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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

X. la trampa deseo

Zhaeryntha:

Me senté en la silla de madera tallada con una rigidez que me hacía doler la espalda, maldiciendo internamente a Lyra y sus consejos de "etiqueta femenina". Siguiendo sus estrictas instrucciones, deslicé una pierna sobre la otra, **cruzándolas con una parsimonia** que se sentía completamente ajena a mi naturaleza. El vestido azul medianoche se abrió ligeramente por la abertura lateral, revelando la curva de mi muslo y, muy discretamente, la correa de cuero de mi daga oculta.

Sentía que todo el salón me observaba, pero mi atención estaba anclada en el idiota que tenía sentado enfrente, que me miraba con una intensidad que empezaba a ponerme nerviosa.

—Estás muy callada, Vaelkríass —dijo Kaelthoryn, dejando su copa de vino sobre el mantel—. Casi parece que estás disfrutando de la velada.

—Estoy contando los segundos que faltan para que esto termine y pueda volver a mis mapas —respondí, tratando de mantener la voz firme a pesar de que el corsé me apretaba el aliento—. Y deja de mirarme así, Dravenkael. No soy una pieza de museo.

—No, no lo eres —murmuró él, y antes de que pudiera prever su movimiento, su mano se deslizó por debajo de la mesa.

Me tensé como una cuerda de arco a punto de romperse cuando sentí **su palma cálida y firme posarse sobre mi muslo**, justo por encima de la seda del vestido. Sus dedos se cerraron con una seguridad posesiva, justo donde la tela se abría, rozando apenas la piel desnuda por encima de mi bota.

Lo fulminé con una mirada cargada de promesas de muerte violenta, pero no retiré la pierna; no quería darle el gusto de mostrarme afectada frente a los demás estudiantes que pasaban cerca.

—Quita esa mano de ahí ahora mismo —siseé, inclinándome hacia él sobre la mesa, con los ojos grises echando chispas—, o te juro por la sangre de Balerion que mañana tendrás que aprender a montar a Rhyx con una sola mano.

—¿Y por qué debería hacerlo? —respondió él, sin apartar la vista de la mía, con una sonrisa desafiante que me volvía loca—. Te he dicho que esta noche eres mi responsabilidad. Y si estás tan decidida a lucir esas piernas para todo el salón, lo mínimo que puedo hacer es recordarles a todos a quién pertenecen.

—¡No pertenezco a nadie! —le recordé, sintiendo un calor furioso trepar por mis mejillas—. Soy la heredera de los Vaelkríass, no un trofeo que puedes reclamar simplemente porque me compraste un vino barato. Eres un **pervertido arrogante**, Dravenkael. ¿Crees que porque me puse un vestido y me crucé de piernas puedes tomarte estas libertades?

—Creo que te gusta más de lo que admites —replicó él, y sentí cómo sus dedos ejercían una presión sutil, casi protectora—. Estás temblando, Tormenta. Y no es de frío.

—Es de las ganas que tengo de asfixiarte —mentí, aunque mi corazón martilleaba contra mis costillas con una fuerza traidora—. Suéltame. Ahora. Hay gente mirando y no voy a permitir que humilles mi nombre con tus juegos de alcoba en medio de una gala oficial.

—Que miren lo que quieran —dijo él, acercando su rostro al mío hasta que nuestras narices casi se rozaron—. Que vean que la mujer más peligrosa de la frontera tiene dueño. Y que ese dueño no tiene miedo de sus dagas.

Apreté los dientes, sintiendo el roce de su mano quemándome la piel a través de la seda. Quería golpearlo, quería gritarle, pero una parte oscura y rebelde de mi ser se deleitaba en ese desafío. Estábamos jugando con fuego en una habitación llena de pólvora, y ambos sabíamos que solo era cuestión de tiempo antes de que todo saltara por los aires.

Sentí cómo su presión sobre mi muslo aumentaba sutilmente, una posesividad arrogante que, por un segundo traidor, me hizo estremecer. Pero yo no era una dama desvalida esperando ser reclamada. Era una Vaelkríass, y Kaelthoryn Dravenkael estaba a punto de recordar por qué mi linaje gobernaba los cielos con fuego y sangre.

Nuestras caras estaban a centímetros de distancia, el aire entre nosotros cargado de una tensión tan densa que podía cortarse con una de mis dagas. Vi cómo sus ojos verdes bajaban hacia mis labios, una intención depredadora brillando en ellos. Iba a besarme. Aquí, frente a toda la Academia, frente a los profesores y los nobles, pensaba sellar su supuesta propiedad con un beso.

Una sonrisa lenta y maliciosa curvó mis labios, una expresión que Lyra odiaría pero que Vharok reconocería instantáneamente. Me incliné aún más hacia él, invadiendo su espacio personal hasta que sentí el calor que emanaba de su jubón gris. Mis ojos grises se clavaron en los suyos, prometiendo un infierno que él no estaba preparado para habitar.

—¿Te crees muy valiente, Dravenkael? —susurré, mi voz era un ronroneo gélido que acarició su oído—. ¿Crees que porque tienes la mano en mi muslo y me miras con esos ojos de cachorrito perdido, puedes reclamarme como si fuera una de tus conquistas baratas de establo?

Vi cómo su sonrisa de suficiencia flaqueaba por un microsegundo, pero su terquedad ganó. Él acortó la distancia final, cerrando los ojos mientras sus labios buscaban los míos en un movimiento cargado de una urgencia desesperada.

Esa fue su última equivocación de la noche.

En el preciso instante en que sus labios iban a rozar los míos, ladeé la cabeza con una velocidad sobrenatural, esquivándolo por completo. Al mismo tiempo, mi mano derecha salió disparada hacia arriba. No fue un empujón suave para apartarlo; fue un golpe seco, brutal y perfectamente ejecutado con la palma de la mano abierta directamente contra su boca y nariz.

**¡ZAS!**

El sonido del impacto resonó en todo el salón de la Academia con la fuerza de un latigazo metálico. Fue un estruendo ensordecedor que cortó la música, silenció las risas y congeló los movimientos de todos los presentes. Cientos de cabezas se giraron instantáneamente hacia nuestra mesa apartada.

Kaelthoryn soltó un quejido ahogado de dolor puro, su cabeza rebotando hacia atrás por la fuerza del golpe. Se llevó ambas manos a la cara, la sorpresa y la humillación luchando en sus ojos que ahora estaban lagrimeando por el impacto en su nariz. La mano que había estado en mi muslo desapareció al instante, reemplazada por la necesidad desesperada de contener el dolor en su rostro.

—Escúchame bien, "galán" —siseé, poniéndome de pie y alisando la seda azul de mi vestido con una calma aterradora, ignorando el silencio sepulcral que nos rodeaba—. Si vuelves a intentar ponerme una mano encima o a reclamarme como tuya frente a alguien, te juro por el Fuego Ancestral que te castraré yo misma con la daga que tengo en este muslo que tanto te gustaba acariciar. Y luego... luego cocinaré tus restos y se los daré de comer a tu propio dragón, Rhyx. A ver si él disfruta tanto de tu "propiedad" como tú.

Lo miré desde arriba, con un desprecio absoluto brillando en mis ojos. Él seguía con la mano en la nariz, la sangre empezando a manchar sus dedos, su máscara de seductor hecha añicos en el suelo de mármol de la Academia. Se acabó el juego. La Tormenta había llegado.

Di la espalda a la mesa y a un Kaelthoryn que todavía intentaba recomponer su orgullo y su nariz ensangrentada. Caminé a través del salón, el silencio abriéndose a mi paso como si fuera una plaga. Mis pisadas, firmes y cargadas de una furia gélida, resonaban contra el mármol, pero justo cuando alcancé los grandes ventanales que daban a los jardines de los dragones, mi corazón se detuvo en seco.

A través del cristal, vi a Vharok. Mi fiero compañero, la sombra del cielo, no estaba descansando. Estaba agazapado, emitiendo un siseo de puro terror que nunca antes le había escuchado. Pero lo que me heló la sangre fue ver su **ala izquierda: estaba rasgada**, jirones de membrana negra colgaban inútiles, como si una garra del tamaño de un tronco lo hubiera marcado con un solo movimiento perezoso.

—Vharok... —susurré, mi mano chocando contra el vidrio.

En ese instante, la noche misma pareció desgarrarse. Un **rugido profundo, feroz y ancestral** sacudió los cimientos de la Academia. No fue un grito de guerra, fue una vibración que hizo que las copas de cristal estallaran en el salón y que los jinetes cayeran de rodillas por la presión en sus oídos. Era un sonido que no pertenecía a esta era.

Me quedé muda. El aire se volvió pesado, saturado de un olor a azufre y tierra antigua. Mis pies se movieron por instinto hacia el balcón, saliendo a la terraza de piedra.

Allí, en el límite del Bosque Susurrante, lo vi.

Los árboles milenarios, aquellos que hace horas me habían parecido colosales, apenas lograban cubrir la masa de una sombra que desafiaba la lógica. Eran **dos ojos**. Dos pozos de fuego líquido, dorados y masivos, que brillaban en la oscuridad total del follaje. No era un mito. No era un dibujo en un libro prohibido.

Era **Balerion, el Terror Negro**.

Su silueta era una cordillera de escamas color obsidiana que absorbía la poca luz de la luna. Era tan vasto que su sola respiración agitaba las copas de los árboles como si fuera un huracán. Me quedé quieta, una estatua de seda azul en medio de la terraza, esperando que el fuego oscuro nos consumiera a todos en un parpadeo.

Pero entonces, ocurrió lo imposible.

Balerion no atacó. No exhaló la llama que derritió castillos en el pasado. El enorme dragón, oculto entre las sombras que apenas podían contenerlo, clavó su mirada en mí. Y en esos ojos de oro, no encontré la furia del depredador supremo.

Encontré **temor**.

La bestia que los Targaryen no pudieron derrotar, el ser que hacía que los dragones modernos parecieran gorriones, me miraba con una vulnerabilidad aterradora. Estaba herido, o quizás, estaba huyendo de algo todavía más oscuro que él mismo. Sus pupilas se dilataron al verme, y un gemido bajo, casi un sollozo de trueno, escapó de su garganta.

—Tú no estás aquí para cazarnos —murmuré, con la voz quebrada, mientras la brisa agitaba mi vestido y el silencio de muerte se apoderaba de la frontera—. Estás pidiendo ayuda.

El Terror Negro parpadeó, y por un segundo, la conexión entre la última heredera de los jinetes y el último titán del mundo antiguo se selló en el silencio de la noche. Algo mucho peor que Balerion venía en camino, y él lo sabía.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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