La joven Caramel tiene una nueva oportunidad de vida, y está decidida a no cometer los errores del pasado, tomar sus propias decisiones, si puede, desquitarse un poco de aquellos que la hicieron sufrir y ¿por qué no? Encontrar un verdadero amor.
NovelToon tiene autorización de Belegui Baccelieri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Prioridades
Una semana antes de mi cumpleaños 11, estaba muy feliz porque había pasado la fecha en la que mi mamá murió en mi vida pasada.
La Reina nos invitó a participar en una colecta de fondos para ayudar a las viudas y familias de escasos recursos, que se realizaría en la ciudad de Grotti, cerca de la frontera con el reino de Echirolles, aunque estaba feliz por salir finalmente del Palacio y de mi casa y conocer un poco más allá del reino, a último minuto mi madre dijo que ya que Gavin y yo nos hemos llevado mejor recientemente era mejor que me quedara. Aunque le rogué ir con ella, se negó rotundamente.
Tras la partida de ambas mujeres del Palacio, estuve muy enojada con Gavin y le grité que por su culpa no pude acompañar a mi mamá, hasta Stefan me dijo que cometí un error y no debía decir eso, pero ese día desde que amaneció tenía un muy mal presentimiento, y no quería alejarme de mi madre. Aunque Poome y Cael trataron de consolarme, había algo que no estaba bien.
Dos días después, se me hizo muy raro que nadie me despertó para ir al Palacio a las clases, así que decidí levantarme y arreglarme, estaba terminando cuando mi nana Romina entró llorando.
Nana: (Llorando) Mi niña, creí que aun dormías.
Caramel: (Asustada) Nana, ¿pasa algo? ¿Por qué estás llorando?
Nana: (Triste) Mi niña hermosa… debes ser muy fuerte…
Paolo: (Entrando a la habitación completamente triste) Hija, Caramel, cariño… ven conmigo… (sentándonos en el sillón) ayer por la noche llegó un aviso del Palacio, su majestad la Reina Stella y tu madre, tuvieron un accidente en su regreso a casa, al parecer, hubo un deslave en la montaña que arrastró el carruaje en el que viajaban, aunque ambas fueron rescatadas, tu madre sufrió múltiples heridas. Debemos ir a verla ahora.
Caramel: (Asustada, pero tratando de mantener la calma) Papito, mientras ella esté viva no debemos perder la esperanza. Vamos rápidamente a verla, a lo mejor con nuestra llegada se animará y podrá sanar más rápido.
Paolo: (Conmovido pero muy triste) Sí mi niña, vamos con ella, nos están esperando en este momento en el hospital, sólo vine a recogerte.
Caramel: (Sonriendo aunque triste) Mira, ya estoy lista, así que vámonos.
Paolo: (Enternecido) ¿Y tu peinado…?
Caramel: (Apresurada) Eso se resuelve en el camino, hay prioridades papito.
Tomando la mano de su padre, fueron rápidamente hasta el carruaje que los condujo al hospital, donde ya se encontraban el Rey, Alexander –quien es el actual Príncipe heredero--, los príncipes Ethan, Marcus, Galiano, Silas, César y Gavin, acompañando a la Reina Stella, quien tenía un brazo y pierna rotos y la cabeza vendada.
En tanto, Paolo y Caramel fueron conducidos a otra habitación donde estaba, aparentemente dormida Mariela, quien además de tener la cabeza vendada no parecía estar mal.
Caramel: (Preocupada) ¿Mami?
La mujer lentamente abrió los ojos, y dedicó a la pequeña una mirada sumamente tierna.
Mariela: Caramel, mi niña hermosa, te ves tan delgada… promete que serás una niña buena, como hasta ahora.
Caramel: (Llorando y tratando de hacer una broma) Mami, ¿por qué me pides eso? ¿Acaso no sabes que en cuanto no me ves me porto mal?
Mariela: Mi preciosa, ¿sabes por qué te llamé Caramel? Porque desde que te vi la primera vez en mis brazos supe que serías tan hermosa y la más dulce de todas las niñas del mundo, sigue así amor.
Caramel: (Llorando) Sí mamita, pero no me lo digas como si te estuvieras despidiendo… por favor…
Mariela: Paolo, amor mío, cuida de nuestra niña y no dejes que se case sin amor. Si ella desea defender el marquesado, convertirse en mago o ser reina, sigue apoyándola como siempre, amor mío.
Paolo: (Llorando) Sí mi vida, pero como dijo nuestra niña… no lo digas como si te estuvieras despidiendo…
Mariela: Paolo, esposo mío. Sabes bien que sólo esperaba despedirme de ustedes, nuestro viaje acaba aquí, pero mi corazón se quedará a su lado por siempre.
Paolo y Caramel tomaron las manos de Mariela y la consolaron mientras volvió a dormirse, esa tarde el Marqués volvió a hablar con el Rey contándole la última voluntad de su esposa. Su hija la acompañó hasta que dejó de respirar y los médicos declararon su muerte.
En esta situación, sólo me aferré al brazo de mi papá y no pude evitar sentirme muy mal, porque Mariela, pese a sus ideas retro, realmente me amaba, traté de evitar su muerte, pero no lo logré, fue dos veces mi madre y dos veces la perdí, pero no pude evitar pensar también en la ocasión cuando perdí a la madre que tuve en mi segunda vida.
En mi vida anterior, mi progenitora era una mujer llamada Leonor, tenía un fuerte temperamento, pero frágil salud, sobre todo luego de sufrir un accidente que la llevó a vivir los tres últimos años de su vida en una silla de ruedas.
Pese a que tenía muy mal carácter por su condición, no sé cómo lo hacía pero estaba, literalmente, en todo. Supe que después de que mi padre la dejara embarazada de mí, desconfiaba de todos y no le gustaba que sus hijos socializaran, pero ella se sabía todos los chismes de todos los del vecindario.
En ese tiempo, lo que más me frustraba era que de los cuatro hermanos yo era la única que quedaba soltera y, por lo tanto, la que debía cuidar de mi madre, sola, ninguno de ellos ayudaba, eran muy buenos para burlar, criticar y exigir, pero malos para aportar económicamente o ayudar con el cuidado, llevarla a sus terapias, consultas, ni siquiera preparar la comida un día. Era muy frustrante.
Un día salí a beber con unas amigas por el fin de clases, tratando de desestresarme un poco, regresé a la media noche, sólo bebí un par de cervezas, pero la encontré en medio de la lluvia, empapada, mirándome con rencor, yo tenía entonces 19 años y trabajaba medio tiempo en una panadería y pastelería como ayudante.
Obviamente, luego de eso le dio neumonía por la mojada, aunque la sequé lo mejor que pude, al final de cuentas, el vecino me dijo que eran las 7pm cuando le pidió ayuda para bajar a la salida del edificio. Lo que implica que desde esa hora, hasta que llegué estuvo no sólo en la calle a merced del frío, sino mojándose.
Yo le había avisado que saldría con mis amigas, pero nunca creí que haría algo así para chantajearme y evitar que volviera a socializar con otras personas. Luego de eso estuvo muy enferma y mis hermanos me culparon por todo.
Al final, falleció no sin antes decirme que me odiaba por ser igual a él (mi padre) y que jamás me perdonaría. Mis hermanos me dejaron con todos los gastos y preparativos del funeral, así que cuando todo terminó, me juré no volver a hablarles, dejé mi trabajo, la ciudad y me fui a otro país para iniciar una nueva vida.
.
.
.