Beatriz reencarna en la villana de su novela favorita. La cual tiene un destino de muerte.
Beatriz, ahora Vania Lankaster, decide escapar a otra región para no morir.
¿Podrá Vania escapar de su destino?
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Capítulo 12: Encontrada
Pasé un lindo tiempo con Victoria ayer en la tarde. Me alegra mucho que nos llevemos bien. Y ahora también soy su mamá. Ella es tan adorable. Me pregunto si su gemelo es así de adorable.
Me estoy arreglando para desayunar. Sofía me dijo que el Archiduque pidió que todos desayunemos juntos. Ella fue a buscar a Alan mientras tanto.
Minutos después bajo a al comedor junto con Alan en mis brazos, donde una mesa grande y llena de platillos me espera.
— Buenos días — saludo.
— Buenos días — responde Damián.
— Mamá siéntate a mi lado — dice Victoria. Mientras aparta una silla.
La atmósfera se tensa con esas palabras.
— Gracias cariño. — respondo tranquilamente. Mientras siento a Alan a mi lado.
— Mamá, papá y yo iremos de compras. El siempre me acompaña y quería saber si tú también podrías venir con nosotros.
El Archiduque se atraganta con la bebida al escucharla.
[Si quiero una mamá por siempre, debo hacer que ella y papá se amen]
— Me encantaría, pero tengo que pedirle permiso a tu padre.
— Por mi no hay problema — responde él.
— Entonces Edwin y yo también vamos — dice Eduard.
[Sé lo que intentas Victoria. No dejaré que lo hagas]
— [Ya lo veremos Eduard] — responde con una sonrisa para nada amistosa.
El Archiduque interrumpe su conversación mental carraspeando su garganta.
— Saldremos en un rato. Terminen de desayunar. Yo me retiro.
El comedor quedó en silencio. Apenas se escuchaban los cubiertos sonar contra los platos.
Eduard se levantó de su asiento y se marchó. Edwin en cambio me miraba a cada rato y cuando pensaba que lo estaba viendo desviaba la mirada.
Después los gemelos se fueron y subí a mi habitación con Alan a prepararnos.
...
Más tarde todos estábamos montados en el carruaje. Alan y Victoria conversaban mucho conmigo y entre ambos se estaban llevando bien. Eso me ponía muy feliz.
[Cuando me vaya, Alan tendrá quien lo apoye]
Ellos estaban sentados a mi lado mientras los otros tres quedaban frente a nosotros pareciendo indiferentes.
Damián aunque disimulaba muy bien, sé que está escuchando nuestra conversación. Y cada tanto siento su mirada intensa sobre mi. Eduard y Edwin solo se limitan a mirar por la ventana.
Dos horas después llegamos un lugar lleno de personas y vendedores de la mejor rama.
Bajamos todos del carruaje, incluso el Archiduque me ayudó a bajar mientras sostenía mi mano. Quedé asombrada con la cantidad de prendas, joyas y vestidos, entre otras cosas que se vendían en el lugar. Todo de la mejor calidad.
— No se alejen — pide Damián.
Victoria jala mi mano emocionada para llevarme hacia las tiendas, mientras que extrañamente, Alan está en brazos de su padre sin refutar.
Victoria no me deja darle más vueltas a la cabeza y me lleva dentro de una tienda de vestidos.
— Hola, ella es mi mamá. — me presenta ante la dependienta.
— Hola, muy buenos días.—responde la mujer.
— Quiero comprar unos vestidos lindos para ella.
— De acuerdo. Les mostraré los mejores.
La mujer regresa con cinco vestidos hermosos.
— Mamá, tienes que lucir bonita para papá. Tienes que dejarlo sin aliento. —dice con brillos en los ojos
— Victoria, pero....
No me deja refutarle y me empuja para el vestidor.
— Debes probartelos todos. Estoy segura de que te quedarán bien.
En la parte de afuera se encontraba Damián con los niños.
— ¿Damián, te gusta mamá? — pregunta Alan
Aún no le dice papá.
Damián trata de disimular, pero no puede evitar ruborizarse un poco.
— No sé de qué hablas. Eres muy pequeño para entender esas cosas.
— Mamá es mía. No te le acerques. — dice Alan con toda la seriedad del mundo.
— No lo estaba intentando.
De la tienda salen Victoria y Vania muy contentas ppr las compras. Todos los vestidos le habían quedado hermosos a Vania.
Victoria rápidamente se acerca a Damián y toma a Alan para cargarlo.
— [Te dejo solo con mamá] — le dice
— [Ni se te ocurra] — responde Damián.
Pero ella decidida llama a los otros hermanos y se los lleva. Eduard se marcha refunfuñando. Sabía lo que Victoria estaba intentando.
— ¿A dónde van los niños? — pregunta Vania curiosa.
— Creo que van a comprar dulces. —miente.
— Pues entonces vayamos a comer algo también.
Vania toma inconsciente la mano de Damián y lo arrastra hasta unos puestos de comida. Él solo se queda mirando sus manos juntas.
[Su mano...es tan cálida]
Vania suelta su mano para agarrar unos palitos con carne asada y vuelve a sentir el frío en la mano.
Ella le extiende un palito de carne y el se niega, pero ella lo obliga a comer poniendo la carne directamente en su boca.
— Está delicioso ¿verdad? — ella le sonríe y su corazón comienza a palpitar fuerte.
...
Pasaron la mañana muy a gusto. Y se conocieron un poco más. Pero ya era hora de regresar.
— Iré por los niños. — dijo Damián.
— Entonces esperaré en el carruaje.—le respondo.
Damián la deja sola y ella va camino al carruaje, pero es jalada a un callejón oscuro y sin salida.
Me tiene sujeta contra la pared.
— Hola princesita. Crees que no te iba a encontrar.—pregunta el extraño.
— ¿Quién eres y qué quieres?
— Alguien me envió por tí. Debes regresar por las buenas.
— No voy a regresar
— Si no regresas, mataré al Archiduque y a sus hijos.
[Y ahora quién es este tipo]
— Te aseguro que vas a morir, si les tocas un solo cabello.
— Oh, que miedo.— dice sarcástico.
— Vete a la mierda.— escupo en su cara y él solo se ríe a carcajadas.
[Como lo odio]
— El Emperador y tus padres no descansaran hasta tenerte. No puedes escapar.
— Que sigan buscando. No me encontrarán.
— Pero si yo lo hice, ellos también.
— No si mueres primero.
Una espada atraviesa desde la espalda hasta el pecho del hombre y este se ríe, luego cae muerto al suelo.
Damián había llegado y se había enfurecido al ver a Vania en peligro.
— ¿Estás bien? — pregunta acercado su mano a mi rostro y acariciandolo.
— Sí, estoy bien. Gracias.
— Cuando llegué al carruaje, no estabas. Así que salí a buscarte.
— Gracias por no olvidarme.
— ¿Quién era ese hombre?
— No lo sé. Estaba caminando tranquilamente, hasta que me atrapó y me trajo aquí.
Damián no le cree mucho, pero decide aceptar su respuesta, por ahora.
— Vamos, no hagamos esperar más a los niños. —le digo
Salgo caminando del callejón, pero Damián se queda atrás.
— Averigua quién era ese hombre y por qué persiguió a mi mujer. —le habla a una sombra.
— Como usted diga, amo.— desaparece.
Damián apresura sus pasos y alcanza a Vania. El no permitirá que le hagan daño a la persona que está haciendo latir de nuevo, su corazón.
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