se trata sobre una joven que es aceptada en una prestigiosa academia Pero lo que le parece extraño es que ella no envío ninguna solicitud y el nombre de la academia era muy raro y lo que era más extraño todavía era la reacción de su madre al escuchar el nombre de aquella academia si quieres saber de qué se trataba esa solicitud te invito a leer esta nueva y hermosa historia
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capítulo 12
Jax reaccionó con rapidez al sentir el peso de Beatrix ceder por completo. Con una suavidad que contrastaba con su imponente presencia, la sostuvo con firmeza por la cintura y la guió con cuidado a través de la habitación hasta sentarla en el borde de la cama.
Se arrodilló a medias frente a ella, asegurándose de que mantuviera el equilibrio, y esperó a que la respiración de la joven se estabilizara. El silencio de la estancia volvió a instalarse, roto solo por el crepitar del fuego azul que ahora descansaba.
Jax la miró fijamente, con sus ojos amarillos brillando con una mezcla de respeto y desconcierto. Se pasó una mano por la nuca, acomodando sus cuernos, y soltó un suspiro largo.
—Bueno... es impresionante escuchar que una madre humana se preocupe por su hija —admitió Jax, con un tono de voz inusualmente bajo y sincero—. En el Inframundo, las dinámicas familiares son... diferentes. Todo es poder, alianzas y supervivencia. Ver que una mortal arriesgó tanto y te crió con esa clase de lealtad, a pesar de saber quién es tu padre... es algo que no se ve todos los días por aquí.
Beatrix se miró la palma de la mano, donde la herida del corte ya estaba empezando a cerrarse gracias a su naturaleza híbrida, dejando solo una línea delgada. Las palabras de su madre seguían vibrando en su cabeza, dándole una fuerza que no creía tener.
—Ella lo dio todo por mí —susurró Beatrix, levantando la vista para encontrarse con la de él. La vulnerabilidad seguía ahí, pero el llanto había terminado—. Y tenía razón. No voy a dejar que nadie en esta academia me use como un trofeo para llegar al trono. Ni Alistair, ni Dorian, ni Elías... ni tú.
Jax esbozó una pequeña sonrisa ladeada, esa chispa competitiva regresando a sus ojos, aunque esta vez sin la arrogancia del principio.
—Esa es la actitud de una Blackwood —dijo, poniéndose de pie y dándole su espacio—. Me gusta más esa mirada de fuego que la de la chica asustada del bosque. Descansa, princesa. La magia de sangre te va a pasar factura mañana, y créeme, los otros tres no van a perder el tiempo ahora que saben que estás oficialmente en el juego.
Jax dio un paso hacia la puerta, pero antes de tocar el picaporte de hierro, se detuvo y se giró para mirarla una última vez. La luz violeta de las antorchas moribundas esculpía las líneas de su rostro, dándole un aire tan peligroso como magnético.
—Y yo me aseguraré de ganarme tu corazón —añadió, y esta vez no había burla en su voz, sino una promesa absoluta—. Porque soy muy competitivo y no dejaré que ni Elías, ni Dorian, ni Alistair me ganen.
Beatrix lo observó desde el borde de la cama, muda ante la repentina intensidad de sus palabras. Podía ver en los ojos oscuros del semidemonio que no se trataba solo de una ambición por el trono; había algo en la ferocidad con la que la miraba que desafiaba la fría lógica de la academia.
Jax notó la rigidez en los hombros de ella y, suavizando la mirada, esbozó una sonrisa casi imperceptible.
—Pero no te preocupes, princesa, no te obligaré a nada —aseguró, dando un paso atrás hacia el umbral—. Descansa. Hasta mañana.
La pesada puerta de roble se cerró tras él con un golpe seco, dejando a Beatrix sumida una vez más en el silencio de su enorme habitación.
Se recostó sobre las sábanas de seda negra, exhausta por el uso de la magia de sangre y con el pecho extrañamente cálido. El dolor de la traición en la superficie seguía allí, como una cicatriz fresca, pero por primera vez desde que había cruzado el portal, el miedo al Inframundo empezaba a transformarse en un fuego propio. Tenía una madre que creía en ella, un padre que la observaba desde las sombras y cuatro candidatos dispuestos a todo por su mano. El juego del Rey del Inframundo había comenzado, y ella no planeaba ser la presa de nadie.