Después de su único novio a los 26 años, no ha tenido suerte en el amor, y aunque luego se enamoró de un compañero de trabajo, él solo se burló de sus sentimientos, por lo que decidió dejar al amor en el último puesto de su lista para ser feliz.
Actualmente, con cuarenta años, Aldana quiere sentir lo que jamás ha tenido; un sentimiento complejo y lleno de placer, pero no tiene con quién.
Para conseguir lo que desea, le pedirá ayuda a su mejor amigo; ahora bien, ¿qué será lo que necesita de él? ¿consejos, contención, ayuda, o algo más?
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La historia completa
El camino hacia el departamento del bombero es silencioso, mientras él piensa qué decir para hacerla feliz, y Aldana mira por la ventana, recordando el pasado.
El auto es estacionado y ambos bajan de él, dirigiéndose al edificio.
Gonzalo la vigila de reojo, preocupado de que algo pueda pasarle, pero ella nunca se da cuenta.
Llegando al departamento, la pelirroja se sienta en el sofá y él va hasta la cocina, sirviéndole un vaso de agua, aunque no lo ha pedido.
Nuevamente, cerca de ella, le ofrece la bebida y sólo recibe una pequeña sonrisa.
—¿Tienes algo más fuerte?— pregunta aún triste.
— Sí— afirma entendiéndola.
Vuelve a la cocina agarrando una botella de whisky y dos vasos porque supone que puedan pasar dos cosas; quiere hablar o emborracharse, pero en ambos va a acompañarla.
En la sala, Aldana se quita sus tacones y se acomoda mejor en el sofá, al mismo tiempo que recoge su largo pelo en una coleta, tomando valentía para contar algo que siempre le ha dolido. Sin embargo, está lista para decirlo en voz alta por primera vez.
Ve a Lalo venir con "eso" que seguramente le dará más valor del esperado y se remueve en su lugar al ver que sus músculos se han tensado con el simple movimiento de agarrar algo con esas grandes manos, haciendo notorias sus venas.
—Esto servirá— le avisa él mostrándole la bebida.
La deja en la pequeña mesa central y se acomoda a su lado para servir, entregándole uno a la colorada.
—¿Un brindis por nuestro título como Padrinos?— la invita, queriendo que se distraiga.
—Brindemos por los trillizos, Iker, Unai y Laia. — responde aceptando feliz.
—Han nacido tres rojitos, como lo llama Yura a Aarón— se ríe.
—Tenemos genes fuertes— bromea Aldana— Aunque estaban durmiendo, así que no hemos visto sus ojos.
—¿Quieres apostar?— invita él picaramente.
— Bien, si son grises tendrás que volver a boxear por varios meses.
— Creo que quieres verme en acción— bromea haciendo que ella se sonroje, aunque para disimular toma de su fuerte trago— Pero acepto — asiente— Si llegan a tener ojos azules tendrás que salir a correr en las mañanas conmigo.
—Por lo que veo, quieres tenerme a tu lado desde muy temprano— también bromea contraatacando.
—Qué chistosa— juguetea— El castigo que te impongo es porque sé que odias correr, en cambio el que tú has puesto para mí, es... motivacional— sonríe— Hace varios años que no práctico
—No te romperás una uña si vuelves a hacerlo— voltea los ojos— Yo solamente pensé en lo que siempre haces en el gimnasio.
—La bolsa de boxeo— asiente recordando.— Está bien, podré perder, pero tú también me acompañarás a boxear.— la señala
—Definitivamente, quieres tenerme a tu lado— lo golpea suavemente en su hombro, terminando el primer vaso de Whisky
—¿Estás mejor?— cambia de tema sirviéndole nuevamente.
—Sí— suspira—¿Puedo contarte cómo empezó todo, sin que me reproches algo?
—¿Por qué lo haría?— cuestiona confundido.
—No lo sé, serías el primero en saber mi secreto— sus ojos azules conectan con el marrón de Gonzalo y él asiente, permitiéndole iniciar su historia— Siempre fui tímida en mi adolescencia y hasta llegué a sufrir bullying por ser pelirroja; me decían las típicas estupideces de "cabeza de zanhoria" etc. Qué obviamente, era chica y me hacía sentir mal. — su amigo comprende— Novios era impensado conseguir por ese mismo motivo, hasta que cursé mi último año liceal. Hoy en día puedo decir que ni siquiera es catalogado como relación porque solo fueron unos besos y nada más.— suspira— Soltera y casi sola durante años, pero conocí a cierto chico a mis 26 años. Él sí fue considerado mi novio; se los presenté a mis padres y a Aarón, aunque lo odiaban. En fin, duramos casi dos años y terminamos porque me engañó.
—¡Qué idiota!— se le escapa a Gonzalo. Su intensión no era decirlo en voz alta, pero su enojo fue mayor.— Lo siento.
—Tranquilo— ríe Aldana— Fue un completo imbécil y mi hermano se vengó con algunos golpes— siguió riendo al recordar eso— Ahí dije que nunca más me enamoraría, pero sabemos que eso es imposible de cumplir, además que hay oportunidades inevitables. — él asiente, por lo que está sintiendo actualmente— A los 32 más o menos, mi ex compañero entró a trabajar en Negocios Internacionales y me tocó instruirlo, entonces nos fuimos acercando y creando cierta...— busca la palabra correcta— relación.
—Supongo que hablas de...— trata de recordar su nombre y lo consigue—Pedro.
—Sí— afirma volviendo a terminar otro vaso; el que llena ella misma— Estuvimos varios meses juntos, aunque en secreto porque las relaciones internas estaban prohibidas. Antes de que me dejara, me enteré que estaba embarazada — siente que su garganta se cierra por el triste desenlace — Se lo conté porque fuera de la empresa parecíamos una pareja, pero nadie lo sabía, ni siquiera mi familia, aunque Aarón sospechaba que yo estaba enamorada de él. — sonríe con amargura— En cuestión de días, me dijo que lo nuestro ya no podía existir porque se enamoró de alguien más y me pidió que abortara, pero no le hice caso. — una lágrima rueda por la mejilla de Aldana, siendo limpiada con ternura por Gonzalo, quien a su vez, se acerca aún más para consolarla.
—No es necesario que continúes— le avisa tratando de quitarle el peso de revivir esa tristeza.
— Necesito desahogarme—le hace un puchero que automáticamente, lo obliga a afirmar, dejando que siga con la historia— Esa otra mujer es la hija de mi jefe y en menos de cuatro meses se casaron. El problema es que un mes antes de su boda, los ascensores no funcionaron en la empresa y tuve que usar las escaleras. Sin embargo...— sus lágrimas se transforman en una gran cascada que es imposible de detener, por lo que el bombero la abraza— algo me hizo caer. Rodé varios pisos y perdí a mi bebito. — hace unos segundos de silencio y prosigue— Por eso es que me culpo. Yo debía ser más cuidadosa, ver por dónde camino, qué es lo que piso...— él la interrumpe con una pregunta muy importante.
—¿Tropesaste sola o te empujaron?— no mide sus palabras al decirlo tan directamente, logrando, sin querer, que ella se retire inmediatamente de su cuerpo.
— ¿Por qué lo dices?
— Colo, es sospechoso que un mes antes de esa boda, tú tuvieras un accidente. Él ya te había pedido que abortaras porque no quería nada que lo atase a ti y que perjudicará su siguiente relación. — suspira— Es la hija de su jefe y sabía que podía conseguir un alto rango con su suegrito.
—Estuve tan cerrada en mi dolor que no pensé en eso.— confiesa mirando al piso.
—¿Tú hermano no investigó esa caída?
—Supo del accidente y me cuidó en el hospital, pero creí que fue mi culpa, así que no lo dejé demandar a la empresa o profundizar en eso. Además, usé mi derecho como paciente y no le di autorización al médico de que mencionara mi pérdida .
—¿Volviste a trabajar enseguida?— cuestiona él evitando lo recién dicho por ella.
—No, hice luto en secreto porque el doctor me había otorgado un mes de licencia. Cuando volví a trabajar, Pedro personalmente, me dio la invitación para su boda.
—Ese maldito idiota —Gonzalo se levanta de su lugar y camina frente a Aldana, quien puede ver su enfado.— Estoy muy seguro que él tiene que ver con tu caída.
— Sí llegas a tener razón, entonces es el asesino de su propio hijo— asegura ella.
—¿Sabes qué? A la mierda la apuesta—expresa alterado, agarra la botella y toma directamente del pico. A la pelirroja no le gusta verlo así y eso que es la primera vez que lo observa en ese estado, por lo que también se levanta y se acerca para quitársela, aunque él no se lo permite, dejándola detrás de sí mismo y agarrando por la cintura a su amiga, con la mano que le queda libre— Tú, querida y hermosa Colo, empezarás a Boxear conmigo y la próxima vez que veamos a ese idiota, no fingiremos ser novios, sino que le darás una gran paliza.
Sus cuerpos pegados, sus caras a pocos centímetros de distancia, el aliento de Lalo chocando contra los labios de Aldana, el fuerte agarre y el efecto del whisky, generan en la pelirroja unas grandes ganas de besarlo. Sin embargo, no es la única que sufre tal cosa; él muere por probarla. Están un cómodo silencio por varios minutos mientras se miran a los ojos, recorriendo cada poro de sus pieles y observando los labios del otro, anhelando volver a sentirse unidos, como el día que fingieron una relación.