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MAHUA

MAHUA

Status: En proceso
Genre:Aventura / Magia y demonio / Romance
Popularitas:148
Nilai: 5
nombre de autor: melany ayelen tschentscher

Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.

NovelToon tiene autorización de melany ayelen tschentscher para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 12: "LA LLAVE DEL FIN"

El barco seguía elevándose.

Lentamente.

Crujiendo como un cadáver arrastrado fuera de su tumba.

Las cadenas del Luk’s Stray vibraban mientras el océano suspendido giraba sobre nuestras cabezas formando aquel gigantesco ojo marino que parecía observarnos desde otra realidad. Las velas se desgarraban una por una bajo la presión del viento invertido y los tablones del casco comenzaban a separarse entre sí con gemidos profundos.

El aire olía a sal.

A podredumbre.

A algo demasiado antiguo para tener nombre.

Las sirenas seguían cantando.

Y cada nota hacía que el barco subiera más.

Más cerca del océano del cielo.

Más cerca de aquella presencia dormida detrás de la grieta.

Los tripulantes corrían desesperados por cubierta.

Algunos intentaban asegurar las cuerdas.

Otros rezaban.

Otros simplemente lloraban.

—¡Nos vamos a partir! —gritó uno mientras el mástil principal se inclinaba peligrosamente.

—¡El casco no resistirá!

—¡Capitana!

La capitana escupió sangre sobre la madera mojada y levantó su sable otra vez.

Incluso ella parecía afectada ahora.

Sus ojos temblaban apenas.

Pero seguía de pie.

—¡NADIE ABANDONA EL BARCO! —rugió—. ¡Si caen al océano de arriba sus almas jamás encontrarán descanso!

Otra sirena atravesó el aire.

El joven reaccionó antes de que pudiera tocarla.

La espada azul cortó horizontalmente.

La criatura ni siquiera alcanzó a gritar.

Su cuerpo se abrió en dos y se disolvió en agua negra que flotó hacia el cielo como lluvia invertida.

Pero él también cayó de rodillas.

La espada vibraba demasiado fuerte.

Las venas azules comenzaban a extenderse por su brazo.

—¡Oye! —corrí hacia él—. ¡¿Qué te sucede?!

Él respiraba con dificultad.

Como si estuviera ahogándose.

—La espada… está despertando algo…

Su voz salió rota.

Levantó la mirada hacia el océano suspendido.

Y por un segundo vi terror verdadero en sus ojos.

—Puedo escucharlo.

Un escalofrío me recorrió completa.

Porque yo también lo escuchaba.

Aquella presencia.

No eran palabras.

No exactamente.

Era hambre.

Una necesidad tan inmensa que hacía parecer pequeños todos los océanos del mundo.

Las sirenas descendieron otra vez alrededor del barco formando círculos en el aire húmedo.

La líder abrió lentamente los brazos mientras su corona de huesos brillaba bajo la luz azul.

—La puerta está respondiendo.

La marca en mi pecho ardió violentamente.

Caí de rodillas.

Sentí algo tirando de mí.

Hacia arriba.

Hacia la grieta.

La sirena sonrió.

—Ya puede sentirte.

El joven se interpuso inmediatamente entre ambas.

La espada rugió como si dentro de ella hubiese agua chocando contra piedras gigantescas.

—¡No se le acerquen!

La líder lo observó con una mezcla extraña de miedo y fascinación.

—El hijo del Abismo defendiendo la llave…

Otra grieta atravesó el cielo.

Esta vez debajo de nosotros.

No arriba.

Abajo.

El mundo entero tembló.

Los tripulantes dejaron de moverse.

Porque el cielo inferior…

comenzó a abrirse.

Nubes negras giraron formando un enorme remolino bajo el barco. Relámpagos azules iluminaron aquella profundidad infinita y entonces algo gigantesco cruzó lentamente la oscuridad.

Una aleta.

Inmensa.

Más grande que el propio Luk’s Stray.

La capitana palideció.

—No…

El agua suspendida cayó en espiral alrededor del monstruo mientras ascendía desde el cielo inferior.

Una mandíbula colosal emergió entre las nubes.

Filas infinitas de dientes.

Ojos blancos.

Vacíos.

El Megalodón.

El monstruo abrió la boca.

Y el rugido atravesó ambos océanos al mismo tiempo.

Las tablas explotaron.

Varios tripulantes cayeron al suelo sangrando por los oídos.

Yo apenas pude mantenerme consciente.

El joven apretó los dientes.

—Eso no viene por el barco…

La líder de las sirenas me señaló.

—Viene por ella.

El corazón se me detuvo.

La marca ardió tan fuerte que sentí el olor de mi propia piel quemándose bajo la ropa.

La voz regresó dentro de mi cabeza.

ABRE.

Vi imágenes.

Océanos devorando cielos enteros.

Ciudades hundidas.

Criaturas gigantes caminando bajo aguas negras.

Y algo dormido al fondo de todo.

Observando.

Esperando.

—¡Ey! ¡Mírame!

El joven sujetó mi rostro con fuerza.

Su voz sonaba distante.

Lejana.

—No escuches esa cosa.

Parpadeé varias veces intentando respirar.

Pero cada vez era más difícil distinguir qué era real.

El barco seguía elevándose.

Demasiado rápido ahora.

El océano invertido estaba cada vez más cerca.

Ya podía ver criaturas moviéndose dentro de aquellas aguas suspendidas.

Sombras inmensas.

Demasiadas.

El Megalodón rugió otra vez desde abajo.

Y entonces algo respondió desde arriba.

Un sonido profundo.

Gigantesco.

Las aguas del océano suspendido explotaron hacia afuera.

El Leviatán apareció.

No descendió.

Simplemente…

estaba allí.

Como si el cielo hubiese tomado forma viva.

Su cuerpo era tan inmenso que mi mente no conseguía comprenderlo completo. Escamas negras cubiertas de grietas luminosas atravesaban corrientes enteras mientras múltiples ojos se abrían lentamente a lo largo de su cuello infinito.

Los tripulantes comenzaron a gritar.

Algunos se arrojaron de rodillas.

Otros intentaron arrancarse los ojos.

—¡NO MIREN! —gritó la capitana desesperada—. ¡NO LO MIREN DIRECTAMENTE!

Demasiado tarde.

Uno de los marineros comenzó a reír.

Una risa aguda.

Rota.

—Lo veo… lo veo nadando detrás de mis pensamientos…

Y se lanzó por la borda.

Hacia el océano del cielo.

Desapareció entre las aguas suspendidas sin siquiera salpicar.

El joven apretó la espada.

—Esto no es una batalla…

No.

Era algo peor.

Era el mundo rompiéndose.

El Leviatán descendió lentamente desde el mar superior mientras el Megalodón ascendía desde el cielo inferior.

Ambos monstruos moviéndose hacia el mismo punto.

Hacia mí.

La líder de las sirenas sonrió.

—Todos obedecen la llamada de la llave.

La capitana caminó hasta colocarse frente a mí.

Por primera vez parecía realmente asustada.

—Niña…

Su voz salió más suave.

Más humana.

—¿Qué eres?

No pude responder.

Porque no lo sabía.

La marca latía ahora al mismo ritmo que los océanos.

BUM.

El cielo tembló.

BUM.

El barco se inclinó violentamente.

BUM.

Una grieta atravesó todo el casco.

Los tripulantes comenzaron a caer mientras el Luk’s Stray crujía al borde del colapso.

—¡SE PARTE! —gritó alguien.

La capitana reaccionó al instante.

—¡TODOS A LAS CUERDAS! ¡MANTENGAN EL PESO CENTRAL!

Pero el pánico ya había explotado.

El océano superior comenzó a absorber agua del inferior formando enormes columnas que atravesaban el aire alrededor del barco. Las sirenas nadaban entre ellas cantando cada vez más fuerte.

El joven levantó la espada azul.

—¡Cúbrete!

La hoja liberó una explosión de luz oceánica.

Una onda atravesó la cubierta.

Cinco sirenas fueron lanzadas contra el vacío.

Otra quedó completamente desintegrada.

Pero la espada también desgarró parte del mástil principal.

La estructura se quebró.

El enorme poste cayó directamente hacia nosotros.

—¡MUÉVETE! —gritó él.

Me empujó justo antes del impacto.

La madera atravesó cubierta explotando en cientos de astillas.

El barco entero se inclinó de lado.

Y por un segundo quedamos prácticamente suspendidos en vertical entre ambos océanos.

Los tripulantes gritaban aferrándose a cualquier cosa.

El Megalodón abrió la boca desde abajo.

El Leviatán descendió desde arriba.

Y el Luk’s Stray quedó atrapado exactamente entre ambos.

Como una presa.

La marca ardió tanto que terminé gritando.

Caí sobre la cubierta mientras imágenes inundaban mi mente.

Vi personas antiguas. Arrodillados frente a criaturas marinas gigantescas.

Vi guerras imposibles bajo océanos negros.

Y vi algo más.

Al chico.

Mucho tiempo atrás.

Cubierto de agua azul hasta el cuello.

Una voz susurrándole:

EL ABISMO TE RECLAMA.

Abrí los ojos sobresaltada.

Él me observaba.

Y comprendí que también había visto algo.

—Tú…

Respiraba agitado.

—¿Cómo estabas ahí?

No alcancé a responder.

Porque las sirenas comenzaron a gritar aterradas.

La líder giró bruscamente hacia el océano superior.

—¡No…!

El Leviatán había cambiado de dirección.

Ya no venía hacia mí.

Venía hacia el Megalodón.

La criatura del cielo abrió sus múltiples ojos.

El monstruo inferior rugió.

Y ambos colisionaron.

El impacto partió las nubes.

El océano suspendido explotó en olas gigantescas mientras el Megalodón saltaba desde el vacío inferior mordiendo el cuello del Leviatán. Sangre negra cayó como lluvia sobre el barco.

Los tripulantes quedaron paralizados observando aquella guerra imposible sobre sus cabezas y bajo sus pies al mismo tiempo.

El Leviatán rugió.

Un sonido tan profundo que sentí mis huesos vibrar.

Entonces apareció algo más.

Algo enorme emergiendo desde el océano inferior.

Tentáculos.

Gigantescos.

Cubiertos de cicatrices.

El Kraken.

Saltó desde el cielo inferior directamente hacia el Megalodón.

Los tentáculos envolvieron parcialmente a la bestia mientras ambas criaturas atravesaban las corrientes invertidas destruyéndose mutuamente.

Las sirenas comenzaron a entrar en pánico.

—¡El guardián volvió!

—¡Eso no debería ser posible!

—¡La prisión estaba rota!

La líder observó horrorizada cómo el Kraken hundía uno de sus tentáculos dentro del ojo del Megalodón.

El monstruo rugió violentamente.

Y el barco recibió una ola de choque brutal.

El Luk’s Stray se quebró por la mitad.

Literalmente.

Un sonido horrible atravesó la cubierta.

Madera separándose.

Hierro arrancándose.

Almas gritando.

Los tripulantes comenzaron a caer entre ambas mitades del barco.

La capitana corrió inmediatamente.

—¡NO SUELTEN LAS CUERDAS!

Atrapó a uno de los marineros antes de que fuera absorbido hacia el océano superior.

Otro desapareció hacia abajo gritando mientras el vacío lo devoraba.

La capitana temblaba intentando sostener las almas marcadas del barco.

—¡No… no puedo mantenerlos a todos!

La desesperación en su voz me destrozó.

Porque por primera vez entendí lo que realmente hacía.

No transportaba personas.

Transportaba muertos.

Almas perdidas.

Y si el barco se destruía…

ellas desaparecerían para siempre.

El joven cayó de rodillas.

La espada azul vibraba descontroladamente ahora.

Las marcas luminosas ya cubrían todo su brazo y subían por su cuello.

—No puedo detenerlo…

Su voz estaba quebrándose.

—Algo dentro de mí quiere abrir la puerta.

La líder de las sirenas descendió lentamente frente a nosotros.

Ya no sonreía.

—Porque fuiste creado para eso.

El joven levantó la mirada lleno de rabia.

—¡Cállate!

Ella señaló la espada.

—La marca Azul no bendice humanos. Los convierte.

Silencio.

El muchacho comenzó a temblar.

—¿Convertirme… en qué?

La sirena lo observó como si sintiera pena.

—En heraldo.

La palabra golpeó más fuerte que cualquier monstruo.

El Leviatán rugió arriba.

El Kraken desgarró parte de la mandíbula del Megalodón.

Y el barco terminó de partirse.

La cubierta se inclinó completamente.

Sentí que el vacío me arrastraba.

El joven me sujetó de la mano justo antes de caer.

Ambos quedamos colgando entre los restos del Luk’s Stray mientras arriba rugía el océano y abajo se abría la oscuridad infinita.

La capitana seguía luchando por mantener unidos a sus tripulantes.

Las sirenas gritaban.

Los monstruos destruían el cielo.

Y la grieta…

seguía abriéndose.

Más.

Más.

Más.

Hasta que algo gigantesco comenzó a emerger detrás de ella.

Solo un fragmento.

Una cavidad inmensa.

Un ojo dormido.

El mundo entero pareció contener la respiración.

La voz regresó dentro de mi cabeza.

AHORA.

La marca explotó en luz.

El océano se detuvo.

Todo.

Las sirenas quedaron inmóviles.

Las olas suspendidas dejaron de moverse.

Incluso el Leviatán y el Megalodón parecieron congelarse por un instante.

El joven abrió los ojos horrorizado mirándome.

—¿Qué acabas de hacer…?

No lo sabía.

Pero podía sentirlo.

Algo me estaba usando.

Como una puerta.

La grieta comenzó a abrirse completamente.

Y del otro lado… Nos observaba.

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