Anastasia solo quería un café tranquilo y quizás encontrar la oferta del 2x1 en su supermercado. En cambio, terminó siendo el centro de atención de siete hombres que parecen sacados de una fantasía... o de un manicomio con buena genética.
Un millonario excéntrico, un artista bohemio dramático, un científico genio con alergia social, un chef que solo cocina para ella, un guardaespaldas estoico que le tiene miedo a los gatos... ¿y la lista sigue? Anastasia intentará mantener la cordura (y su espacio personal) mientras su "harem" compite por su afecto de las maneras más hilarantes y desastrosas imaginables.
¿Podrá encontrar el amor verdadero o solo una gran factura de terapia?
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Capítulo 12: La Vigilancia Desactivada y el Misterio del Chocolate
La "Cena de Degustación Ancestral" había cimentado el lugar de Anastasia como la "pegamento" de este peculiar grupo. Había demostrado que podía mantener la calma bajo presión y que, incluso con un horno averiado, serpientes inesperadas y artistas temperamentales, el espectáculo podía continuar. Nico estaba más enamorado que nunca de su eficiencia, Caleb la veía como su "musa de la resolución", Silas actualizaba sus algoritmos de liderazgo y Max... Max simplemente estaba impresionado de que no hubiera estallado en llamas.
Pero, como siempre, la calma era solo el preludio de una nueva tormenta. Esta vez, la crisis no era artística, culinaria o existencial. Era de seguridad, y el epicentro era, sorprendentemente, Rocky Ferreo.
Todo comenzó con un incidente inusual. Anastasia había notado que Rocky no estaba tan vigilante como de costumbre. Sus ojos, en lugar de escanear el horizonte en busca de amenazas, parecían un poco perdidos. Sus reacciones eran más lentas. E incluso, una vez, lo encontró tarareando una canción infantil mientras revisaba la cerradura de su puerta.
"Rocky, ¿estás bien?", le preguntó Ana un día, mientras él estaba inspeccionando una farola con una linterna.
Rocky se sobresaltó. "¡Señorita! ¡Perímetro comprometido! ¡No detectada su aproximación!" Luego, se ajustó su habitual postura de roble. "Estoy perfectamente, señorita. Solo... analizando un patrón de corrosión en el metal. Podría indicar un sabotaje."
Ana no estaba convencida. La corrosión parecía ser una mancha de óxido común.
La situación escaló cuando Rocky, durante una de sus habituales "patrullas de seguridad", se quedó dormido en un banco del parque. Un pájaro le picoteó la oreja para ver si era real. Ana lo encontró con una expresión de placidez nunca antes vista.
"Rocky, ¿te has... quedado dormido?", preguntó Ana, apenas conteniendo la risa.
Rocky abrió los ojos de golpe. "¡Negativo! ¡Era una simulación de estado de reposo para evaluar la vulnerabilidad a ataques furtivos!"
Pero el golpe de gracia llegó la semana siguiente. El equipo de seguridad que Rocky había contratado para Anastasia (un grupo de hombres igual de grandes y silenciosos que él, pero con menos fobia a los gatos) llegó a su apartamento con una expresión de profunda preocupación.
"Señorita", dijo el líder, un hombre llamado Boris, con una voz que sonaba como grava. "Rocky... ha desaparecido."
Ana parpadeó. "¿Desaparecido? ¿Qué quieres decir con 'desaparecido'?"
"Su localizador GPS está inactivo. Su última ubicación conocida fue... una chocolatería. Y su radio de comunicación está en silencio."
Ana, con un nudo en el estómago, convocó a la "Junta de Resolución de Crisis". Los otros llegaron con una mezcla de pánico y diversión.
Max, por supuesto, tenía una teoría. "Rocky ha sido abducido por extraterrestres. O quizás, ha ganado la lotería y se ha fugado a una isla desierta. Con un gato."
Caleb, por su parte, ya estaba dibujando un boceto de Rocky, solo, en una playa, con un coco y un paraguas de papel. "El estoico guerrero, liberado de sus cadenas de seguridad, abrazando el hedonismo. ¡Qué concepto!"
Silas, con su tablet, estaba ejecutando algoritmos de búsqueda. "La última ubicación conocida, una chocolatería, es anómala para los patrones de comportamiento de Rocky. Su índice de consumo de azúcar es del 0.001%. Esto sugiere una variable externa no controlada."
Nico, con una expresión preocupada, estaba preparando un té de hierbas. "Un hombre como Rocky no desaparece sin razón. Debe haber un problema, un dolor que lo ha llevado a buscar consuelo. Quizás en el chocolate."
Ana, la más preocupada de todos, decidió que no había tiempo para especulaciones. "Necesitamos encontrarlo. ¿Silas, puedes rastrear su última ubicación con más precisión?"
Silas asintió. "Estoy intentando acceder a las cámaras de seguridad de la zona. Su modelo predictivo de comportamiento, aunque modificado, puede ser útil."
Después de una intensa búsqueda de datos, Silas logró ubicar la chocolatería exacta. Era una pequeña tienda artesanal, en un barrio tranquilo, conocida por sus chocolates belgas y sus bombones gourmet.
El equipo, con Ana al frente, se dirigió a la chocolatería. El local estaba vacío, con la excepción de una pequeña mujer de aspecto amable que estaba limpiando el mostrador.
"Disculpe", dijo Ana, "¿ha visto a un hombre grande, con una expresión seria, que parece un roble?"
La mujer sonrió. "Ah, ¿te refieres a Rocky? Sí, ha estado viniendo mucho últimamente. Es un buen cliente."
Ana parpadeó. "¿Mucho? ¿Viniendo aquí?"
"Sí", dijo la mujer. "Se lleva los bombones de chocolate con relleno de caramelo de sal. Dice que son... 'estratégicamente deliciosos'."
Max se rió. "¡Estratégicamente deliciosos! ¡Solo Rocky podría decir eso!"
Fue entonces cuando Rocky apareció desde la trastienda, con un delantal manchado de chocolate y una sonrisa que Ana nunca había visto. En sus manos, un bol gigante de chocolate derretido y una cuchara.
"¡Señorita!", exclamó Rocky, sorprendido. "¡Perímetro comprometido! ¡No esperaba visitas!"
Ana lo miró, incrédula. "¿Rocky? ¿Qué estás haciendo aquí?"
Rocky se ajustó el delantal. "Estoy en... una misión encubierta. Descubriendo los secretos del chocolate. Y los... sabores ocultos del corazón."
La mujer, la dueña de la chocolatería, se rió. "Rocky es un alumno muy aplicado. Le encanta el chocolate. Y es muy bueno para mover las cajas."
Ana, y los demás, no podían creer lo que veían. Rocky, el imperturbable, el roble, el hombre que no sonreía, estaba en una chocolatería, haciendo bombones, y sonriendo.
"Rocky", dijo Silas, su voz denotando una leve perturbación en sus algoritmos. "Tu índice de consumo de azúcar se ha disparado en un 5000%. Y tu patrón de comportamiento ha cambiado drásticamente. Esto desafía toda lógica."
Caleb, por su parte, ya estaba dibujando un boceto de Rocky, con un delantal de chocolate y alas de ángel. "¡El guerrero del cacao! ¡El alma endulzada! ¡Es un renacimiento artístico!"
Max se acercó a Rocky. "Rocky, te ofrezco comprar esta chocolatería. Y convertirla en una franquicia mundial. Con tu nombre. ¡'Rocky's Strategic Delights'!"
Nico, el chef, se acercó al bol de chocolate derretido. "Rocky, ¿qué tipo de chocolate es este? ¿Qué porcentaje de cacao? ¿Y el temperado? ¡Esto podría ser una obra de arte!"
Rocky, el ex-agente de seguridad, el hombre de la fobia felina, ahora era un maestro chocolatero en ciernes. Y estaba feliz.
"Ana", dijo Rocky, ofreciéndole un bombón de chocolate con caramelo de sal. "Pruébelo. Es la armonía perfecta entre lo dulce y lo salado. El equilibrio. La seguridad del sabor."
Ana tomó el bombón. Era delicioso. El sabor explosivo, la textura suave. Era, en efecto, estratégicamente delicioso.
"Rocky", dijo Ana, con una sonrisa. "Me alegro de verte bien. Pero, ¿por qué no nos dijiste nada?"
Rocky se encogió de hombros. "Era una misión personal, señorita. No quería... comprometer la seguridad de mis sentimientos." Luego, su mirada se posó en la ventana, donde un pequeño gato negro pasaba caminando. La sonrisa de Rocky se desvaneció. "¡El felino! ¡Está en el perímetro! ¡Posible intento de sabotaje de la línea de producción de bombones!"
Y así, Rocky, el maestro chocolatero, volvió a ser Rocky, el agente de seguridad. La dueña de la chocolatería soltó una carcajada.
La vida de Anastasia era una montaña rusa de excentricidades. Cada día traía un nuevo desafío, una nueva revelación. Rocky, el hombre que parecía una roca, había encontrado su pasión en el chocolate. Los demás, a su manera, intentaban comprenderlo.
Ana se dio cuenta de que, en medio de todo el caos, había un hilo conductor: la búsqueda de la felicidad. Cada uno, a su manera, la buscaba. Y ella, de alguna manera, se había convertido en el catalizador de esas búsquedas. Y no estaba tan mal.