Hao Yun, una médica militar moderna, sufre un accidente después de ser engañada en su boda y renace como Feng Yun en un mundo de novela, casada con el cruel Rey del Norte, Mo Long. Al descubrir que él la usó bajo efectos de un veneno y está enamorado de otra mujer, lo deja amarrado con una nota desafiante, se hace pasar por hombre con el nombre de Hao Yu y huye.
Pasados siete años, regresa al palacio del Norte obligada por un decreto militar, llevando a sus tres hijos trillizos – Li, Shān y Jun – a quienes presenta como suyos para evitar problemas en un mundo machista. Los pequeños son expertos en travesuras que causan caos por todo el palacio, y cuando Mo Long ve a Li – que tiene sus mismos ojos y cabello – empieza a sospechar la verdad sobre la identidad de Hao Yu y el origen de los niños.
Ahora, Hao Yun deberá ocultar su secreto mientras lidia con las travesuras de sus hijos, el interés del rey y los peligros que la rodean.
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Travesuras con exasesinos y el plan más ridículo de Lin Xiang
Al tercer día de que los exasesinos se quedaran en el campamento, los niños ya habían ideado una nueva forma de «entrenar» a sus nuevos amigos. Shān había inventado un «curso de supervivencia» que consistía en cruzar el campamento sin pisar el suelo – usando solo cuerdas tendidas entre árboles y mesas apiladas:
«¡El objetivo es llegar al otro lado sin caer! ¡Pero cuidado, porque Jun ha puesto polvos cosquillosos en las cuerdas!» – anunció Shān, mientras uno de los exasesinos se colgaba de una cuerda y empezaba a reír a carcajadas por las cosquillas, acabando cayendo en un montón de paja que los niños habían puesto como colchón.
Jun, por su parte, había creado un «juego de sigilo» donde tenían que moverse sin hacer ruido por el campamento – pero había esparcido cascabeles en el suelo y puesto gallinas rosas en los árboles que picoteaban a cualquiera que se acercara demasiado: «¡No pueden hacer ruido! ¡Si las gallinas cantan, pierden!» – gritó Jun, mientras un exasesino intentaba moverse de puntillas pero se tropezó con un cascabel y las gallinas empezaron a cacarear a todo pulmón.
Li había organizado un «concurso de canciones» donde todos tenían que componer letras ridículas sobre sus vidas pasadas. Uno de los exasesinos cantó: «¡Yo era un asesino muy serio, pero ahora canto con gallinas rosas y me río sin parar!» – mientras todos bailaban al compás de los tambores que Shān tocaba con los pies porque se le habían olvidado las manos.
Mientras tanto, Mo Long me llamó a su tienda con su ya conocida voz juguetona: «¡Yu! ¡Ven aquí, por favor! ¡Me he torcido el tobillo... ¡y necesito que me ayudes a bañarme para que la hinchazón baje!»
Cuando entré, lo encontré tendido en su cama con el tobillo envuelto en una venda que tenía dibujos de flores que Li le había pintado. «¡Majestad! ¡Pero ese tobillo no parece torcido – ¡ni siquiera está hinchado!» – dije, poniéndome roja mientras él se rió a borbotones.
«¡Pues claro que lo está! ¡Espero que me bañes con mucho cuidado, usando esos aceites aromáticos que te gusta usar... ¡y quizás me cuides el pelo también!» – dijo, mientras se quitaba la túnica con la misma destreza de siempre, aunque esta vez llevaba debajo un chaleco con motivos de payasos que los niños le habían regalado.
Así que empecé a bañarlo – pero Mo Long no dejaba de hacer travesuras: cada vez que pasaba la esponja por su espalda, él hacía sonidos de felicidad como un gato ronroneando; cuando le lavaba el pelo, se ponía los ojos como platos y decía: «¡Yu! ¡Eres mejor que la estilista del palacio imperial! ¡Deberías abrir tu propia tienda!»
Mientras yo le secaba el pelo con un paño, él empezó a cantar la canción de las gallinas rosas con una voz que se le quebraba de risa: «¡Gallinas rosadas, gallinas rosadas, mi médico me lava el pelo y es una maravilla!» – gritó tan alto que los soldados de fuera empezaron a tararear la nueva versión de la canción.
Justo en ese momento, un soldado llegó corriendo con la cara roja de la risa: «¡Majestad! ¡Lin Xiang ha llegado... ¡y trae un «ejército» con ella!»
Todos fuimos a ver y quedamos petrificados de la risa: Lin Xiang venía montada en un burro demasiado pequeño para ella, vestida con un vestido de seda dorada que se le caía por un hombro, y detrás llevaba a diez hombres vestidos como caballeros pero con armaduras hechas de cartón y pintadas con pintura que aún no se había secado.
«¡Mocosos! ¡Hao Yu! ¡Hoy acabaré con ustedes! ¡He venido con mi ejército de caballeros invencibles!» – gritó Lin Xiang, pero el burro se dio media vuelta y empezó a comer las hojas de un árbol que estaba cerca, así que tuvo que tirar de las riendas con todas sus fuerzas: «¡Vuelve aquí, burro ingrato!»
Los niños y los exasesinos se miraron entre sí y empezaron a preparar su «bienvenida». Shān tocó los tambores con tanto ímpetu que se le salieron los dedos de las manos; Jun echó polvos coloridos por el aire que hicieron que la pintura de las armaduras de cartón se corriera; y Li empezó a cantar una nueva canción especialmente para Lin Xiang:
«¡Lin Xiang, Lin Xiang, vienes en un burro, tu ejército es de cartón y te ves muy tonta! ¡Tienes el vestido caído y el pelo desordenado, así que preparaos que vais a reír mucho!»
Los «caballeros de cartón» se quedaron mirando sus armaduras que se estaban desmoronando por la pintura mojada. Uno de ellos intentó sacar su espada, pero era de madera y se partió en dos: «¡Mi espada se ha roto! ¡Qué hacemos!»
Lin Xiang intentó bajarse del burro, pero se enredó en las riendas y cayó de bruces en un charco de barro que los niños habían dejado del «entrenamiento» de los exasesinos. Quedó completamente cubierta de barro y el vestido dorado se volvió de color marrón oscuro: «¡Ayuda! ¡Me he ensuciado todo!»
Mo Long se acercó con su túnica negra : «¡Lin Xiang! ¡Qué sorpresa! ¡Ven a comer con nosotros – los exasesinos han hecho una sopa deliciosa! ¡Y además, podemos ayudarte a limpiar ese vestido... ¡con los polvos de Jun que hacen cosquillas!»
Los «caballeros» se rieron tanto que sus armaduras de cartón se desplomaron completamente, y uno de ellos se orinó de la risa al ver a Lin Xiang intentando limpiarse el barro con las manos y acabándose pintando la cara de negro.
Los niños decidieron entonces «transformar» a los hombres de Lin Xiang: Li les puso coronas de flores, Jun les pintó los rostros con colores brillantes, y Shān les enseñó a bailar la danza guerrera de Mo Long. En pocos minutos, los «caballeros invencibles» se habían convertido en un grupo de bailarines con rostros de colores y coronas de flores, cantando la canción de las gallinas rosas.
Lin Xiang, después de limpiarse un poco, se rió tanto que se cayó de nuevo al suelo: «¡Nunca he visto nada tan ridículo en mi vida! ¡Pero... ¡es divertido! ¿Puedo quedarme también? ¡Quiero aprender a bailar esa danza!»
Todos los presentes – soldados, exasesinos, niños y ahora Lin Xiang con el vestido manchado – se pusieron a bailar en círculo alrededor del campamento, con las gallinas rosas revoloteando a su alrededor y los tambores sonando a todo pulmón.
Mientras bailaba junto a Mo Long, él me cogió suavemente de la mano y susurró: «¡Yu! ¡Este es el mejor campamento del imperio! ¡Y tú eres el mejor médico... y compañero que podría desear! ¿Me ayudas a bañarme mañana también? ¡Mi otro tobillo está empezando a doler!» – dijo con una sonrisa pícara, aunque seguía sin decir ni una palabra sobre el secreto que llevaba guardado en su corazón.
Por la noche, todos cenamos juntos alrededor de una hoguera – Lin Xiang contaba historias de la corte mientras los niños le hacían trenzas con flores en el pelo, y los exasesinos demostraban sus «habilidades de sigilo» moviéndose sin hacer ruido... pero siempre terminaban tropezando con las gallinas rosas. Lin Xiang no es mala solo una mujer caprichosa que fue criada para servirle a un hombre, ella era una víctima más de este sistema machista.