Renace en el cuerpo de Sigrid, una hermosa mujer, que sufre por un mal amor.. Pero ella lo cambiará todo..
* Esta novela pertenece a un gran mundo mágico *
** Todas novelas independientes**
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Festival 3
Cuando la música se apagó y los aplausos llenaron el aire, Sigrid no hizo el más mínimo amague de apartarse de Wyatt. Al contrario, se quedó a su lado como si aquel lugar le perteneciera por derecho divino… Su mano aún rozaba la manga de él pura casualidad, por supuesto, como siempre.. y su sonrisa tranquila decía “sí, aquí estoy, ¿algún problema?”
-Debo admitir -comentó Wyatt en voz baja, mirándola con una mezcla de distracción y diversión- que bailas mejor de lo que dices.
-Eso es porque mis pies son tímidos -respondió Sigrid muy seria-. Les toma un poco de tiempo antes de mostrar su verdadero talento.
Él soltó una risa breve. Y eso fue lo raro.. se sentía cómodo. Demasiado cómodo. Como si hablar con Sigrid fuera tan natural como respirar. Igual que en el pueblo de las rosas, ella lo miraba con esos ojos brillantes que parecían estar siempre tramando algo… pero nada de eso se sentía peligroso. Solo agradable. Calmo. Peligrosamente calmo.
Mientras tanto, Sigrid se dedicaba a su pasatiempo favorito.. coquetear sin discreción. Se inclinaba un poco hacia él cuando hablaba, jugaba con un mechón de su cabello rojo lleno de piedras preciosas y sonreía como si el universo entero fuera una broma privada entre ellos dos.
-¿Y bien, mi lord? -preguntó con falsa inocencia-. ¿Ha venido al festival a trabajar su ceño fruncido o solo a disfrutar de mi deslumbrante compañía?
-Sigo evaluando mis prioridades -replicó Wyatt, intentando sonar neutral… y fracasando un poco.
Todo eso, por supuesto, ocurría bajo la atenta mirada de Wilder.
Wilder, que estaba al otro lado de la plaza con la mandíbula tan apretada que podía partir nueces con los dientes. Cada vez que Sigrid reía, algunas personas giraban la cabeza. Cada vez que Wyatt se inclinaba hacia ella, los murmullos crecían. Y lo peor no era verla feliz. No. Lo intolerable era el rumor que ya corría como una chispa entre la paja..
“Parece que la heredera prefiere al duque Wyatt… ¿Y Wilder? Bueno… alguien tenía que ser la opción descartada.”
Wilder no soportaba eso. No era celos por Sigrid.. eso jamás lo admitiría ni en otra vida.. sino puro orgullo herido. Él estaba acostumbrado a ser el centro, la elección obvia, el sol alrededor del cual los demás orbitaban. Y sin embargo ahí estaba… ignorado. Rechazado públicamente. Mientras la “inútil heredera” se comportaba como una pequeña reina, riendo con alguien más.
Sus manos se cerraron en puños. El enojo le subía a la cara, la sangre golpeando en sus sienes. Por un instante pensó en marcharse… pero su orgullo le clavó los pies al suelo. No iba a huir. No iba a darle a nadie más tema de conversación.
Wyatt, en medio de todo, sentía algo nuevo.. confusión. Porque cuanto más hablaba con Sigrid, más natural le parecía su cercanía. Ella lo miraba como si se conocieran de toda la vida, como si él fuera… seguro. Y aunque su mente le gritaba que mantuviera distancia, su corazón muy imprudente se quedaba.
Sigrid, por su parte, estaba encantada.
No solo por Wyatt.
Sino porque, al mirar de reojo, veía a Wilder rojo de furia como un tomate podrido..
Y eso, admitámoslo, era un espectáculo digno del precio de entrada al festival.
Wyatt siguió caminando junto a Sigrid por el festival como si fueran una pareja que llevaba años practicando eso de “pasear juntos sin parecer sospechosos”. Ella mordisqueaba una manzana acaramelada con aire angelical.. él miraba alrededor fingiendo que todo le daba igual, cuando en realidad estaba alerta..
Y entonces ocurrió.
A pocos pasos frente a ellos apareció Wilder.
No fue casualidad. Wyatt lo supo de inmediato. Esa clase de “encuentros mágicos” sólo existían en las novelas… o cuando alguien se esforzaba muchísimo por parecer natural. Wilder tenía esa sonrisa tensa de “oh, mira qué coincidencia, justo pasaba por aquí desde hace diez minutos esperando que aparecieras”.
-Sigrid -dijo él, con voz firme.
Sigrid alzó una ceja. Miró a Wilder. Luego miró su manzana. Luego a Wilder otra vez.
Y continuó caminando. Como si él fuera un mueble. O peor.. aire.
Wilder, que no estaba acostumbrado a ser ignorado ni por los espejos, se enfureció. Dio dos pasos y le tomó del brazo para detenerla. No con violencia… pero con suficiente insistencia como para que a Sigrid se le borrara la sonrisa.
-Te estoy hablando -gruñó él-. No seas irrespetuosa. No te vayas.
-suéltame…
Wyatt ya había tensado los hombros, listo para interceder y separar a su sobrino antes de que aquello escalara. Pero Sigrid fue más rápida. Mucho más.
Giró la cabeza lentamente, sus ojos verdes centelleando como si acabara de activar el modo “reina ofendida”. Su voz salió suave pero helada..
- Te dije que me soltaras..
Wilder abrió la boca para responder… y nunca terminó la frase.
¡PAF!
La bofetada resonó como si alguien hubiese dado una palmada para iniciar el segundo acto del festival. Varias personas se quedaron inmóviles, otras disimularon mal mirando por el rabillo del ojo.
Wilder quedó congelado. La marca de la mano de Sigrid empezaba a dibujarse en su mejilla como obra de arte moderna.
-Te dije -repitió ella con total calma, enderezando el vestido y retirando su brazo- que. me. soltaras.
No gritó. No lloró. No tembló.
Wyatt, por primera vez en mucho tiempo, se quedó sin palabras. Parte de él quería reír por lo absurdo de la escena.. otra parte estaba orgullosa de que Sigrid se defendiera..
Wilder, todavía en shock, bajó lentamente la mano a su mejilla. Sus ojos ardían, no por el golpe… sino por el hecho de haber sido humillado delante de todos. Otra vez.
y se entregaron a la pasión
🥰🥰🥰🥰
–Sigrid Richardson, 2026 🤣🤣