La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.
NovelToon tiene autorización de Abigail Limón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Otra oportunidad
El estacionamiento era un lugar frío cuando empezaba a caer la tarde, sobre todo en esos meses de invierno. No había tenido oportunidad de hablar con Angie en su oficina, cuando fui a buscarla se negó “la Licenciada está muy ocupada, pero si gustas puedo pasarle tu recado”. No había una relación directa entre nuestras obligaciones así que, no podía simplemente ir a buscarla con algún pretexto. Por eso esperarla en el estacionamiento junto a su coche había sido la única opción que ví posible.
—Me permites. Este es mi auto —me dijo con una frialdad que casi me congela. Tan inmerso me encontraba pensando en la manera de hablar con ella, que no me di cuenta de su llegada, hasta que estuvo frente a mi. No parecía enojada, solo decepcionada, aunque creo que eso era peor.
—Lo sé. Te estaba esperando. ¿Podemos hablar?
—Disculpa, Ricardo. No puedo. —su mirada se suavizó un poco, pero no lo suficiente para verme realmente, ella se acercó para abrir la puerta del auto entonces aproveche para tomar su mano.
—Solo será un momento —dije acariciando suavemente su mano por encima de sus dedos.
—Tengo prisa, Ricardo. Dafne y Emir me esperan —se negó de nuevo y retiró su mano de las mías.
—Tengo que explicarte lo que pasó hace rato.
—Ricardo, no tiene importancia y no tienes por qué darme explicaciones de nada. Al contrario yo me disculpo de nuevo por haberlos interrumpido.
—Es que eso que viste no es lo que crees.
—Ricardo, no tienes que sentirte avergonzado por besar a tu novia —me dijo en un tono comprensivo y para nada de reproché, aunque seguía percibiendo ese ligero toque de desilución. Me sentí miserable. Técnicamente no le estaba siendo infiel porque ella y yo no teníamos una relación, pero la noche anterior le pedí que me diera una oportunidad, le dije que la seguía amando y tan solo unas horas después me descubrió a punto de besar a su amiga Mónica. En realidad sería difícil explicarle que lo que vio esa mañana en mi oficina no era lo que parecía cuando en realidad sí lo era, había sido un completo imbécil.
—Angie, yo sé que ahora no me crees, pero lo que te dije anoche es verdad, yo aún te…
—No, Ricardo —me interrumpió entonces si molesta —no te atrevas a tratar de engañarme. Tu tienes novia, deberías empezar a valorarla en lugar de buscar por otro lado —dijo realmente dolida y al borde de las lágrimas —se que yo también he tenido culpa en esto, nunca debí aceptar salir contigo pero…
—Angie, yo te amo —le interrumpí antes de que dijera que había sido un error —Lo de Mónica se acabó. Lo que viste hoy solo fue un error, me tomó por sorpresa, no estoy intentando justificarme, no podría solo quiero que entiendas que yo aún te amo y que esto no volverá a pasar. Perdóname por favor.
—No me hagas esto, Ricardo —me dijo un poco exaltada, una débil lágrima se deslizó por su mejilla pero ella se limpió con él dorso de su mano como si le quemara —Tu no. Lo que tuvimos fue un bonito romance de adolescentes, no arruines ese recuerdo.
Había algo en Angie, más allá de lo que yo había hecho, algo que la hacía sufrir, que la hacía sentir decepcionada también de mí, comenzaba a creer que tenía mucho que ver con el padre de Dafne y Emir. Angie no me lo diría pero seguro ese tipo la había engañado y quizás traicionado y ahora aparecía yo de nuevo ofreciéndole amor una noche y traicionando esa promesa velada al día siguiente, era normal que no me perdonará y que si ella ya había considerado darme esa oportunidad, ya no quisiera hacerlo, aunque yo esperaba que si lo hiciera.
—Angie, perdóname. Dame la oportunidad de estar completamente contigo, te prometo que esta vez será diferente y lo que paso hoy no se volverá a repetir.
Ella se mantuvo en silencio un minuto quizás más, quizás solo fui yo que sentía que él tiempo avanzaba más lento. Angie me miró a los ojos con una ternura que me inundó por completo, ella lo estaba considerando; ella había ido a mi oficina para hablar sobre lo dicho la noche anterior, después de todo si había algo en su corazón para mí, aún si no me aceptaba en ese momento, no me daría por vencido.
—Ricardo, yo no puedo estar contigo. Ya no soy esa jovencita que soñaba con pasar contigo el resto de la vida. Soy una mujer divorciada y tengo dos hijos.
—Lo sé y créeme que eso te vuelve mucho más valiosa ante mis ojos —le dije con suavidad, no sabía exactamente qué palabras usar, pero le dije lo primero que sentí y que era real —porque eres una excelente madre, Dafne y Emir son unos niños maravillosos y en el poco tiempo que llevo de conocerlos siento que no hay otra cosa que quiera más aparte de estar a tu lado, que jugar con ellos y verlos crecer.
—Arregla tu relación con Mónica, ella te ama —me dijo haciendo caso omiso a lo que le decía, sé que no era porque no me hubiera entendido o no me creyera, ella se rehusaba a abrirse a la posibilidad, más aún con la estupidez que cometí —sino fuera así, con lo orgullosa que es no habría venido a buscarte después de que te pidió un tiempo, seguro que ella ya lo pensó bien —una risa apagada escapó de sus labios —Mónica es una es una mujer hermosa y muy inteligente, ustedes dos hacen muy bonita pareja.
—Angie, dices eso solo para que te deje, está bien, lo entiendo —dije, haciéndome a un lado para que ella pudiera subir a su auto —te dejaré ir por ahora, pero no olvides que te amo y te voy a esperar hasta que estés lista.
Con una última mirada dubitativa, Angie subió a su auto, sabía que tendría que esforzarme si quería recuperar lo perdido, por el momento no tenía caso seguir insistiendo, tendría que hacer que mis palabras fueran respaldadas con mi comportamiento.
—Hasta mañana, Ricardo —se despidió al tiempo que avanzaba lentamente en su coche.
—Hasta mañana, mi Angie —susurre mientras la veía alejarse.