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¿Que Haces Cuando Ya No Eres La Protagonista?

¿Que Haces Cuando Ya No Eres La Protagonista?

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.

Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.

Así que tomó una decisión:

desaparecer junto con ella.

Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.

La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Beso....

Parecía cansado.

Mucho más cansado de lo normal.

Tenía ligeras ojeras bajo los ojos y una expresión más seria de lo habitual.

Por un momento me pregunté dónde había estado durante todos esos días.

Pero no pregunté.

Porque seguía molesta.

Un poco.

Bueno...

Bastante.

Después de todo había desaparecido sin decir nada.

Sin una explicación.

Sin una nota.

Sin siquiera una excusa absurda.

Simplemente dejó de aparecer.

Y eso era todo.

Lo más irritante era que me había acostumbrado a verlo.

A sus visitas.

A sus comentarios.

A sus discusiones tontas.

Y cuando dejó de venir, la tienda se sintió extrañamente vacía.

Algo que jamás admitiría en voz alta.

Jamás.

—¿Has cenado?

Pregunté finalmente.

—No.

—Por supuesto que no.

Suspiré.

Abrí la puerta de la tienda.

—Sube.

Leonhart parpadeó.

—¿Estás segura?

—No.

—Entonces...

—Sube antes de que cambie de opinión.

Por primera vez vi una pequeña sonrisa aparecer en su rostro.

Y por alguna razón eso hizo que mi enojo disminuyera un poco.

Solo un poco.

Lo suficiente para dejar de querer cerrarle la puerta en la cara.

Lo suficiente para permitirle entrar.

Y eso ya era una victoria demasiado grande para él.

Abrí la puerta y entré primero.

No miré atrás para comprobar si Leonhart me seguía.

Simplemente subí las escaleras.

Sabía que estaba detrás de mí.

Podía escuchar sus pasos.

Tranquilos.

Silenciosos.

Como siempre.

Y eso solo consiguió que volviera a molestarme.

Porque después de tantos días desaparecido parecía actuar como si nada hubiera pasado.

Como si aparecer de repente frente a mi casa a las diez de la noche fuera completamente normal.

Llegué al segundo piso.

Dejé mi bolso sobre una silla.

Y me dirigí directamente a la cocina.

—Siéntate.

Fue todo lo que dije.

No porque quisiera ser grosera.

Bueno...

Tal vez un poco.

Escuché cómo tomaba asiento mientras yo comenzaba a buscar ingredientes.

La casa quedó en silencio.

Un silencio extraño.

Normalmente cuando Leonhart estaba cerca terminábamos hablando de cualquier cosa.

Armas.

Clientes.

Comerciantes.

Negocios.

Incluso cosas absurdas.

Aquella noche no.

Aquella noche yo estaba enfadada.

Y él parecía demasiado cansado para iniciar una conversación.

Preparé algo sencillo.

Una sopa caliente.

Algo de carne.

Pan recién horneado.

Nada especial.

Pero suficiente para una cena tardía.

Mientras removía la olla me descubrí observando la puerta de la cocina varias veces.

Leonhart seguía sentado donde lo había dejado.

Parecía agotado.

Tenía la espalda apoyada contra la silla y los ojos ligeramente cerrados.

Por un momento pensé que se había quedado dormido.

Y aquella idea hizo que mi enfado disminuyera un poco.

Solo un poco.

Cuando la comida estuvo lista la llevé hasta la mesa.

—Come.

Él levantó la vista.

—Gracias.

Eso fue todo.

Ninguna broma.

Ningún comentario.

Nada.

Y por alguna razón aquello me preocupó más de lo que quería admitir.

Nos sentamos frente a frente.

La cena transcurrió en silencio.

Hasta que algo llamó mi atención.

Leonhart sujetó la cuchara con normalidad.

Pero cuando intentó mover el brazo izquierdo hizo una pequeña pausa.

Una muy breve.

Tan pequeña que otra persona probablemente no la habría notado.

Yo sí.

Porque llevaba varios minutos observándolo.

Aunque jamás lo admitiría.

Fruncí el ceño.

Y seguí observando.

Volvió a ocurrir.

Esta vez al alcanzar el vaso.

Su movimiento se volvió más lento.

Más rígido.

Como si intentara evitar algo.

O soportar algo.

Cuando terminó de comer se puso de pie para recoger su plato.

Y fue entonces cuando sucedió.

Al girarse ligeramente chocó conmigo.

Solo un roce de hombros.

Nada importante.

Pero vi cómo tensaba la mandíbula.

Y cómo una expresión de dolor apareció en su rostro durante una fracción de segundo.

Me quedé inmóvil.

Él también.

Y entonces comprendí que no lo había imaginado.

Algo estaba mal.

Muy mal.

—Siéntate.

Dije.

Leonhart parpadeó.

—Lina...

—Siéntate.

Mi tono fue suficiente.

Volvió a sentarse.

Yo crucé los brazos.

—¿Qué te pasó?

Hubo unos segundos de silencio.

Y aquello fue toda la respuesta que necesitaba.

Sentí cómo mi preocupación aumentaba.

—Quítate la chaqueta.

Esta vez sí levantó una ceja.

—No es necesario.

—Eso lo decidiré yo.

Lo observé fijamente.

Finalmente suspiró.

Y obedeció.

Al principio no vi nada.

Luego apareció una venda bajo la ropa.

Después otra.

Y otra más.

Mi estómago se hundió.

Porque aquello no era un golpe cualquiera.

Era una herida seria.

Varias heridas.

Me acerqué inmediatamente.

—¿Desde cuándo estás así?

—Ya estoy mejor.

Aquella respuesta no ayudó.

En absoluto.

Fui por el botiquín sin decir nada más.

Cuando regresé me senté frente a él.

Y comencé a retirar algunas de las vendas con cuidado.

Lo que encontré hizo que me sintiera peor.

Moretones.

Cortes.

Golpes.

Heridas que claramente llevaban días sanando.

Días.

Todo ese tiempo yo había estado molesta porque no aparecía.

Todo ese tiempo había pensado que simplemente había decidido dejar de venir.

Y mientras tanto...

estaba herido.

Sentí una punzada de culpa.

Una bastante desagradable.

Bajé la mirada mientras limpiaba una de las heridas.

—Soy una idiota.

Murmuré.

—¿Por qué?

Preguntó él.

—Porque estaba enfadada contigo.

Porque pensé que me estabas evitando.

Porque creí que ya no querías venir.

Las palabras salieron solas.

Y apenas terminé de hablar quise esconderme.

Preferiblemente muy lejos.

Leonhart permaneció en silencio unos instantes.

Luego habló con una voz tranquila.

—Nunca fue eso.

No levanté la vista.

No podía.

Porque por alguna razón escuchar aquella respuesta hizo que el pecho me doliera un poco menos.

Seguí cambiando las vendas.

Con cuidado.

Procurando no hacerle daño.

Y mientras trabajaba comprendí algo que no me gustó admitir.

Durante aquellos días había echado de menos sus visitas.

Sus comentarios.

Su presencia.

Mucho más de lo que estaba dispuesta a reconocer.

Y eso era un problema.

Un problema enorme.

Porque cuando terminé de vendar su hombro y finalmente levanté la vista...

descubrí que ya no estaba enfadada.

Solo preocupada.

Después de terminar de limpiar las heridas, me quedé observando los vendajes unos segundos.

Aquel hombre era imposible.

Suspiré y me acerqué.

—No te muevas.

Antes de que pudiera responder, apoyé mi frente contra la suya.

Cerré los ojos y dejé que la magia fluyera.

—Luz que protege a los caminantes, convierte tu gracia en escudo. Aleja el daño, fortalece el cuerpo y resguarda el alma.

Un brillo dorado apareció entre nosotros.

La bendición descendió de inmediato.

Más fuerte de lo que esperaba.

Mucho más fuerte.

Por un instante incluso sentí la energía envolviéndolo como una cálida barrera invisible.

Cuando la luz se desvaneció, retrocedí apenas unos centímetros.

Entonces apoyé una mano sobre su hombro y me incliné para depositar un suave beso sobre su frente.

—Que la vida recupere lo perdido. Que el dolor desaparezca. Que las heridas sanen bajo la luz sagrada.

La magia volvió a manifestarse.

Esta vez recorrió los cortes y golpes visibles.

La inflamación disminuyó.

La tensión de sus músculos desapareció poco a poco.

Y yo me quedé sorprendida por lo eficaz que había sido.

Cuando levanté la vista, Leonhart me estaba observando.

En silencio.

—Gracias, Lina.

Su voz sonó más suave de lo habitual.

Antes de que pudiera responder, tomó mi mano y me atrajo hacia él.

Solté un pequeño sonido de sorpresa al perder el equilibrio.

Terminé sentada sobre sus piernas.

—¿Leonhart?

Él sonrió apenas.

Y entonces me besó.

Fue un beso breve al principio.

Algo torpe.

Como si ninguno de los dos supiera exactamente qué hacer.

Pero también sincero.

Cuando finalmente nos separamos, me quedé completamente inmóvil.

El corazón latiéndome con tanta fuerza que estaba segura de que podía escucharse.

—Creo...

Murmuré, incapaz de mirarlo directamente.

—Que eso no formaba parte del tratamiento.

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Lorena Itriago
no repitas el capítulo por favor
Iliana Curiel
ohh me encantó hermoso capitulo muy romántico ❤️❤️❤️
Natt 💙
no no no m gano la tentación y vine a leer
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣
Natt 💙: que bueno 👏🥰
total 2 replies
Iliana Curiel
jajaja esos dos ya cayeron, hayyyy el amorrrr ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Iliana Curiel
ahora sí se conocerán las dos reencarnadas haber que traman 🥰🥰🥰
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