Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 10: El regreso y aquello que no debía nombrarse
El camino de regreso a la capital fue silencioso.
No porque no hubiera nada que decir, sino porque ambos sabían que cualquier palabra mal colocada podía romper el equilibrio frágil que se había formado entre ellos. El carruaje avanzaba con un ritmo constante, acompañado por el sonido lejano de los cascos de los caballos y el crujir de la madera bajo las ruedas.
Takumi observaba el paisaje por la ventana, pero no lo veía realmente.
Su mente seguía en el campamento.
En la sangre.
En la herida que no había sido profunda… pero sí decisiva.
Había muerto una vez protegiendo a alguien.
Y ahora alguien había hecho lo mismo por él.
Esa simetría lo inquietaba más de lo que quería admitir.
Cuando finalmente divisaron las murallas de la capital, Takumi sintió una presión conocida en el pecho. No era alivio. Tampoco miedo. Era una sensación más compleja, una mezcla incómoda de responsabilidad y algo que prefería no analizar demasiado.
El palacio los recibió con una calma engañosa.
Sirvientes inclinándose, informes acumulados, saludos formales. Todo parecía haber vuelto a la normalidad… excepto Takumi.
El rey Leonard Darlight escuchó el informe del ataque con el ceño fruncido, sin interrumpir. La reina Elias, en cambio, no pudo ocultar su angustia cuando vio el estado de Hikaru.
—Gracias por proteger a mi hijo —dijo Elias con voz temblorosa—. Le debemos mucho.
Hikaru inclinó la cabeza.
—Solo cumplí con mi deber, Majestad.
Takumi apretó los dedos contra la manga de su ropa.
No fue solo eso, pensó.
—El capitán Valen será relevado temporalmente del servicio activo —anunció Leonard—. Debe recuperarse.
Hikaru abrió la boca para protestar.
—Majestad, puedo—
—No es negociable —interrumpió Leonard—. Es una orden.
Takumi no dijo nada, pero algo dentro de él se tensó.
Separación.
Distancia.
Otra vez.
Los días siguientes fueron extraños.
Takumi retomó sus estudios, las audiencias menores, las visitas programadas. Todo seguía avanzando, pero él se sentía desfasado, como si caminara medio paso fuera del ritmo del mundo.
Cantó menos.
Pensó más.
Una noche, mientras revisaba documentos en la biblioteca, Takumi dejó la pluma sobre la mesa y apoyó la frente en el dorso de la mano.
—Esto es peligroso… —susurró para sí.
No el ataque.
No la política.
Lo que sentía.
No era amor.
Pero tampoco era indiferencia.
Era preocupación constante.
Era alivio al verlo respirar.
Era el impulso de quedarse cuando debería irse.
Y eso, en el mundo del juego, siempre llevaba a la tragedia.
Si me acerco demasiado…
Si empiezo a sentir…
El recuerdo del libro volvió a su mente con crudeza: el protagonista secundario muriendo, la sangre manchando el suelo, la culpa eterna del villano.
—No… —murmuró—. No repetiré eso.
Desde otra ala del palacio, Hikaru también luchaba con su propio silencio.
La herida sanaba rápido, pero su mente no. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Takumi inclinado sobre él, con esa expresión que no sabía interpretar.
No era miedo.
No era debilidad.
Era… cuidado.
—Concéntrate —se dijo, ajustando la venda—. Es el príncipe. Nada más.
Pero cuando escuchó una melodía suave recorrer los pasillos —una canción cantada casi en susurro—, su paso se detuvo sin querer.
No entró.
No interrumpió.
Escuchó.
🎵
“Si alejarte es protegerte,
lo haré sin mirar atrás.
Pero dime…
¿cómo se apaga lo que no pedí sentir?”
🎵
Hikaru cerró los ojos.
—Problemas… —murmuró.
Esa misma noche, Takumi tomó una decisión.
Llamó a uno de los sirvientes de confianza y habló en voz baja.
—Durante un tiempo… —dijo—. Eviten asignar al capitán Valen a mi escolta directa.
El sirviente dudó.
—¿Está seguro, Su Alteza?
Takumi asintió.
—Es lo mejor.
Para el reino.
Para él.
Para alguien a quien no podía permitirse perder.
Desde la ventana, Takumi observó la ciudad dormida.
—Si este es el precio de cambiar el destino… —susurró—. Entonces lo pagaré.
Sin saberlo, al otro lado del palacio, Hikaru miraba el mismo cielo.
Y por primera vez, ambos estaban de acuerdo en algo terrible:
Había sentimientos que nacían sin permiso.
Y evitarlos…
no siempre los hacía desaparecer.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰