TEMPORADA 3 Y FINAL DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 13
—DUCADO, HABITACIÓN DE AELINA—
Aún en sus brazos…
Cassian cruzó el umbral de mi habitación sin prisa.
La puerta se cerró tras nosotros con un sonido suave.
Definitivo.
La habitación…
había cambiado.
La iluminación habitual había sido reemplazada por la luz cálida de innumerables velas. Sus llamas danzaban con suavidad, proyectando sombras vivas sobre las paredes y creando una atmósfera íntima… envolvente.
El aire estaba impregnado de un aroma dulce y profundo.
Pétalos rojos…
esparcidos por el suelo, los muebles… y la cama.
Todo en aquel lugar hablaba sin palabras.
Romance.
Expectativa.
Destino.
Me sostuvo un momento más… como si no quisiera soltarme.
Luego, con cuidado…
me bajo de pie.
Sus manos no se apartaron de inmediato.
Se movieron con lentitud, ayudándome a liberar el peso del vestido.
Capa tras capa.
Los broches.
Las cintas.
Cada pieza cayendo en silencio.
Hasta que solo quedé en paños menores y la ligereza me envolvió.
Mi cuerpo se tensó al instante.
La vergüenza recorrió mi piel como un susurro.
No me atreví a girarme.
Podía sentirlo detrás de mí.
Su presencia.
Su mirada.
Su...
Deseo.
Entonces…
una tela suave cubrió mis ojos dorados.
La oscuridad me envolvió.
Y en ese instante—
Cassian levantó la mano.
Un círculo demoníaco apareció en el aire.
La energía recorrió su cabello…
y el tono rosa desapareció lentamente, transformándose de nuevo en su color original, el azul celeste.
Como si reclamara quién era realmente.
—¿Cassian…? —susurré.
Su voz resonó en mi oído.
—Confía en mí, Aelina…
Su voz fue baja.
Profunda.
Antes de poder reaccionar…
me levantó nuevamente entre sus brazos.
Esta vez con una delicadeza distinta.
Más lenta.
Más… consciente.
Me recostó sobre la cama.
Los pétalos se movieron bajo mí, rozando mi piel.
El contraste entre la suavidad y el calor de sus manos al recorrer mi cuerpo me hizo estremecer.
—Cassian… —murmuré, con el pulso acelerado.
Aun sin verlo…
podía sentir cada movimiento.
Cada acercamiento.
Cada pausa.
Podía sentirlo ahí.
Cerca.
Demasiado cerca.
El silencio llenó la habitación.
Pesado.
Expectante.
Mi corazón latía con fuerza.
No por miedo…
sino por la intensidad del momento.
Por la cercanía.
Por él.
Y en esa oscuridad…
todo se volvió más intenso.
Más real.
Más inevitable.
De repente…
mis manos fueron sujetadas.
El frío del metal rozó mis muñecas.
Unas esposas.
No con brusquedad…
sino con intención.
Me sobresalté.
—Cassian… ¿qué intentas hacer? Quítame estas esposas…
Él soltó una leve risa.
—Te advertí que no me provocaras…
Su voz tenía un matiz distinto.
Más oscuro.
Más profundo.
Más… peligroso.
Y antes de que pudiera decir algo más…
sus labios encontraron los míos.
El beso fue intenso.
Lento al principio…
pero cargado de algo contenido durante demasiado tiempo.
Cerré los ojos.
Perdiéndome en esa sensación.
En sus caricias.
En la forma en que, incluso sin poder verlo, todo se volvía más vívido.
Más sensible.
Más profundo.
“Cierto… todo es por el contrato… debo cumplir mi parte…”
pensé, avergonzada…
aunque mi cuerpo reaccionaba de otra manera.
Para él…
no era solo un contrato.
Era algo que había esperado.
Algo que ahora…
finalmente tomaba forma.
La habitación quedó envuelta en susurros apagados…
en respiraciones entrecortadas…
en el salvaje sonido del movimiento sobre la cama, el sillón, en todo...
Una noche marcada por la cercanía.
Por la tensión liberada.
Por emociones...
Por el deseo...
que ya no podían seguir ocultos.
Porque aquella noche…
no solo se cerraba un acuerdo.
Sino algo mucho más profundo.
Algo que ni Aelina Moonveil y Cassian Bloodthorn…
podrían deshacer.
.
.
.
Al día siguiente, él me dejó descansar y se marchó para atender los asuntos del ducado, aunque se mostraba algo recio.
La noche y la madrugada habían sido muy… placenteras.
Esa nueva forma de hacerlo, aunque me sorprendió, no estuvo para nada mal.
Excelente servicio.
Sonreí avergonzada al pensarlo.
.
.
.
Después de alimentar a mis cachorros, fui a su despacho… y ahí me di cuenta.
¡Con solo mirarlo se descontroló!
Estaba completamente equivocada.
Este hombre por el trabajo no podía pasar días consecutivos en el acto sin salir de la habitación como mis anteriores esposos…
pero sin duda era diferente.
Había probado conmigo todo lo que podía imaginarse en el acto.
Y no solo eso…
lo hacíamos en cualquier lugar.
A cualquier hora.
Con él, era como mínimo unas diez veces al día.
No esperaba hasta la noche.
El momento nocturno…
era solo el cierre.
Y así pasaron los meses.
Viviendo esa…
Placentera
Satisfactoria
Grande
vida matrimonial.
......................
No pasó ni dos semanas desde nuestra boda cuando el Ducado Bloodthorn y todo el imperio vampírico recibieron la noticia.
Estaba embarazada.
La reacción fue inmediata.
Rumores.
Susurros.
Sorpresa.
Pero, sobre todo…
atención.
Cassian…
estaba completamente feliz.
Su habitual expresión fría, impenetrable… desapareció sin dejar rastro.
En su lugar, había algo mucho más evidente.
Orgullo.
Alegría.
Satisfacción.
Era imposible no notarlo.
Y yo…
no pude evitar pensar, avergonzada:
—¿Qué dirán los demás…? Apenas nos casamos y ya estoy embarazada…
Desvié la mirada, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.
Pero a él…
no parecía importarle en lo más mínimo.
Al contrario.
Parecía disfrutarlo.
Había comenzado a organizar un gran banquete en el castillo para celebrarlo.
Uno digno del Ducado Bloodthorn.
Sin embargo…
no llegó a completarlo.
Porque la invitación llegó antes.
Una carta sellada con el emblema imperial.
Elegante.
Imponente.
Inconfundible.
El emperador vampiro se había adelantado.
Vladir Noctharys.
Nos invitaba a un banquete real.
Organizado especialmente para nosotros.
Para celebrar…
mi embarazo.
El silencio llenó la habitación tras leer la carta.
Un silencio distinto.
Más pesado.
Más significativo.
Porque ese nombre…
no era cualquier nombre.
Y ese banquete…
definitivamente no era una simple celebración.
Era una invitación al corazón del imperio vampírico.
Y…
el inicio de algo mucho más peligroso.
.
.
.
El día del banquete real llegó.
Desde temprano…
el Ducado Bloodthorn se encontraba en completo movimiento.
Todo debía ser perfecto.
Las doncellas me ayudaron a prepararme con un cuidado casi reverencial.
El vestido que llevaba…
era oscuro.
Elegante.
Imponente.
Un diseño de tonos negros profundos con detalles en rojo carmesí que parecían latir con una vida propia.