Voran, un ser de inmortalidad y fuerza inconmensurable, ha evitado el amor por siglos, temiendo que su inmenso poder destruya todo lo frágil y bello.
Él,un vampiro milenario forjado en la soledad y el poder, creía que su corazón estaba tan frío como las montañas que lo ocultaban. Hasta que sus ojos cayeron sobre Ginia, una joven humana cuya pureza y bondad eran un bálsamo en su oscura existencia.
Él la observa desde las sombras, temiendo que su propia naturaleza la destruya, pero incapaz de mantenerse alejado.... Una tormenta los une en un encuentro predestinado, un vínculo inquebrantable comienza a forjarse. Pero el amor entre la luz y la oscuridad tiene un precio, y la intimidad puede ser un acto tan peligroso como la guerra. El miedo a dañarla se cierne sobre cada roce,cada mirada, cada anhelo de intimidad¿Podrá Voran superar su miedo a dañar a la mujer que ha despertado su alma? Cuando lo imposible suceda, ¿podrá Ginia soportar el peso de un amor que desafía la vida y la muerte!?
NovelToon tiene autorización de Samanta Otero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CUANDO EL DESEO SE HACE FUERZA.
Los días siguientes pasaban muy lentos para los dos, pero al mismo tiempo sentían que cada día que pasaba se acercaban más a ese momento que tanto deseaban. Ginia seguía practicando con sus poderes, y aunque al principio le costaba mucho, poco a poco iba entendiendo cómo funcionaban, y se dio cuenta de que cuando estaba con Voran, cuando sentía su amor y su deseo, todo le salía mucho más fácil, mucho más natural. Se daba cuenta de que su magia no era algo que estaba aparte de lo que sentía, sino que era parte de ella misma, que nacía de su corazón, de su alma, de todo ese amor inmenso que llevaba dentro.
Una tarde, estaban los tres en el lugar que más les gustaba: un claro del bosque, rodeado de árboles altos, de flores y de naturaleza, donde el sol se colaba entre las ramas y todo se sentía en paz y en calma. Itzel estaba un poco más lejos, sentada bajo un árbol, dejándolos a solas, porque sabía perfectamente que necesitaban estar los dos solos para poder entenderse mejor, para hablar de todo lo que sentían y para que Ginia fuera descubriendo todo lo que era capaz de hacer.
Ginia estaba sentada en una piedra grande y lisa, mirando a Voran que estaba parado frente a ella, apoyado en un tronco, con esa elegancia y esa belleza que tenía siempre, y se sentía llena de unas ganas tan grandes de él, que hasta le dolía en el pecho de tanta intensidad. Se dio cuenta de que cada vez que lo miraba, su cuerpo le pedía ir corriendo a sus brazos, que cada vez que él le hablaba, sentía que se le derretía el alma, y que cada vez que se tocaban aunque fuera un poquito, una corriente eléctrica recorría todo su ser.
Se levantó despacio y caminó hacia él, con pasos suaves, como si estuviera caminando sobre nubes, y cuando estuvo justo frente a él, le tomó la cara entre sus manos, mirándolo fijamente a los ojos, perdiéndose en esa oscuridad hermosa que tenía su mirada. Sentía que sus manos le quemaban un poquito, no por calor, sino por esa energía especial que salía de ella, y vio con asombro cómo una luz suave, brillante y dorada, salía de sus palmas y lo cubría a él todo suavemente, como si fuera una manta de luz. Y lo más hermoso de todo era ver cómo esa luz lo calmaba, cómo hacía que su expresión se volviera más tranquila, más en paz, más feliz.
—Voran… —le dijo ella, con la voz suave pero llena de todo el sentimiento que tenía guardado—. Me di cuenta de algo importante, algo que cambia todo. Mis poderes no son solo para hacer cosas raras, ni solo para protegernos de los peligros, ni para defender a la gente que quiero. Son también, y sobre todo, para ayudarte a vos, para cuidarte a vos, para ser tu calma y tu paz. Cuando te toco, cuando estoy cerca de vos, siento que mi energía pasa a tu cuerpo, siento que te quita esa sed que te quema por dentro, siento que te llena de tranquilidad y de bienestar. ¿Te das cuenta, mi vida? Yo puedo darte lo que necesitás, yo puedo ser tu medicina, yo puedo ser todo lo que te hace falta para estar bien, para estar tranquilo, para ser vos mismo sin miedos.
Él la escuchaba, mirándola con una mezcla infinita de asombro, de amor, de gratitud y de un deseo que cada día crecía más y más. Le tomó las manos que tenía en su cara y se las apretó fuerte contra su pecho, para que sintiera cómo ahí, aunque no latía como el de ella, vivía un sentimiento más fuerte que cualquier corazón en el mundo. Sintió cómo esa energía de ella le recorría todo el cuerpo, llenándolo de esa paz que solo ella podía darle, esa paz que había buscado durante siglos y que nunca había encontrado hasta que ella llegó a su vida.
—Lo sé, mi vida… lo siento cada segundo que estoy con vos —le respondió él, con voz baja, ronca de emoción, mirándola sin dejar de ver ni un solo detalle de su cara—. Antes, durante cientos de años, yo sentía esa sed, esa necesidad inmensa que me quemaba por dentro todo el tiempo. Tenía que estar siempre controlando lo que soy, tenía que usar pociones que me preparaba Itzel, tenía que conseguir sangre de animales o de hospitales para poder calmarme un poco, para no perder el control, para no hacerme daño ni hacérselo a nadie. Vivía siempre luchando contra mí mismo, siempre con miedo de lo que podía pasar si me descuidaba un solo instante. Pero desde que llegaste vos… todo cambió, todo se transformó, todo se hizo luz. Tu sola presencia, tu olor, tu calor, tu forma de ser, tu alma que está unida a la mía… eso es lo único que me calma ahora. Con solo tenerte cerca, con solo tocarte un poquito, con solo escuchar tu voz… esa sed se va, desaparece, se transforma en amor, en ganas de cuidarte, en ganas de ser solo tuyo y de que seas solo mía. Vos sos mi cura, Ginia. Vos sos lo único que me hace falta para estar bien, para ser feliz, para sentirme completo.
Se quedó callado un momento, tragando saliva con fuerza, porque estar tan cerca de ella, verla así, tan llena de amor y de dulzura, le hacía un esfuerzo enorme para no tomarla ahí mismo y hacerla suya como tanto lo deseaba. Le acarició el cabello despacio, apartando unos mechones que le caían sobre la cara, y siguió hablando, con una pasión que se le notaba en cada palabra, en cada movimiento, en cada mirada.
—Pero lo que yo quiero, amor de mi vida… no es solo tenerte cerca, no es solo tocarte un poquito o sentir tu energía para estar tranquilo —le dijo él, acercando su cara mucho más a la de ella, hasta que sus respiraciones se mezclaban por completo—. Yo quiero tenerte totalmente. Quiero poder abrazarte fuerte hasta que no quede ni un milímetro de distancia entre nuestros cuerpos. Quiero poder besarte cada centímetro de tu piel, recorrerte toda con mis labios, con mis manos, con todo mi ser. Quiero sentirte mía de verdad, sentir que sos parte de mí, sentir que somos uno solo. Tengo unas ganas tan grandes de estar con vos, de amarte, de hacer realidad todos esos sueños que tenemos cada noche, que a veces siento que me voy a volver loco de tantas ganas que tengo. Quiero que todo lo que imaginamos en la oscuridad de la noche se vuelva verdad acá, ahora mismo, bajo este sol, bajo este cielo que nos vio nacer el uno para el otro.
Ginia sentía que el corazón le latía tan fuerte que le iba a salir del pecho, que todo su cuerpo le pedía estar más pegada a él, sentirlo más suyo, entregarse a él por completo. Sus manos se fueron solas hasta su pecho, acariciándolo despacio, sintiendo la piel fría y hermosa de él, sintiendo cómo él se estremecía con cada roce que ella le hacía, cómo se ponía tenso de puro deseo y amor. Le respondió con toda la fuerza que tenía dentro, con todo el amor y todas las ganas que le llenaban el alma y que no le cabían en el pecho.
—Yo también lo quiero, Voran… más que a nada en este mundo —le dijo ella, con la voz temblorosa por la emoción, con los ojos brillantes llenos de amor y deseo—. Yo también sueño cada noche con que estemos juntos, con que nos amemos, con que seamos uno solo sin nada que nos separe. Ya no puedo más con esta espera, ya no puedo más con tener que contenerme, ya no puedo más con soñar y despertarme y ver que todavía no sos mío del todo. Yo te pertenezco totalmente, desde antes de que naciéramos, desde el principio de los tiempos, y quiero que lo sepas, quiero que lo sientas, quiero que lo vivas conmigo. Te doy todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que seré… es tuyo, solo tuyo, por siempre y para siempre.
Él la miró a los ojos, y por un momento se le olvidó todo lo que había pensado antes, todo lo que se había prometido esperar. Solo sentía a ella, solo sentía el amor que los unía, solo sentía el deseo que los quemaba a los dos como fuego puro. Le acarició la cara despacio, con una ternura infinita, pero con una pasión que ardía en sus ojos, y se acercó más, hasta que sus frentes se tocaron, hasta que sus narices se rozaron, hasta que sus labios estuvieron a punto de encontrarse.
—Si supieras lo mucho que te deseo… —le susurró él, muy cerca de su boca, con una voz que le hacía temblar hasta los huesos—. Si supieras cómo me quemas por dentro cada vez que te veo, cada vez que te toco, cada vez que respiro tu olor que es el aire que yo necesito para vivir. Te deseo más que a mi propia vida, más que a la eternidad entera, más que a cualquier cosa que pueda existir. Y te juro que ese momento que tanto esperamos está cada vez más cerca, mi amor. Ya casi llegó. Y cuando llegue, no voy a contenerme más. Te voy a dar todo lo que te merecés, todo lo que soñaste, todo lo que te prometí. Te voy a amar con toda mi alma, te voy a cuidar con toda mi fuerza, te voy a hacer la mujer más feliz, más amada y más deseada de todo el universo.
Se detuvo un instante, mirándola profundamente a los ojos, viendo cómo ella lo miraba con tanta confianza, con tanto amor, con tanta entrega, y supo que ya estaban listos. Que ya no había nada que esperar, que ya estaban completos el uno con el otro. Le dio un beso suave y dulce en la frente, otro en cada una de sus mejillas, y por último, rozó sus labios con los de ella, un beso suave al principio, tierno y lleno de promesas, pero que tenía tanta pasión guardada que hizo que los dos temblaran enteros, como si hubieran recibido la corriente más fuerte de amor del mundo.
Ella respondió al beso con toda su alma, acercándose más, abrazándolo con fuerza por el cuello, enredando sus dedos en su cabello, sintiendo que por fin, poco a poco, todas esas ganas que tenían, todos esos sueños que compartían, empezaban a transformarse en realidad, en algo vivo, en algo que podían tocar y sentir. Sabían que todavía faltaba dar el paso final, sabían que pronto iba a pasar todo, pero también sabían que cada día que pasaban juntos, cada beso, cada abrazo, cada mirada llena de sentimiento, los acercaba más y más a ese momento único en que por fin serían totalmente suyos, sin barreras, sin miedos, sin nada que los separara, solo ellos dos, su amor infinito y esa felicidad que les estaba esperando desde siempre.
Se quedaron ahí abrazados, besándose despacio, disfrutando de ese momento, sintiendo cómo sus energías se unían y se mezclaban, cómo su amor crecía más y más, llenando todo el bosque de luz y de esa magia hermosa que solo ellos dos podían crear. Itzel, que los miraba desde lejos, sonreía con alegría y con los ojos llenos de lágrimas de felicidad, sabiendo que lo que tenían era algo muy especial, algo que iba a durar para siempre, algo que ni el tiempo ni la distancia ni ninguna fuerza oscura podría romper jamás. Y los dos sabían también, en lo más profundo de su ser, que nada ni nadie en el mundo iba a poder contra lo suyo, porque su amor era más fuerte que cualquier cosa, más fuerte que la vida misma.