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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Nova bajó a toda prisa hacia la planta baja, seguida de cerca por Dana, que casi corría tras ella. El desconcierto y una curiosidad al rojo vivo se repartían por partes iguales en los rostros de madre e hija.

—Mami, parece que la tal Ariana acaba de llegar —susurró Dana, pegándose al oído de su madre—. ¿Y dónde durmió anoche? ¡El matón que contrataste dijo que Ariana no estuvo con él ni un solo momento!

—No lo sé, yo también estoy hecha un lío... ¡Y encima esa Desi no contesta el teléfono desde entonces! —refunfuñó Nova, sacudiendo la mano con fastidio.

Las dos se apresuraron por el pasillo que llevaba al cuarto de Ariana, al fondo de la casa. Pero justo antes de alcanzar la puerta de madera desvencijada, se detuvieron en seco al cruzarse con la nana Meche, que caminaba con la cabeza gacha. El rostro de la vieja empleada se veía sombrío y tenía los ojos hinchados después de escuchar el llanto desgarrador de Ariana desde el baño.

—Justo a ti te buscaba, Meche. ¿Ariana está en su cuarto? —preguntó Nova con un tono glacial de mando.

La nana Meche detuvo el paso. Clavó una mirada encendida en la mujer que tenía enfrente. Le hervía la sangre; sentía en el pecho un impulso feroz de abalanzarse y arrancarle un mechón de pelo a la más odiosa de sus patronas. Pero al pensar en su única hija, allá en el pueblo, que aún dependía de su sueldo para seguir estudiando, la nana Meche se contuvo a la fuerza y se tragó entera la rabia.

—La niña Ariana está en su cuarto, señora... pero cerró la puerta por dentro —respondió Meche en voz baja, esforzándose por mantenerla firme.

Nova avanzó un paso más, acortó la distancia y la miró con ojos afilados, cargados de intimidación.

—¿Y oíste algo desde adentro del cuarto? —insistió, entornando los párpados con desconfianza.

Intimidada y temiendo por su puesto, la nana Meche terminó por decir la verdad.

—La... la niña Ariana está llorando a sollozos en el baño, señora... —dijo, con toda la lástima que sentía por la muchacha.

Al instante, la tensión que crispaba los rostros de Nova y Dana se deshizo, reemplazada por una sonrisa satisfecha y ladina.

Dana acercó la cara al hombro de su madre y le murmuró bajito:

—Mami, parece que hay alguien más que quiere destruir a esa estúpida.

Aunque lo dijo en un susurro, esas palabras cargadas de malicia alcanzaron los oídos de la nana Meche, y el pecho de la anciana se cerró todavía más de pura angustia.

Nova se quedó pensativa un instante y, unos segundos después, soltó una risa complacida a costa del sufrimiento de su hijastra.

—Eso parece, cariño —dijo, echándole a la puerta del cuarto de Ariana una mirada triunfal—. Bueno, mejor volvamos a nuestras habitaciones antes de que tu papá regrese de trotar.

—¡Sí, mami! —respondió Dana con los ojos brillantes de felicidad, sonriendo de oreja a oreja al imaginar la caída de Ariana, que ya sentía al alcance de la mano.

Pobre niña Ariana. Desde que la señora Alisa murió, hace cinco años, la niña no ha vuelto a sonreír; llora a menudo... ¿Pero por qué don Mariano es capaz de hacerle esto a su propia hija? Todo por culpa de la señora Nova, que convirtió a un padre en un hombre cruel, capaz de olvidar a su propia sangre. Algún día les llegará el karma por todas estas maldades contra la niña Ariana. La nana Meche apretó los puños de pura rabia, y la mandíbula se le tensó.

*

*

El ambiente dentro de la sala de control de seguridad del Hotel Gran Palmera se había vuelto asfixiante. Edgar se erguía imponente, el rostro petrificado por una cólera acumulada, mientras varios agentes de seguridad manipulaban temblando los equipos frente a ellos.

—Revisen otra vez —ordenó Edgar con una voz grave que oprimía, quebrando el silencio de la sala.

El operador tragó saliva con dificultad antes de atreverse a responder.

—L... lo sentimos, señor Edgar. La grabación de las diez de la noche a las cuatro de la madrugada quedó borrada de forma permanente. Hackearon nuestra red y las cámaras del octavo piso se apagaron por completo justo en esa franja horaria.

Edgar apretó los puños con tanta fuerza que se le blanquearon los nudillos. Que el sistema de vigilancia hubiera caído en el preciso instante en que aquella droga maldita se apoderaba de su cuerpo era la prueba de que todo el crimen había sido orquestado con enorme precisión.

—Señor, parece que esa persona quiere destruir su reputación de verdad. Me temo... que alguien grabó por su cuenta lo que pasó anoche y lo está usando como arma para hacerlo caer —dijo Bruno, con evidente inquietud.

Edgar cerró los ojos un momento y exprimió los restos de memoria de aquella noche negra. Trató de reconstruir cada pequeño detalle detrás de la bruma del afrodisíaco.

—No creo que nadie grabara nada, Bruno... —murmuró, y volvió a abrir los ojos con un brillo cortante—. Que yo recuerde, ese hombre corpulento... después de meter a la mujer y arrojarla sobre mi cuerpo, salió de inmediato y cerró la puerta por fuera.

Bruno dejó escapar un largo suspiro, procurando serenarse mientras calculaba los próximos pasos para reunir las pruebas que quedaran y proteger a su jefe.

*

*

Mientras tanto, en un despacho privado en penumbra, David, el tío de Edgar, iba y venía con la respiración agitada. La furia se leía con claridad en las líneas duras de su rostro.

Acababa de enterarse de que la mesera a la que había contratado para tender la trampa a Edgar se había esfumado sin dejar rastro. Por la escueta información de su hombre de confianza en el terreno, sabía que otra mesera había llevado a una muchacha al cuarto de Edgar, pero aquella no era en absoluto la persona que él había ordenado. David se sintió burlado, estafado sin miramientos.

—¡Maldición! ¿¡Quién era la mujer que llevaron anoche!? —maldijo, estrellando contra el suelo el vaso de cristal que tenía en la mano, que se hizo añicos.

Apoyó las dos manos en el borde del escritorio y clavó la mirada, vacía, en el gran ventanal que daba a las luces de la ciudad. Pero al poco rato una sonrisa taimada empezó a dibujársele en los labios.

—Parece que hay alguien más que quiere hundirte, Edgar... Por lo visto, allá afuera tienes muchos enemigos —susurró con un tono frío, cargado de amenaza.

Se acomodó el saco, planeando su siguiente jugada sucia para arrebatar el trono del Grupo Alcázar.

—Muy bien, entonces... Tengo que encontrar la manera de dar con esa mujer y decirle a mi hermano Fernando que su único hijo no es normal, que es impotente. Así mi hermano quedará convencido de que Edgar jamás podrá darle un heredero a la familia Alcázar.

David soltó una risa baja, una risa ladina y llena de ambición salvaje.

—Y en un momento tan crítico como este, será mi hijo, Aldo, quien lo reemplace. Mi hijo es un hombre fértil y normal; él sí puede darle muchos descendientes a la familia Alcázar... no como Edgar, ese hombre defectuoso —remató David, rabioso, sintiendo que la victoria ya estaba a su alcance.

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Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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