En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.
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Capítulo 5 — Lo que necesita descansar.
El edificio entero temblaba.
No como durante un terremoto.
Era un movimiento irregular, casi orgánico, como si las paredes respiraran dolor acumulado durante décadas.
La silueta oscura frente a ellos crecía y se contraía violentamente, deformándose entre formas adultas e infantiles. Rostros aparecían y desaparecían dentro de la sombra, todos atrapados en una expresión idéntica:
Miedo.
Lin Yue permanecía firme, aunque sus dedos se tensaron ligeramente dentro de los guantes.
—Está perdiendo estabilidad —dijo con voz baja.
Zhao Ren asintió, aún con los ojos cerrados.
Por primera vez desde que se conocieron, no sonreía.
—No sabe qué hacer ahora que alguien finalmente la escuchó.
La entidad soltó un chillido agudo.
Las ventanas del departamento estallaron hacia afuera, dejando entrar el viento nocturno. Fragmentos de vidrio flotaron unos segundos en el aire antes de caer lentamente, como si la gravedad dudara.
King salió parcialmente de la mochila, observando la sombra sin emitir sonido.
Lin Yue habló:
—Si continúa creciendo, se convertirá en una manifestación hostil completa.
—Sí —respondió Zhao Ren—. Y entonces la División Central ordenará eliminarla.
Silencio.
Ambos sabían lo que eso significaba.
Exorcismo forzado.
Destrucción total.
No liberación.
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La sombra golpeó el suelo.
Las paredes comenzaron a mostrar escenas proyectadas como recuerdos vivos.
Un niño pequeño sentado en la silla.
Puerta cerrándose desde afuera.
Oscuridad.
Días pasando sin luz.
Voces adultas gritando.
Castigos.
Soledad.
Lin Yue observó sin apartar la mirada.
Algo en su expresión cambió apenas.
—No puede irse —dijo finalmente— porque nunca terminó de existir fuera de este lugar.
Zhao Ren inclinó la cabeza.
—Exacto.
Se arrodilló lentamente frente a la entidad.
—Oye… —habló con suavidad—. No vamos a encerrarte otra vez.
La sombra retrocedió violentamente.
El miedo llenó el aire.
Lin Yue dio un paso adelante también.
—No somos ellos.
Las luces comenzaron a encenderse y apagarse frenéticamente.
Un susurro múltiple inundó la habitación:
—mentira…
—duele…
—no salir…
Zhao Ren apoyó una mano sobre el suelo.
—Las entidades nacidas del trauma siguen reglas simples —explicó con calma—. Permanecen donde ocurrió el dolor… hasta que alguien reconoce que sucedió.
Lin Yue comprendió inmediatamente.
—Necesita un cierre emocional.
Él sonrió levemente.
—Detective rápida.
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Buscaron entre los objetos abandonados hasta encontrar una caja metálica oxidada escondida bajo el piso suelto.
Dentro había documentos antiguos.
Certificados escolares.
Reportes médicos ignorados.
Y una fotografía intacta.
Un niño sonriendo tímidamente sosteniendo un dibujo.
Detrás, escrito con letra infantil:
"Cuando sea grande quiero salir afuera."
El aire se volvió pesado.
La entidad se detuvo.
Toda la oscuridad giró lentamente hacia la foto.
Zhao Ren habló con suavidad casi paternal:
—Este eras tú… antes de que te rompieran.
La sombra tembló violentamente.
Las paredes comenzaron a agrietarse.
Lin Yue sostuvo la fotografía frente a ella.
—Tu historia existió —dijo con firmeza—. Lo que te hicieron fue real. Y estuvo mal.
Un silencio absoluto llenó el lugar.
La entidad dejó de moverse.
Por primera vez… no parecía un monstruo.
Parecía un niño asustado.
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Pero entonces el edificio crujió con fuerza.
Desde abajo se escucharon sirenas.
Lin Yue miró por la ventana rota.
—La División Central llegó.
Zhao Ren suspiró.
—Siempre llegan cuando empieza la parte difícil.
Luces azules iluminaron el exterior.
Altavoces comenzaron a sonar:
—Unidad paranormal autorizada. Retírense inmediatamente. Procederemos con neutralización.
La entidad reaccionó al instante.
El miedo regresó multiplicado.
La sombra creció violentamente, alimentada por el recuerdo del encierro.
—¡No! —dijo Zhao Ren—. Si la atacan ahora se convertirá en algo irreversible.
Lin Yue tomó una decisión.
Guardó su placa policial.
Luego avanzó hasta quedar frente a la entidad.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
—Escúchame —dijo con voz firme—. Nadie volverá a encerrarte.
La sombra se agitó.
Ella cerró los ojos un instante.
—Puedes irte.
Zhao Ren levantó ligeramente la cabeza.
Era la primera vez que escuchaba a Lin Yue hablar con tanta calidez.
—No tienes que quedarte donde te hicieron daño —continuó ella—. Ya terminó.
El edificio vibró violentamente.
Las sombras comenzaron a desprenderse de las paredes, elevándose lentamente hacia el techo.
La figura infantil miró la fotografía.
Luego a ellos.
El susurro cambió.
Ya no era miedo.
Era duda.
Zhao Ren añadió suavemente:
—Salir da miedo… pero también significa que ya sobreviviste.
Un brillo tenue apareció dentro de la oscuridad.
Como una pequeña luz atravesando humo.
La entidad comenzó a deshacerse lentamente.
No en violencia.
En calma.
El frío desapareció gradualmente.
Las grietas dejaron de expandirse.
Y por primera vez desde que entraron al edificio…
El silencio se sintió tranquilo.
La fotografía cayó suavemente al suelo.
La sombra se desvaneció en partículas oscuras que se disolvieron en el aire.
Liberada.
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Cuando la puerta fue derribada por la División Central minutos después, solo encontraron a dos detectives de pie en una habitación vacía.
Sin entidad.
Sin hostilidad.
Caso terminado.
Un agente miró confundido.
—¿Dónde está la anomalía?
Zhao Ren sonrió nuevamente.
—Se fue a casa.
Lin Yue no corrigió la respuesta.
Mientras salían del edificio, el amanecer comenzaba a iluminar la ciudad.
King asomó tranquilamente desde la mochila.
Por primera vez desde el inicio del caso…
El aire se sentía ligero.
Pero ambos sabían algo.
Ese no había sido un caso aislado.
Alguien había permitido que ese sufrimiento existiera durante años sin intervención.
Y si ocurrió una vez…
Había ocurrido antes.