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UN AMOR PROHIBIDO PARA MÍ..

UN AMOR PROHIBIDO PARA MÍ..

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Amor prohibido / Diferencia de edad
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: M. Valen

A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.

NovelToon tiene autorización de M. Valen para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Donde el silencio también duele

La casa de Nat siempre había sido un lugar seguro para mí. Esa noche, más que nunca, se convirtió en refugio.

Apenas crucé la puerta, no pude sostenerme más.

Natali:

—Mel…

No terminé de escuchar su voz cuando mis piernas fallaron. Me abrazó justo a tiempo, y allí, en su hombro, lloré como no lo había hecho en semanas. Lloré por el miedo, por la mentira, por la forma en que Alejandro me miró… como si ya no me reconociera.

Natali:

—Respira, nena… respira conmigo.

Melani:

—Él lo encontró, Nat…

—La prueba…

Ella cerró los ojos con fuerza.

Natali:

—Sabía que iba a pasar, pero no así…

Me separé apenas para mirarla.

Melani:

—Me habló horrible.

—No me dejó explicar nada.

Nat apretó la mandíbula.

Natali:

—Mel, escucha algo…

—Que esté molesto no le da derecho a romperte así.

Me senté en el sofá, abrazándome el vientre por reflejo, como si pudiera protegerlo de todo.

Melani:

—Tengo miedo.

—No solo por mí… por el bebé.

Nat se sentó frente a mí, bajando la voz.

Natali:

—¿Tú quieres a ese bebé?

No dudé en responder.

Melani:

—Sí.

—Aunque tenga terror… sí.

Nat sonrió apenas, con los ojos brillosos.

Natali:

—Entonces eso ya dice mucho de ti.

...****************...

...****************...

...****************...

Mientras tanto, en otro lugar, Alejandro no encontraba paz.

La casa estaba en silencio, pero su cabeza era un caos. La imagen de Mel saliendo con los ojos llenos de lágrimas no lo dejaba respirar. Se sentó en la cama, mirando el cajón abierto, vacío ahora… pero con el peso de lo que había contenido.

Alejandro (pensamiento):

Estoy furioso… pero no puedo dejar de pensar que también estaba asustada.

Recordó cada vez que la notó distante. Cada “estoy cansada”, cada “me duele la cabeza”. Recordó cómo ella lo miraba, esperando algo… quizás comprensión.

Alejandro:

—Joder…

Se pasó las manos por el cabello.

Alejandro (pensamiento):

No reaccioné bien. Nada bien.

Pero el miedo seguía ahí.

Miedo a no estar listo.

Miedo a fallar.

Miedo a perderlo todo.

****************

En casa de Nat, el celular vibró sobre la mesa.

Melani lo miró sin tocarlo.

Natali:

—¿Es él?

Asentí.

Melani:

—No puedo hablarle ahora.

Natali:

—Y no tienes que hacerlo.

—Primero estás tú.

El teléfono volvió a vibrar.

Alejandro:

Mel, por favor… respóndeme.

Sentí un nudo en el pecho.

Melani:

—No sé qué hacer, Nat.

Natali:

—Nada esta noche.

—Descansa. Llora. Respira.

—Mañana será otro día, aunque duela igual.

Me levanté para ir al baño, mirándome en el espejo. Tenía los ojos hinchados, el rostro cansado… pero algo dentro de mí seguía firme.

Melani (susurrando):

—No soy una mala persona…

...****************...

Me acosté en la cama que Nat me preparó. El techo se me hizo eterno. Pensé en Alejandro, en su enojo, en sus palabras… pero también en sus manos cuando antes me cuidaban, en su forma de decir “mor” bajito.

En otro cuarto, Nat escribía un mensaje que dudó en enviar… pero lo hizo.

Natali a Alejandro:

Está conmigo. Está a salvo.

No la busques hoy.

La rompiste más de lo que crees.

Alejandro leyó el mensaje con el pecho apretado.

Alejandro (pensamiento):

¿Qué hice?

Se dejó caer en el sofá, mirando la nada.

Alejandro:

—La amo…

—Pero tengo miedo.

Y por primera vez desde que encontró la prueba, entendió algo que no había querido aceptar:

no solo estaba perdiendo a Mel…

estaba a punto de perder la oportunidad de hacer las cosas bien.

Mientras tanto, yo cerré los ojos, con una mano sobre mi vientre y otra apretando la almohada.

Melani (pensamiento):

No sé qué va a pasar mañana…

pero esta noche voy a protegerme.

Por mí.

Por mi bebé.

Y así, entre dos silencios distintos —el mío lleno de lágrimas, el suyo lleno de culpa—, empezó el verdadero quiebre… y quizá, también, el comienzo de algo que aún ninguno sabía nombrar.

...****************...

...****************...

La madrugada avanzaba lenta, como si el tiempo se hubiese detenido solo para torturarme un poco más. El reloj marcaba las 2:47 a.m. cuando abrí los ojos. No había logrado dormir. Cada vez que lo intentaba, la imagen de Alejandro con la prueba en la mano regresaba como un golpe seco al pecho.

Me giré de lado, abrazando mis piernas.

Melani (pensamiento):

¿En qué momento todo se salió de control?

No era solo el embarazo. Era la mentira, el silencio, el miedo acumulado durante semanas. Yo no había querido engañarlo por maldad, sino por terror. Terror a perderlo, a decepcionarlo, a verlo irse.

La puerta de la habitación se abrió despacio.

Natali:

—¿Sigues despierta?

Asentí sin mirarla. Ella entró y se sentó a mi lado, apoyando la espalda de las almohadas.

(algo así)

Natali:

—Yo tampoco puedo dormir.

Hubo unos segundos de silencio.

Natali:

—Mel… ¿qué fue lo que más te dolió?

Tragué saliva.

Melani:

—Que no me dejara hablar.

—Que no me mirara como antes.

Mi voz se quebró.

Melani:

—Sentí que ya no era su amor…

—solo un problema.

Nat apretó los labios.

Natali:

—Eso no es verdad.

—Pero sí reaccionó desde el miedo, no desde el amor.

Me senté despacio.

Melani:

—¿Y si ya no me ama, Nat?

—¿Y si esto fue el final?

Natali giró su cuerpo hacia mí.

Natali:

—Escúchame bien.

—Si esto es el final, no será porque tú fallaste.

—Será porque ambos no supieron cómo sostenerse.

Mis lágrimas volvieron a caer.

Melani:

—Yo solo quería protegerlo…

—y terminé haciéndole daño.

En ese mismo instante, el celular de Nat vibró. Ella miró la pantalla y suspiró.

Natali:

—Es él.

Mi corazón dio un salto.

Melani:

—¿Qué dice?

Nat dudó un segundo antes de leer.

Natali:

—“Necesito verla.

No para discutir.

Para pedirle perdón.”

Sentí un nudo en el estómago.

Melani:

—No estoy lista.

Natali:

—Y está bien.

—No tienes que estarlo hoy.

...****************...

...****************...

...****************...

...****************...

Mientras tanto, Alejandro caminaba de un lado a otro en la sala. No había dormido ni un minuto. El enojo se había ido disipando, dejando espacio a algo peor: culpa.

Alejandro (pensamiento):

Le hablé como si no importara…

como si no fuera la mujer que amo.

Se sentó, cubriéndose el rostro con las manos.

Alejandro:

—Soy un imbécil…

Recordó su llanto, la forma en que intentó hablar y él no la dejó. Recordó que Mel nunca había sido impulsiva, nunca había hecho nada sin pensar. Y aun así, él reaccionó sin escuchar.

Alejandro (pensamiento):

Tenía miedo…

pero ella estaba sola.

Miró su teléfono.

Alejandro (mensaje):

Mel, no espero que me respondas.

Solo quiero que sepas que lo siento.

No por estar molesto…

sino por no escucharte.

...****************...

En casa de Nat, el mensaje llegó. Lo vi aparecer en la pantalla, pero no lo abrí.

Melani:

—No puedo leerlo todavía.

Natali:

—Entonces no lo leas.

Me recosté otra vez, esta vez colocando ambas manos sobre mi vientre.

Melani (pensamiento):

No sé qué tipo de madre seré…

pero sé que no quiero criar a alguien en medio de gritos y silencios.

El amanecer comenzó a colarse por la ventana. El cielo estaba gris, como si incluso el día dudara en empezar.

Natali:

—Mel… pase lo que pase con Alejandro…

—tú no estás sola.

La miré, con los ojos cansados.

Melani:

—Gracias por no soltarme.

Nat sonrió con tristeza.

Natali:

—Eso nunca estuvo en duda.

...****************...

En otra casa, Alejandro observaba el mismo amanecer desde la ventana. Dos personas, dos lugares distintos, mirando el mismo cielo… con el mismo miedo.

Alejandro (pensamiento):

Si no hago algo distinto…

la voy a perder para siempre.

Y así terminó la noche.

No con respuestas.

No con soluciones.

Sino con una verdad pesada y clara:

el amor seguía ahí…

pero ahora estaba herido, confundido y colgando de un hilo demasiado frágil.

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Beatriz Norma Gauna
Que paso esta historia quedó inconclusa o Terminó así sin final
Mel. Valentina: aún no termina jjjjj solo que tengo exámenes lo siento ya actualizo denme unos momentos... siento que enloquecere jjjj
total 1 replies
Beatriz Norma Gauna
Buenísimo hasta ahora me encantó
Beatriz Norma Gauna
Creo que tiene que decirle que está embarazada Ya es demasiado tiempo ocultando lo y haciendo se la cabeza.
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