Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 12
Las palabras de Elisa Moretti habían quedado clavadas en la mente de Miriam como una espina difícil de arrancar. Durante todo el día, no pudo concentrarse en nada más; cada gesto, cada mirada compartida con Adam en los últimos días, cobraba de repente un significado incierto y doloroso, teñido por la sospecha que aquella mujer había sembrado con tanta dulzura engañosa. Cuando llegó a su casa al caer la tarde, sentía una pesadez inmensa en el pecho, una mezcla de deseo y temor, de amor y desconfianza que la estaba consumiendo por dentro. Se dejó caer en el sofá, con la mirada perdida en la nada y el corazón latiéndole con una angustia que no sabía cómo calmar.
Poco después llegó Lionela. Al cruzar la puerta y ver la postura encorvada de su amiga y la tristeza profunda en su rostro, comprendió de inmediato que algo grave había ocurrido para devolverla a ese estado de vulnerabilidad que le había costado tanto superar. Cerró la puerta con suavidad, dejó sus cosas sobre la mesa y se acercó despacio, sin decir nada todavía, intuyendo que Miriam necesitaba ordenar sus pensamientos antes de poder hablar.
—Te conozco demasiado bien, Miriam —empezó Lionela con voz tranquila y firme, sentándose a su lado y tomándole ambas manos entre las suyas para obligarla a mirarla—. Bastan unos segundos para darme cuenta de que alguien ha vuelto a meter dudas en tu cabeza. ¿Quién fue? ¿Qué te han dicho ahora para dejarte así, destrozada otra vez?
Miriam levantó los ojos, llenos de confusión y dolor, y una lágrima solitaria resbaló por su mejilla antes de que pudiera responder.
—Me encontré con Elisa… —murmuró con voz ronca y baja—. Se acercó tan amable, tan preocupada por mí… y me advirtió, Lionela. Me dijo que no me dejara engañar nuevamente por Adam, que su regreso no es por amor verdadero, sino solo por orgullo herido, porque no soporta haber perdido lo que creía suyo. Me contó que dicen por ahí que solo quiere recuperar lo que perdió para sentirse completo, pero que no le importa volver a romperme el corazón para lograrlo. Y… esas palabras me asustaron, mucho más de lo que quiero admitir.
Lionela escuchó atentamente, frunciendo el ceño con desconfianza apenas mencionó el nombre de Elisa, y apretó con más fuerza las manos de su amiga para darle seguridad.
—Miriam, escúchame con atención, porque esto es algo que debes grabarte en el alma y no olvidar nunca: ¿desde cuándo la gente que aparece de repente para llenarte de dudas conoce mejor el corazón de Adam que tú misma, que lo amaste y compartiste todo con él durante años? Esa mujer habla, comenta y advierte, pero… ¿dónde están las pruebas de lo que dice? ¿Acaso trajo algo concreto, algo real, o solo trajo rumores y palabras huecas diseñadas para asustarte?
—Suenan tan ciertas… tan preocupadas por mi bienestar —respondió Miriam, dudando todavía—. Y me da miedo cometer el mismo error de antes, volver a confiar y descubrir después que solo fui un juego otra vez. No tengo fuerzas para soportar ese dolor por segunda vez en mi vida. Prefiero mantenerme lejos, protegida, aunque eso signifique renunciar a lo que todavía siento por él.
Lionela negó con la cabeza con determinación y acarició suavemente el rostro de Miriam, secando el rastro de lágrimas con ternura pero con firmeza.
—Protegerte no significa encerrarte y huir de la verdad, amiga mía. Lo que esa Elisa te contó son solo palabras al viento, rumores que sirven para confundir, no para aclarar. Tienes derecho a tener miedo, es normal después de todo lo que sufriste, pero no dejes que ese miedo decida tu vida por ti. No permitas que lo que te hizo daño en el pasado, ni tampoco lo que otros dicen hoy, te arrebate la posibilidad de saber realmente qué pasa en el corazón de Adam ahora mismo.
—¿Y si me equivoco al preguntar? ¿Y si al enfrentarme a él solo consigo confirmar que tenía razón y que todo es mentira otra vez? —susurró Miriam, temblando ante esa posibilidad.
—Incluso si fuera así, aunque la verdad fuera dolorosa, al menos sería tu verdad —le respondió Lionela con una sabiduría que llegó directo al corazón de su amiga—. Sería algo que tú misma habrías escuchado de sus labios, mirándolo a los ojos, sin intermediarios ni voces extrañas que distorsionen todo. Y créeme: saber la verdad, aunque duela, siempre cura mucho más que vivir llena de dudas, preguntándote cada día qué habría pasado si hubieras tenido el valor de hablar. El tiempo que pasó no regresa, es cierto… pero la verdad, por más tarde que llegue, tiene el poder de sanar incluso las heridas que parecían eternas. No dejes que se te escape esta oportunidad por miedo.
Miriam se quedó en silencio, procesando aquellas palabras profundas que despertaban en ella una fuerza que creía perdida. Recordó la mirada de Adam en cada encuentro, la tristeza inmensa y el amor que brillaba en ella a pesar de los años y la distancia. Quizás, solo quizás, había algo que valía la pena preguntar antes de cerrar definitivamente esa puerta para siempre.
—¿Crees que debería buscarlo? ¿Hablar con él sinceramente, sin dejarme llevar por nada más que lo que yo misma vea y escuche? —preguntó, buscando confirmación en los ojos sinceros de su amiga.
—Creo que debes ser fiel a ti misma —afirmó Lionela con una sonrisa alentadora—. Si todavía sientes algo fuerte por él, si él sigue siendo capaz de desequilibrarte con una sola mirada… entonces tienes el deber contigo misma de enfrentarte a esos sentimientos. Pregúntale directamente qué busca, qué siente, cuáles son sus verdaderas intenciones. Míralo a los ojos cuando te responda y confía en lo que tu corazón te diga, en esa intuición que nunca te falló cuando sabías escucharla por encima de los ruidos ajenos. No dejes que nadie más escriba tu historia ni decida lo que es bueno para ti. Toma tú las riendas de tu destino, aunque te tiemblen las manos al hacerlo.
Miriam respiró hondo, llenándose de ese aire nuevo que le ofrecía la confianza de su mejor amiga. Las palabras venenosas de Elisa ya no sonaban tan absolutas, tan definitivas como hace un rato; ahora se mezclaban con esa verdad más profunda que Lionela le había recordado. Se secó las últimas lágrimas y, por primera vez en mucho tiempo, en su mirada apareció el brillo de una determinación nueva, tímida pero firme.
—Tienes razón —admitió Miriam, apretando con gratitud las manos de Lionela—. Llevo demasiado tiempo dejando que otros me cuenten mi vida, que otros decidan qué creer o qué sentir. Ya basta. Si tengo dudas, las resolveré yo misma frente a él. Si tengo miedos, los enfrentaré hablando claro. Gracias por no dejarme caer en esa nueva trampa y por recordarme que solo la verdad puede darme la paz que tanto he necesitado todos estos años.
—Siempre estaré aquí para recordártelo —le dijo Lionela, abrazándola con fuerza, un abrazo cálido y protector que le dio toda la energía que le faltaba—. Ve y busca tus respuestas, Miriam. No dejes que el miedo te detenga ahora. Recuerda: el tiempo perdido no regresa, pero la verdad, cuando te atreves a buscarla, siempre tiene el poder de sanar y devolverte lo que creías perdido para siempre.
En ese abrazo, Miriam sintió que recuperaba su fuerza. Ya no caminaría a ciegas ni escucharía voces extrañas. Estaba decidida a buscar a Adam, mirarlo a los ojos y preguntar, por fin, lo que su corazón necesitaba saber para poder descansar… o para volver a amar sin sombras que los separaran.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.