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La Reina del CEO Loco

La Reina del CEO Loco

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Equilibrio De Poder / Juego de roles
Popularitas:108k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Irin_Kokh

Tras años de haber estado perdida, Valentina Rojas aparece misteriosamente en la estación de policía asegurando que apenas recordó quien era. Ante esto sus tíos, quienes se habían quedado con toda la fortuna de sus padres, la buscan, pero solo para ser el reemplazo de su hija en un matrimonio acordado con los Alcorta, ya que todos saben que Dante Alcorta, su futuro esposo, se había vuelto loco después de un accidente.
Valentina acepta el matrimonio y al llegar a la mansión lo primero que hace es descubrir que en realidad Dante no está loco como todos creen y que todo se trata de una conspiración para apoderarse de toda la herencia Alcorta, pero valentina no permitirá esto, porque lo que nadie sabe, es que Valentina desde un inicio tenía planeado aceptar ese matrimonio y su regreso no fue una coincidencia. ¿Quién es realmente Valentina? ¿Por qué acepto el matrimonio con Dante?

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

El Sanatorio Santa María era el privado más famoso de Rosario.

Atendía a gente de apellido, pero también recibía pacientes pobres con enfermedades terminales y les daba tratamientos gratuitos. Esa fachada de caridad había sido lo que convenció a Clara Rojas, la madre de Valenntina, de aceptar el puesto años atrás.

Valenntina todavía recordaba las noches de infancia en esos pasillos, esperando con sueño mientras su mamá salía de una guardia para entrar en otra.

Bajó al estacionamiento. Encontró un lugar cerca del ascensor y metió el auto con una sola maniobra.

Un deportivo rojo frenó al lado.

La mujer que bajó tenía rulos grandes, lentes caros y cara de no haber escuchado nunca un “no”.

—Sacá tu auto. Ese lugar es mío.

Valenntina se quitó los anteojos.

—No veo ningún cartel.

—El sanatorio me lo reservó. Todavía no pusieron la chapa.

—Entonces reclamales a ellos.

—¿Sabés quién soy? Soy Mía Suárez. Hasta la directora me trata con respeto. Yo estaciono donde quiero.

—Qué suerte. Hoy no.

Mía atravesó el deportivo y bloqueó la salida.

—A ver si ahora seguís tan canchera.

Valenntina respiró una vez.

—Te doy tres segundos.

—Dale, contá.

—Tres.

—Qué miedo.

—Dos.

—Con ese autito venís a hacerte la pesada.

—Uno.

Valenntina saltó.

El tacón tocó el techo del deportivo con un golpe seco. Antes de que Mía reaccionara, Valenntina hizo una vuelta limpia, cayó del otro lado y pasó los dedos por la manija.

La alarma empezó a chillar.

Mía quiso abrir. La puerta no respondió. El sistema quedó muerto, las trabas cerradas, el tablero parpadeando como si se hubiera vuelto loco.

—Divertite —dijo Valenntina, y se fue.

En recepción, una guía impecable le sonrió.

—¿Tiene turno?

—No.

—Sin turno no podemos atenderla.

Valenntina vio un cartel sobre una conferencia médica.

—¿A eso puedo entrar?

—Es una charla de la directora para profesionales. Solo jefes de servicio y médicos de nivel equivalente.

Valenntina sacó una tarjeta dorada.

—¿Esto sirve?

La guía la miró sin entender.

—No parece una matrícula nacional.

—Claro.

Guardó la tarjeta. Si la puerta principal se cerraba, siempre quedaban las otras.

Salió del edificio, rodeó el lateral y encontró dos fallas de seguridad en menos de un minuto. En el tercer piso, el auditorio estaba lleno.

En el escenario hablaba la doctora Silvia Méndez, directora del Santa María. Cincuenta y tantos, traje perfecto, tono de prócer.

El sanatorio había estado al borde de la quiebra veinte años atrás. Desde que Méndez tomó el mando, creció, atrajo inversiones y se vendió como modelo de medicina privada con conciencia social.

Valenntina escuchó diez minutos. Se aburrió.

Las supuestas novedades internacionales eran material viejo para ella.

Estaba por irse cuando alguien preguntó:

—Doctora, hace diez años hubo aquí una muerte por error quirúrgico. ¿Qué reflexión le merece?

Silvia Méndez bajó los ojos con dolor medido.

—Errar es humano, pero un médico debe respetar los protocolos. Aquella tragedia nos obligó a revisar procesos. Como profesional, todavía me avergüenza que la responsable haya pertenecido a esta institución.

—¿Se refiere a la doctora Clara Rojas?

—Sí.

El auditorio aplaudió.

Valenntina se rio, bajo, pero en el silencio posterior sonó como un vidrio roto.

—La mujer está muerta hace diez años y todavía la usan para subirse al banquito. Qué asco.

El primero en saltar fue un alumno de Méndez.

—¿De qué hospital sos? No parecés tener edad ni para una residencia. ¿Viniste a provocar?

—No juzgues por la cara. Te deja bastante mal parado.

—¡Seguridad!

Valenntina ya estaba caminando al escenario.

Subió de un salto y miró a Silvia Méndez de frente.

—Qué bien te queda el papel de referente. ¿Te animás a contar sobre los pacientes que murieron por tu culpa?

Méndez perdió color, pero se recompuso rápido.

—Señorita, si tiene algún reclamo, podemos hablar en mi oficina. La charla sigue.

—No. Acá está perfecto.

—Esta conferencia tiene requisitos. Debe ser médica jefa o equivalente. Si no cumple, se retira.

Los de seguridad avanzaron.

Valenntina puso la tarjeta dorada sobre el proyector.

La imagen se agrandó en la pantalla.

Un murmullo explotó.

—Es una acreditación internacional de médica de élite.

—En Argentina hay poquísimas...

—No puede ser de ella. Es demasiado joven.

Méndez sonrió, agarrándose de esa duda.

—Si va a mentir, no exagere. Ese reconocimiento está fuera del alcance incluso para mí.

Su alumno se sumó:

—Usurpar una credencial médica también es delito.

Valenntina negó con la cabeza.

—Se llaman expertos y no distinguen una tarjeta real de una trucha.

Un médico de mediana edad levantó el celular.

—Le mandé una foto a mi maestro. Él tiene una igual.

El teléfono sonó enseguida. El hombre contestó y su espalda se enderezó.

—¿Dice que puede ser real? Sí, es joven. Veinte, más o menos. ¿Va a venir?

Cortó.

El auditorio cambió de tono.

Méndez atacó por otro lado.

—Aunque sea real, podría ser de otra persona.

Veinte minutos después entró un anciano de paso apurado. Todos se levantaron.

—¡Doctor Lucio Álvarez!

—Maestro.

—Doctor, qué honor.

Lucio Álvarez no saludó a nadie.

Fue directo a Valenntina.

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Maria Gonzalez Gonzalez
jajajaja lo volvieron eunuco, jajajaja jajajaja jajajaja
Piedad Quintana
esos dos dos juntos 👏👏👏
Piedad Quintana
ese Dante es un cacharro 😂
Piedad Quintana
jajajaja se puso ya color de hormiga 🐜🐜🐜
Piedad Quintana
demasiado bueno 😃
Maria Gonzalez Gonzalez
pinches viejas ponzoñosas 🤔😡😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay David que no entiendes que NO es NO🤔🤔
Shirley Quesada
y yo estoy emparejando a Milena con Jorge
Piedad Quintana
😳😳😳😳
Piedad Quintana
😂😂esto si que me hizo reír 😂😂
Maria Gonzalez Gonzalez
hasta yo llore de la regañada del abuelito Lorenzo, eso quiere decir que está bien el viejito loco 🤔😃😂😂😂
paula andrea perez noreña
Pobre Dante 🤣🤣
Yareni Ahumada
.
paula andrea perez noreña
🤦‍♀️
Lennys Ariannys
es muy buena, de principio a fin, la disfrute al máximo, tiene de todo comedia romance acción, de todo... los personajes excelentes las interacciones muy buenas.../Angry//Angry//Angry//Angry/
Maria Gonzalez Gonzalez
que bonito detalle lo de las rosas ❤️❤️😍
Maria Gonzalez Gonzalez
es difícil no tener por todo lo que pasó Valenn a todo lo que se enfrenta 🤔😃😍😍
Patty Zenemij
excelente me encantó saludos y bendiciones 🙏🙏
paula andrea perez noreña
🤣🤣🤣
DJM 💜
😣😭😭😭😢😢
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