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El Bully Que Se Enamoró

El Bully Que Se Enamoró

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Escuela / Romance
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

sigue...

El viernes Thiago me mandó un mensaje a las once de la noche. “estás?”

Le puse que sí.

Me llamó. Primera vez que me llamaba.

—Che —dijo cuando atendí—. No te quiero decir más Cuatro ojos. Ni en joda.

—Ya sé.

—Es que hoy se me salió solo y me sentí un pelotudo todo el día.

—No pasa nada.

—Sí pasa. Porque te lo decía para hacerme el vivo antes. Y ahora no quiero ser ese.

Me quedé callada porque tenía un nudo en la garganta.

—¿Ríos?

—Acá estoy.

—¿Te dormís?

—No.

—¿Querés que corte?

—No.

Se rio bajito. —Bueno.

Hablamos veinte minutos de nada. Del trabajo de El túnel, de que Ramiro se peleó con Lautaro, de que la profe de Matemática iba a tomar prueba sorpresa el lunes.

Antes de cortar me dijo: —Me gusta cómo te quedan los anteojos. Te lo digo en serio. Siempre me gustaron. Por eso te jodía. Porque no sabía cómo decirte otra cosa.

No le contesté enseguida.

—Thiago —le dije después.

—¿Qué?

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por decirlo ahora.

Cortamos. Me quedé mirando el techo un rato largo.

El lunes hubo prueba sorpresa. La hice mal. Thiago también. Cuando nos devolvieron las hojas él tenía un cuatro y yo un cinco. Me pasó un papel: “somos burros”. Le contesté: “vos más”.

A la salida me esperó con dos alfajores.

—Para el cuatro —dijo.

—No me compres cosas cada vez que me pasa algo malo.

—¿Por qué no?

—Porque no.

—Bueno. —Se guardó uno en el bolsillo—. Me lo como yo.

Caminamos. En la esquina me agarró la mano. Primera vez que me la agarraba en la calle y no solo en la esquina.

—¿Te jode? —preguntó.

—No.

—Bueno.

Caminamos una cuadra así, de la mano. Me latía el corazón en los dedos.

Cuando llegamos a mi casa me soltó.

—Mañana te espero igual —dijo.

—Bueno.

Me dio un beso. Después otro.

—Che —dijo antes de irse.

—¿Qué?

—Mi viejo me preguntó si tenía novia.

Se me paró el corazón.

—¿Y qué le dijiste?

—Que sí.

Me quedé mirándolo.

—¿Y qué te dijo? —le pregunté.

—Que la traiga un día a comer.

Me reí nerviosa. —Ni en pedo.

—Ya sé. Pero te lo digo para que sepas que yo sí dije.

—No hace falta que digas nada.

—Ya sé. Pero quiero.

Se fue. Yo entré.

Mamá estaba en la cocina. Me miró la cara.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—Tenés cara de algo.

—No es nada.

Me fui a la pieza. Me saqué los anteojos y los miré. Tenían la patilla apenas marcada de cuando se me cayeron. Los apoyé en la mesa de luz.

En el cuaderno, abajo de lo último que había escrito, puse: “le dijo al padre que sí. yo no le dije a mi vieja que sí todavía.”

No lo encerré. Lo dejé así.

El martes Thiago me esperó con la campera bien puesta. Hacía calor.

—¿Tenés frío? —le pregunté.

—No. Pero si tu vieja me ve desde la ventana prefiero que me vea prolijo.

Me reí.

—Sos un pelotudo —le dije.

—Ya sé —dijo—. Pero prolijo.

Me dio un beso y me agarró la mano para caminar.

Esa semana mamá no miró por la ventana cuando llegamos. O miró y yo no la vi. No sé.

El viernes a la noche me mandó Thiago: “el domingo hay picadito en el club. venís?”

Le puse: “no sé.”

Me contestó: “si venís te presento a mi vieja. si no venís te espero igual en la esquina el lunes.”

Me quedé mirando el mensaje cinco minutos. Después le puse: “el lunes.”

Me puso: “bueno.”

Y después: “me gusta tu trenza aunque no te la hagas.”

No le contesté. Me lo guardé.

El sábado me lo crucé en el supermercado con la madre. Una señora de pelo corto y la misma nariz que Thiago. Él me vio primero y se puso colorado.

—Che —me dijo—. Mi vieja.

—Hola —le dije a la señora.

—Hola —me contestó, y me miró de arriba abajo—. Vos sos Emilia.

—Sí.

—Thiago habla de vos.

—Mamá —dijo Thiago.

—¿Qué? Es verdad.

Me sonrió. No era una sonrisa mala.

—Nos vemos —le dije y me fui rápido al pasillo de las galletitas.

Thiago me encontró después.

—Perdón —dijo.

—No pasa nada.

—¿Te asusté?

—No.

—¿Venís el domingo?

—No.

—Bueno.

Me dio un beso en la frente ahí en el supermercado, rápido, y se fue con la madre.

Cuando llegué a casa mamá me preguntó dónde había estado. Le dije la verdad. Me miró raro.

—¿Te presentó a la madre?

—Sí.

—¿Y?

—Nada.

No dijo nada más.

Esa noche escribí en el cuaderno: “me dijo que le gusto con anteojos y que le dijo al padre que sí y me presentó a la madre en el supermercado y yo todavía no le dije a la mía que sí.”

Lo leí dos veces.

Abajo escribí: “pero me espera igual.”

Cerré el cuaderno.

El lunes Thiago me esperaba en el portón con la campera colgando del hombro, como siempre. Me dio un caramelo y me dijo “che”.

—¿Qué? —le contesté.

—Nada. Me gusta verte llegar.

No le contesté. Le agarré la mano y caminamos así hasta el aula.

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Veronica Asuncion Caglia Mongelos
me encanto la historia de los dos.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia
Melu♡: muy buena sugerencia 🥰 la voy a tener en cuenta. besos
total 2 replies
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