pequeño paso hacia atrás mientras observaba la energía girar lentamente frente a mí. La luz era brillante, casi plateada, y parecía vibrar suavemente como si tuviera vida propia.
Eso no era normal.
Los hechizos básicos de manifestación siempre producían energía azul.
Siempre.
Mi mirada se movió automáticamente hacia un mechón de mi cabello que cayó frente a mis ojos.
El mechón blanco.
Desde que había retrocedido en el tiempo, una parte de mi cabello rojo oscuro se había vuelto completamente blanco en el lado derecho de mi cabeza.
En ese momento, bajo la luz del sol, parecía brillar levemente.
La chispa de magia tembló en mi mano antes de desaparecer otra vez.
Bajé lentamente el brazo. Algo había cambiado, no solo el futuro. Mi magia también.
El viento volvió a moverse entre los árboles, haciendo que las hojas susurraran sobre mi cabeza.
Me quedé en silencio unos segundos, pensando.
En mi vida pasada había dominado cientos de hechizos, pero nunca había visto algo así.
Si mi magia estaba cambiando… entonces eso podía significar muchas cosas. Algunas buenas. Otras peligrosas.
Volví a levantar la mano.
Esta vez iba a intentar un hechizo un poco más complejo. Pero justo cuando comenzaba a concentrarme, un sonido suave detrás de mí rompió el silencio del jardín.
El crujido de una rama. Abrí los ojos de inmediato, no estaba sola. Me giré lentamente.
Entre los arbustos del sendero de piedra apareció la figura de un niño de cabello castaño claro y mirada seria.
Lo reconocí al instante, Alexei Smirnov.
Estaba observándome con atención.
Y por la expresión en su rostro… era evidente que había visto algo.
—Eso —dijo finalmente, con voz tranquila— no parecía una práctica normal.
El viento volvió a moverse entre los árboles. Y por primera vez desde que había vuelto en el tiempo… sentí una pequeña chispa de peligro.
Durante un segundo ninguno de los dos habló.
El viento seguía moviendo suavemente las hojas de los árboles, y el sonido seco de las ramas rozándose entre sí llenaba el silencio del jardín. Podía oler la humedad de la tierra y el aroma tenue de las flores silvestres que crecían entre la hierba alta.
Observé a Alexei con calma.
Aunque por dentro mi mente ya estaba analizando la situación.
No había sentido su presencia antes. Eso significaba que había estado observando durante más tiempo del que me habría gustado.
El niño dio un paso más hacia el claro donde me encontraba. Sus botas produjeron un pequeño crujido contra la grava del sendero.
—Eso no parecía una práctica normal —repitió.
Su voz no tenía acusación ni burla. Solo curiosidad.
Respiré con tranquilidad antes de responder.
—¿Y cómo sabes cómo es una práctica normal?
Alexei inclinó ligeramente la cabeza, como si la pregunta le resultara interesante.
—Porque mi tutor de magia practica conmigo algunas veces.
Sus ojos color miel se movieron hacia mi mano, donde hacía unos segundos había estado flotando la chispa de energía.
—Y nunca he visto algo así.
«Por supuesto que no. Ni siquiera yo lo había visto antes.»
Pensé, pero no podía decirle eso. Así que simplemente encogí ligeramente los hombros.
—Tal vez todavía tienes mucho que aprender.
La respuesta era vaga, pero suficiente. Al menos para un niño de siete años o eso esperaba.
Alexei me observó en silencio durante unos segundos más. Su expresión era tranquila, pero había algo en su mirada que me hacía pensar que estaba analizando cada palabra.
Finalmente habló.
—Mi padre dice que la magia de la familia Naville es especial.
El comentario me tomó por sorpresa. No por su contenido, sino por la naturalidad con la que lo dijo.
La familia Naville siempre había sido conocida por su afinidad con la magia. Durante generaciones, muchos de nuestros miembros habían sido magos poderosos.
Pero aun así…
—Tu padre es muy amable al decir eso —respondí.
Alexei negó levemente con la cabeza.
—Mi padre no suele decir cosas amables sin motivo.
Eso me hizo sonreír un poco.
La brisa volvió a soplar entre los árboles, levantando algunos mechones de mi cabello rojo oscuro. Sentí cómo el mechón blanco rozaba mi mejilla antes de caer nuevamente sobre mi hombro.
Los ojos de Alexei se movieron hacia él.
—Tu cabello es extraño.
La observación fue directa, casi demasiado honesta. Pero no ofensiva.
—Lo sé —respondí con calma.
Él dio otro paso hacia la fuente seca.
La luz del sol se filtraba entre las hojas de los árboles y caía sobre el mármol cubierto de musgo, creando pequeñas manchas de luz dorada sobre la piedra.
Alexei apoyó una mano sobre el borde de la fuente mientras me miraba.
—¿Siempre fue así?
Durante un instante pensé en mentir.
Al final decidí responder con la verdad… al menos parcialmente.
—No.
Alexei esperó unos segundos más, como si esperara que agregara algo, pero no lo hice.
El silencio volvió a instalarse entre nosotros.
A lo lejos se escuchaba el canto de algunos pájaros y el suave murmullo del viento moviendo las ramas.
Finalmente, Alexei apartó la mirada del mechón blanco.
—Mi padre dice que pronto tendré que empezar a aprender sobre el marquesado.
Lo miré con atención, eso tenía sentido.
El padre de Alexei aún vivía en este momento, pero recordaba perfectamente que no sería por mucho tiempo.
Alexei heredaría el título de marqués a los quince años. Demasiado joven.
—Eso es una gran responsabilidad —dije con calma.
Alexei observó el suelo unos segundos.
—Sí.
Su voz era tranquila, pero había una ligera tensión en ella. Era sutil, casi imperceptible, pero estaba allí.
En mi vida pasada, Alexei siempre había sido extremadamente capaz. Inteligente, disciplinado, serio. Muchos nobles lo consideraban uno de los hombres más prometedores de su generación.
Pero verlo ahora… tan joven…
Me recordó que en realidad nunca había tenido una infancia normal.
El viento volvió a soplar entre los árboles.
Alexei levantó la vista hacia mí.
—¿Vas a volver a practicar magia aquí?
La pregunta era simple, pero también revelaba algo.
Curiosidad.
Lo observé durante unos segundos antes de responder.
—Tal vez.
Él asintió lentamente. Luego se apartó de la fuente.
—Entonces no diré nada.
La respuesta me sorprendió.
Alexei se giró para marcharse, pero antes de hacerlo volvió a mirarme por encima del hombro.
—Aunque…
Sus ojos color miel se estrecharon ligeramente.
—Eso no era magia normal.
Una vez más, no había acusación en su voz.
Solo una afirmación tranquila.
Luego continuó caminando por el sendero de piedra hasta desaparecer entre los árboles.
Me quedé sola otra vez en el jardín.
El silencio regresó lentamente, acompañado por el susurro del viento entre las hojas.
Miré mi mano y la levanté frente a mis ojos.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Luego, muy lentamente, una pequeña chispa de luz blanca apareció nuevamente sobre mi palma.
Esta vez era aún más brillante que antes. La observé girar lentamente en el aire.
No era un hechizo que recordara haber aprendido. No era un tipo de energía que hubiera visto antes.
En mi vida pasada… mi magia nunca había sido así.
La chispa vibró suavemente antes de desvanecerse en el aire.
Bajé la mano.
Había cambiado el destino.
Eso ya lo sabía.
Pero ahora empezaba a sospechar que el hechizo que había usado para retroceder en el tiempo había dejado algo más dentro de mí.
Algo que antes no existía. Y todavía no sabía si eso sería una ventaja…
o un peligro.
Anya Naville ✨️
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?