La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
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Capítulo 13
Emma tomó la mano de la niña con firmeza, sabiendo que si la dejaba allí un minuto más, la echarían. Al ser una figura de autoridad en la empresa, no tendría problemas en llevársela, aunque sabía que no estaba permitido traer niños al trabajo.
— Tranquila, cariño. Estás bien conmigo. — Le dijo suavemente, mientras la conducía al ascensor, sujetando su mano con delicadeza.
La niña no soltaba la mano de Emma; se sentía segura a su lado. Cuando llegaron al piso de Emma, Nicole estaba a punto de decir algo, pero su mirada se desvió hacia la pequeña, su expresión cambiando a una de confusión.
— ¿Y esa niña? ¿Es tu sobrina? — Preguntó Nicole, extrañada.
Emma negó con la cabeza, y con una mirada le indicó que fueran a su oficina. Una vez dentro, Emma sentó a la niña en un pequeño sofá y le entregó el postre que había comprado.
— Aquí tienes, mi amor, esto es para ti. — Dijo con una sonrisa.
— Gracias, tía. — Respondió la niña con inocencia, y el corazón de Emma se aceleró al escucharla llamarla así.
— ¿Quieres algo más? — Preguntó Emma, pero la pequeña negó con la cabeza.
— Entonces… ¿es tu sobrina o no? — Insistió Nicole, aún desconcertada.
— No, la encontré en la entrada de la empresa. Uno de los guardias estaba a punto de echarla, ¡me dio tanta rabia verlo! — Emma suspiró, llevándose las manos a la cabeza. — Pero ahora me la traje, y si sus padres la están buscando... Ay, Nico, creo que me meteré en un buen lío.
— Si estaba sola y a punto de que la sacaran, probablemente sus padres no estaban cerca. — Reflexionó Nicole, encogiéndose de hombros. — Mejor preguntémosle directamente. — Se arrodilló frente a la niña y le habló con dulzura. — Hola, pequeña, ¿dónde están tus papás? ¿Dónde está tu mami?
Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas casi de inmediato, y su carita se puso roja mientras trataba de responder.
— Mi mami me abandonó. — Dijo entre sollozos, limpiándose los ojitos con las manos. — Ella no me quería…
— ¡Ay no! Creo que la he arruinado… Emma, la niña está llorando. ¿Qué hacemos? — Nicole, nerviosa, no sabía cómo manejar la situación, ya que nunca le habían gustado los niños.
Emma se acercó rápidamente, levantó a la pequeña y la sentó en sus piernas, abrazándola mientras le acariciaba la espalda para tranquilizarla.
— No digas eso, mi amor, tu mami te quiere mucho. — La voz de Emma era suave, aunque su corazón se rompía al escuchar a la niña decir algo tan doloroso. — Tu mamá te ama, te lo aseguro.
Nicole, observando la escena, levantó los pulgares en señal de aprobación, impresionada por la manera en que Emma manejaba la situación. La pequeña se acurrucó más en los brazos de Emma, llorando hasta que, poco a poco, se quedó dormida.
Después de un rato, Nicole salió de la oficina en silencio, sin querer molestar a la niña. Emma intentó recostarla en el sofá, pero en cuanto la pequeña sintió que se separaban, se aferró más a ella. Así que, resignada, Emma la sostuvo en sus brazos.
Sabía que tenía que ponerse al día con el informe que debía entregar, por lo que decidió sentarse en su escritorio, con la niña aún en sus brazos. Afortunadamente, solo necesitaba hacer unas cuantas modificaciones al documento. De vez en cuando, levantaba la vista para asegurarse de que la pequeña seguía bien.
Desde fuera de la oficina, Nicole observaba con admiración cómo Emma trabajaba con la niña en brazos, algo que ella jamás haría, ni se imaginaba haciendo. Cuando Emma terminó, se reclinó en su silla, exhausta, acariciando la carita de la niña mientras pensaba qué hacer con ella. Sabía que debía informar a las autoridades y a los servicios sociales, ya que parecía que la pequeña no tenía a dónde ir.
La paz del momento se rompió abruptamente cuando la puerta de la oficina se abrió de golpe. Dominic, el presidente, entró buscando desesperadamente a alguien. Emma se levantó, aún con la niña en brazos, confundida por la agitación. Los pasos de Dominic se detuvieron al ver la escena.
Emma salió de su oficina para enfrentarse a Dominic, que caminaba hacia ella con rapidez. Sin mediar palabra, él tomó a la niña de sus brazos. Emma, desconcertada y preocupada, intentó detenerlo.
— ¡¿Qué está haciendo?! ¡Devuélvame a mi sobrina! — Protestó, decidida a no dejar que un desconocido se llevara a la pequeña, aunque fuera el presidente de la empresa.
— ¿Tu sobrina? — Dominic la miró fijamente, con una expresión fría y penetrante. — Emma, ella no es tu sobrina... es mi hija.