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La Esposa Del Lobo De Plata

La Esposa Del Lobo De Plata

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Sebastián Volk es el hombre más temido de la alta sociedad. Tras una máscara de plata esconde un secreto monstruoso: es el último heredero de una estirpe de licántropos. Cuando la familia del Sol debe entregar una hija en matrimonio, Mía huye del compromiso y Luna ocupa su lugar. Despreciada por su madrastra, Luna ve en Sebastián la oportunidad perfecta para vengarse. Pero el lobo esperaba una esposa sumisa y encontró a una mujer que no teme desafiarlo. Entre deseo, traiciones y secretos sangrientos, ambos descubrirán que el matrimonio puede ser una prisión… o el comienzo de una guerra.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Jaula de cristal

Las luces del pasillo se encendieron de golpe.

Luna se quedó inmóvil.

El resplandor amarillento iluminó las paredes de piedra, revelando los cuadros antiguos, las puertas cerradas y las sombras que hasta hacía unos segundos le habían permitido avanzar sin ser descubierta.

Apretó la pequeña llave de plata dentro del puño.

Había llegado demasiado lejos para regresar con las manos vacías.

Detrás de ella, una puerta se cerró con un golpe seco.

Luna giró la cabeza.

No tuvo tiempo de reaccionar.

Una mano rodeó su muñeca y la obligó a detenerse. La llave estuvo a punto de caer al suelo, pero ella consiguió sujetarla antes de que sus dedos perdieran el control.

—¿Adónde crees que vas?

La voz de Sebastián le heló la sangre.

No porque gritara. No lo necesitaba.

Había algo en aquella calma que resultaba mucho más amenazante que cualquier estallido de ira.

Luna levantó la mirada.

Sebastián estaba frente a ella, vestido de negro, con la máscara de plata cubriéndole la mitad del rostro. Su expresión era ilegible, pero su mandíbula estaba tan tensa que parecía a punto de romperse.

—A dar un paseo —respondió ella.

Él no sonrió.

—¿A las tres de la madrugada?

—La casa es enorme. Necesitaba conocerla mejor.

Sebastián soltó una risa breve, carente de humor.

—No me tomes por idiota, Luna.

Antes de que pudiera apartarse, él avanzó y la acorraló contra la fría pared de piedra.

El golpe de su mano contra el muro resonó junto a su cabeza.

Luna contuvo el impulso de retroceder.

Sebastián era considerablemente más alto que ella. Su presencia llenaba el estrecho pasillo, y la cercanía le permitió percibir el aroma de su colonia mezclado con algo más intenso, algo salvaje que nunca conseguía identificar por completo.

Él apoyó una mano junto a su rostro.

—La llave —ordenó.

Luna alzó la barbilla.

—¿Qué llave?

Los ojos de Sebastián se clavaron en su puño cerrado.

—La que estás intentando esconder.

Ella miró su propia mano como si acabara de descubrir que tenía algo dentro.

—Ah. Esta.

Abrió los dedos lentamente.

La plata brilló bajo las luces del pasillo.

Por primera vez desde que había aparecido, Sebastián perdió la inmovilidad.

Fue apenas un instante.

Un endurecimiento de sus facciones. Una tensión repentina en los hombros. Un destello de alarma que desapareció tan rápido que otra persona quizá no lo habría advertido.

Pero Luna sí.

Y supo que había encontrado algo importante.

—¿Dónde la conseguiste? —preguntó él.

—Me la diste tú.

—Te dije que la utilizaras si alguna vez me escuchabas suplicarte que huyeras. No te autoricé a entrar en las zonas restringidas de mi residencia.

Luna recordó aquellas palabras.

Si alguna vez me oyes suplicarte que huyas, utiliza esta llave y no vuelvas la cabeza.

Entonces le habían parecido una advertencia extraña, una frase destinada a alimentar el misterio que rodeaba a su esposo.

Ahora, frente a la furia contenida de Sebastián, empezaba a sospechar que aquella llave no era una simple medida de seguridad.

—No recuerdo que me dijeras que debía permanecer encerrada en mi habitación hasta que tú decidieras lo contrario —replicó.

—Hay lugares en esta casa donde no debes entrar.

—Qué curioso. Siempre son los lugares donde más cosas parecen esconderse.

La mirada de Sebastián se volvió más oscura.

—No juegues conmigo.

—Entonces deja de darme motivos para hacerlo.

Durante unos segundos, ninguno habló.

Luna podía sentir el calor de su cuerpo a través de la tela de su vestido. La proximidad resultaba incómoda, pero no por miedo únicamente.

Había algo irritante en la forma en que Sebastián parecía dominar cualquier habitación a la que entraba. Estaba acostumbrado a que las personas bajaran la cabeza, a que sus órdenes fueran obedecidas y a que nadie se atreviera a cuestionarlo.

Ella no pensaba convertirse en una de esas personas.

Aunque su corazón golpeara con fuerza contra sus costillas.

Aunque una parte de ella le advirtiera que estaba provocando a un hombre del que conocía muy poco.

—Te hice una pregunta —dijo Sebastián—. ¿Cómo conseguiste la llave?

—Ya te respondí.—No me refiero a eso.

Luna arqueó una ceja.

—Entonces formula mejor tus preguntas.

Sebastián bajó la mirada hacia sus labios antes de volver a fijarla en sus ojos.

El gesto fue tan rápido que Luna dudó haberlo visto.

Sin embargo, lo vio.

Y le molestó descubrir que aquella mínima vacilación le provocaba una reacción que no tenía nada que ver con su investigación.

No había llegado a aquella parte de la residencia para pensar en la boca de su esposo.

Había llegado porque, desde la noche de la boda, escuchaba sonidos detrás de una puerta que nadie le permitía abrir. Porque había encontrado rastros de sangre donde no deberían existir. Porque Sebastián guardaba demasiados secretos y esperaba que ella aceptara sus explicaciones sin cuestionarlas.

Y porque la llave que él mismo le había entregado parecía abrir una cerradura que llevaba años oculta.

—¿Qué hay detrás de esa puerta? —preguntó, señalando el corredor.

Sebastián no apartó el cuerpo de la pared.

—Nada que te concierna.—Soy tu esposa.

—Eso no te convierte en dueña de mis secretos.

—Pero sí me convierte en la persona que podría terminar pagando las consecuencias de ellos.

Algo cambió en su expresión.

Por un instante, Luna creyó que iba a responderle con otra amenaza. En cambio, Sebastián se inclinó ligeramente hacia ella y habló en voz baja.

—No tienes idea de lo que estás buscando.

—Entonces explícamelo.—No.La respuesta fue inmediata.

Luna soltó una risa sin alegría.

—Claro. Siempre es más sencillo ordenar que explicar.

Intentó deslizarse hacia un lado, pero Sebastián se movió al mismo tiempo, bloqueándole el paso.

Ella levantó la mirada.

—Apártate.—No hasta que me digas qué has visto.

—¿Y si no quiero?

La mandíbula de Sebastián volvió a tensarse.

Luna conocía aquel tipo de hombres. Había crecido viendo a su padre imponer silencios en la mesa y a su madrastra convertir cada desacuerdo en un castigo. Hombres y mujeres que confundían autoridad con derecho a decidir por los demás.

Sebastián podía tener una fortuna incalculable, una residencia fortificada y una reputación capaz de destruir a cualquiera.

Pero ella no había sobrevivido tantos años a la humillación para cambiar una jaula por otra.

—No me das miedo —dijo.Él se quedó inmóvil.

—Deberías tenerme miedo.

—Quizá. Pero todavía no he encontrado una razón para obedecerte a ciegas.

Sebastián acercó el rostro al suyo.

—Podría hacerte mucho daño, Luna.

Ella sintió un escalofrío.No apartó la mirada.

—Y yo podría destruir todo lo que llevas años intentando proteger.

El silencio que siguió fue distinto.

Ya no había solamente irritación en los ojos de Sebastián. Había una atención absoluta, como si acabara de comprender que su esposa no estaba improvisando aquellas respuestas.

Luna deslizó la llave entre sus dedos.

—¿Qué te preocupa más, Sebastián? ¿Que haya descubierto una puerta prohibida o que haya empezado a hacer las preguntas correctas?

Él le sujetó la muñeca, esta vez sin apretar, y miró la pequeña pieza de plata.

—No sabes lo que significa esa llave.

—Entonces dímelo.—No.

Luna exhaló lentamente.

Estaba cansada de sus negativas.

Cansada de los guardias que la vigilaban, de las habitaciones cerradas y de las conversaciones que se interrumpían cada vez que ella entraba en una estancia.

Sobre todo, estaba cansada de sentir que todos conocían una parte de su propia historia menos ella.

—Hay algo que debes entender —murmuró—. No me casé contigo para convertirme en una esposa obediente. Acepté este matrimonio porque necesito respuestas. Si pensabas que podías encerrarme en una habitación bonita y esperar que dejara de hacer preguntas, cometiste un error.

Sebastián la observó durante largo rato.

Después, lentamente, soltó su muñeca.

Luna podría haberse marchado.

Debería haberlo hecho.

Pero había una pregunta que llevaba horas dando vueltas en su cabeza, una sospecha que había comenzado con un documento encontrado entre los archivos de su madre y que ahora cobraba sentido al recordar las reacciones de Sebastián.

La llave.La sangre.

Las transformaciones que había escuchado detrás de aquella puerta.

Y el nombre que aparecía repetidamente en los registros antiguos.

Luna dejó de jugar con la llave.

—Hay otra cosa que quiero preguntarte.

Sebastián no respondió.

—Hace años, alguien asesinó a tu madre.

La expresión de él cambió de inmediato.

No fue una reacción de sorpresa.

Fue algo mucho más peligroso.

Una quietud absoluta, como la de un animal que acaba de detectar una amenaza en la oscuridad.

—¿Quién te habló de mi madre? —preguntó.

Luna sintió que el aire se volvía más pesado.

Había acertado.

No sabía todavía cuánto, pero había encontrado el punto exacto que Sebastián no estaba dispuesto a mostrarle a nadie.

—He leído documentos —respondió—. Nombres, fechas y registros que alguien intentó borrar.

—¿Dónde?—Eso no importa.

—Te equivocas. Importa muchísimo.

La voz de Sebastián había perdido cualquier rastro de calma.

Luna comprendió que estaba pisando un terreno peligroso. Sin embargo, ya no podía retroceder. Si quería descubrir qué había sucedido con su madre, debía estar dispuesta a mirar de frente las verdades que otros temían pronunciar.

Incluso si una de ellas podía destruir su matrimonio.

—Tu madre no murió por accidente —susurró.

Sebastián apretó los puños.

—Cuidado con lo que dices.

—La asesinaron porque descubrió algo que una organización llevaba años ocultando.

Él se acercó un paso.

—Luna…

Era la primera vez que pronunciaba su nombre de aquella manera.

Sin una orden.

Sin una amenaza.

Casi como una advertencia desesperada.

Ella levantó el rostro y sostuvo su mirada.

—Sé quiénes fueron.

Por primera vez desde que lo conocía, Sebastián pareció perder el control de la situación.

Y Luna supo que, pronunciara el siguiente nombre o no, ya había cruzado una línea de la que ninguno de los dos podría regresar.

Se inclinó ligeramente hacia él.

Y susurró el nombre exacto de la organización clandestina que había asesinado a su madre:

—La Orden de la Luna Negra.

Sebastián retrocedió un paso.

Solo uno.

Pero fue suficiente.

Su respiración cambió. Los músculos de su mandíbula se endurecieron y sus ojos adquirieron una intensidad inquietante bajo la luz del pasillo.

Durante unos segundos, Luna creyó que iba a preguntarle cómo lo sabía.

En cambio, él miró hacia la puerta que ella había intentado abrir.

Después volvió a mirarla.

—¿Quién te entregó ese nombre?

Luna no respondió inmediatamente.

Porque acababa de comprender algo mucho peor.

Sebastián no estaba sorprendido de que aquella organización existiera.

Estaba aterrorizado de que ella supiera que seguía operando.

—¿Por qué? —preguntó Luna—. ¿Qué tiene que ver con tu familia?

Él le arrebató la llave de la mano y la guardó en el bolsillo de su chaqueta.

—A partir de esta noche, no volverás a salir sola de tu habitación.

Luna sintió que la rabia le subía por el pecho.

—No puedes darme órdenes como si fuera una prisionera.

Sebastián se inclinó hacia ella. Su voz descendió hasta convertirse en un murmullo áspero.

—Acabas de pronunciar el nombre de las personas que destruyeron a mi familia. Si saben que lo conoces, no vendrán a preguntarte cómo lo descubriste.

Hizo una pausa.

Sus ojos se clavaron en los de ella.

—Vendrán a matarte.

Luna abrió la boca para responder, pero un ruido metálico resonó al final del pasillo.

Ambos giraron la cabeza.

La puerta prohibida estaba entreabierta.

Luna estaba segura de haberla visto cerrada unos minutos antes.

Desde el interior llegó un sonido leve.

Tres golpes.Pausa.Otros tres.

Sebastián perdió el color del rostro.

—No puede ser… —murmuró.

Luna lo miró.

—¿Qué hay ahí dentro?

Él no contestó.

La puerta volvió a temblar.

Y entonces, desde el otro lado, una voz de mujer pronunció con absoluta claridad:

—Sebastián… sé que estás ahí.

Luna sintió que se le helaba la sangre.

Porque aquella voz no le resultaba desconocida.

La había escuchado antes.

En la grabación de su madre.

Y la última vez que había oído a aquella mujer, Elena del Sol estaba suplicando que alguien la ayudara a escapar.

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Carolina A²V
no entiendo como la cabeza hueca de mía pudo embocar a Luna❓️🤔
Carolina A²V
pero es que siempre haz sido una apestosa no veo porque la culpas 🤔🤨😠
Carolina A²V
remarparia 😡
Carolina A²V
😳 a la máquina 😧😱
Carolina A²V
😳 que paso❓️🤔 te emboscaron❓️😠 pero cómo❓️🤔🤨
Carolina A²V
🤨😧😠😠😠
Carolina A²V
ustedes sólo obedezcan 🤔
Carolina A²V
duró contra ellos Luna
Carolina A²V
😳 que se preparen esos chuchumecos traidores y falsos
Carolina A²V
se volvieron locos
Carolina A²V
😳 santas medidas batman 😱 ahora que haremos
Carolina A²V
que paso Victoria se te fue la valentía que trajiste❓️🤔
Carolina A²V
dónde se supone está la dichosa orden por desde que llegaron no han mostrado nada
Jesus Castro Montero
Por que Victoria quiere todo lo que tiene Luna ahora sabe que Luna no es nada sumisa ni tonta por que no acabar de una vez con esa escoria que lo único que hace es dar más problemas
Jesus Castro Montero
Luna eres buen terca y que poco te conoce Sebastián jamás te quedarás quieta y hoy más que nunca verá que cometió el error de no consultarte bueno ek se lo busco
Carolina A²V
😂😂😂 demuestralo porque las palabras de una loca cómo tu hija no son de peso 🤨🤔
Carolina A²V
un comentario que hago leo los cargos y me pregunto que hace victoria en ese lugar❓️🤔 porque no la puedo relacionar con nada de lo que sucede 🤔
Carolina A²V
esos funcionarios están buscando narcotraficantes o que❓️🤨🤔
Jesus Castro Montero
Luna no te cree Sebastián ahora tienes que remar mucho para que Luna te pueda perdonar🥰❤️😂🤣💘😈
Carolina A²V
que te dije ella no es de las que se sientan a esperar que pasen las cosas
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