Florence es una chica común de 25 años estudiante de ultimo año de literatura.
Alfred Van-Hansen un viudo de 30 años, él primer ministro más joven de la historia, padre de dos niños pequeños que intenta por todos los medios ser un padre presente y ayudar a gobernar su país.
Un escándalo hace que la vida de ellos se encuentre y nos les queda más remedio que unir sus vidas por el bien de ambos. Pero hay dos condiciones que tambalean en la mente del Primer Ministro que reconsidera donde está puesto.
El amor llega donde menos te lo esperas.
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Capítulo 11
—Papá ¿Quien es ella?
El Primer Ministro se puso de piedra, sabía que este día llegaría pero hasta ahora, no sabía que mencionarle a sus hijos. ¿Florence era su madrastra? ¿Niñera? Ni siquiera había hablado con ella al respecto y estaba arto de adivinar. Así que tomo la decisión que hoy tenía que hablar con ella.
Albert arropó aún más al niño y dejó un beso en la frente.
—Sabes que mamá está en el cielo, ¿verdad? Papá aquí en la tierra se sentía muy solo, así que consiguió una compañera y esa compañera es Florence.
—¡Entonces es nuestra nueva mamá!
El entusiasmo de su hijo fue contagioso pero la preocupación del comportamiento de Florence apartir de ahora, iba a ser crucial para sus hijos. Ellos siempre iban primero y no dudaría en alejarla de él si trataba mal a sus hijos.
—Puedes llamarme como quieras, cariño. Aunque por el momento preferiría que me llamaras Flor— La chica se encontraba totalmente despierta, se le encogió el corazón cuando el niño emocionado supo de su nueva posición y no podia negarlo, se sentía maravillada que al menos alguien la aceptara en esta familia.
—¡Flor!— grito el niño— ¡Flor, Flor, Flor! Pero ¿Hueles como una flor? ¿Hay flores tan altas como yo? ¡Papá, en la mañana vi un saltamontes! Era grande y feo, tenía...
— Creo que es momento de dormir, Connor. Mañana hablaremos.
El niño hizo un marcado puchero. Eso derritió aún más el frío corazón de Albert, el niño no era tonto, sabía que mañana solo podrían verse si desayunaba, pero el había mantenido el silencio en la mesa porque así lo prefería.
Jamás había pensado que sus hijos quisieran hablar con él.
—Te prometo, que tu padre mañana hablara contigo. ¡Mañana se tomará el día libre! —Florence metió su cuchara.
Albert se levantó del asombro, el hombre no podía hacer aquello, tenía que hablar con los inversionistas para el capital, tenía una larga lista de pendientes si los funcionarios aceptaban la iniciativa...
—No acepto un no por respuesta, él otro niño está enfermo, necesitamos a papá en acción.
Entonces miro a Ethan, dormido en su cama, un leve sudor lo cubría, sus mejillas se encontraban levemente rojas y las ojeras debajo de sus ojos aun permanecían ahí. Su corazón dolió cuando el se dio cuenta que desde que se hizo primer ministro sus hijos jamás se habían enfermado ó eso jamás fue informado, el siempre estaba enfocado en su trabajo que sus hijos eran lo segundo en la lista.
Entonces la respuesta le llego rápidamente al ver a su hijo platicar con entusiasmo lo que quería hacer al día siguiente. Con la emoción acumulada seria imposible dormirlo pero el brillo de sus ojos era inexplicable.
—Creo que es hora de dormir Connor, mañana nos espera un gran día. —Florence lo arropó más y el niño obedientemente se acomodó debajo de las sábanas.
Albert miró la escena desde la puerta, se encontraba maravillado como un niño podía apagar su enchufe de aquella manera, aún su rostro mostraba emoción pero cuando su esposa se sentó junto a la cama y empezó a leerle una historia él cerró los ojos dando por finalizada su noche.
—¿No irás a descansar, Albert?
El nego con la cabeza, sus hijos habían crecido bajo sus ojos y ni siquiera se estaba tomando el tiempo para disfrutarlos.
—Nesesitamos hablar.
Ella sabía lo que le avecinaba pero negarlo en esos momentos era una buena opción, ahora que lo habían dicho en voz alta, era inevitable negarlo, necesitaban hablar.
—¡Bueno, hagamos esto! ¿Donde quieres hablar? ¿En tu oficina? ¿En la cocina?
—No, en tu habitación.
Albert se sorprendió de sus palabras, sabia que aquel lugar no era adecuado para mantener una conversación, pero al parecer su boca no tenía filtro y en sus más oscuros deseos fueron puestos en voz alta.
Y Florence no se quedaba atrás, Albert se había comportado de esa manera, directo y sin rodeos, quizá se encontraba borracho, esperaba que no, no estaba muy agusto lidiando con un borracho
La chica asintió y dio el primer paso para salir de la habitación, dio una última mirada hacia los niños y camino por el pasillo hacia su habitación.