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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 12

Viktor no la soltó. Sus manos, que podían romper cuellos con la facilidad de una rama seca, ahora rodeaban la cintura de Elena con una presión que oscilaba entre la desesperación y el reclamo. La luz mortecina del despacho hacía que las sombras de ambos se proyectaran gigantescas sobre las paredes de caoba.

— Esa caligrafía... —la voz de Viktor bajó a un registro que hizo que Elena se estremeciera—. No es de un mercenario. Es de alguien que te conoce. ¿Quién es, Elena? ¿Quién se atreve a citarte como si fueras de su propiedad?

Elena sintió el calor del cuerpo de Viktor presionándola contra el borde del escritorio. La diferencia de altura —él casi duplicándola en envergadura— solía ser reconfortante, pero hoy era intimidante.

— Se llama Mateo —susurró ella, intentando que su voz no temblara—. Fue mi profesor de archivología y mi mentor antes de que los Lombardi destruyeran mi vida. Él me enseñó a encontrar lo que otros ocultan. Pero... él murió en el incendio de la biblioteca. O eso creí.

Viktor soltó una risa seca, carente de humor. Sus celos, alimentados por la idea de que otro hombre hubiera moldeado la mente de su "ratoncita", eran como ácido.

— Parece que en tu pasado hay más fantasmas que en mi historial de muertes —gruñó él, inclinándose hasta que sus narices se rozaron—. Pero hay un problema, pequeña. El sobre rojo no está en una biblioteca. Está en la caja fuerte de la Mansión Castelli. Mañana hay una gala benéfica de máscaras. Él te quiere allí.

Viktor se alejó un paso, pero solo para sacar un vestido de seda negra de una caja que ya tenía preparada. Era una prenda que no ocultaba nada: elegante, peligrosa y destinada a atraer todas las miradas.

— Vas a entrar conmigo —sentenció Viktor—. Pero no como mi protegida. Vas a entrar como el cebo. Si ese "profesor" da un paso hacia ti, le arrancaré el corazón antes de que pueda decir tu nombre.

— ¿Me estás usando de cebo porque no confías en mí, o porque quieres matar a cualquiera que me haya mirado antes que tú? —preguntó Elena, desafiante, cruzándose de brazos.

Viktor se acercó de nuevo, esta vez con una lentitud tortuosa. Puso una mano en la pared, justo al lado de la cabeza de ella, y con la otra recorrió el borde de la mandíbula de Elena con el pulgar.

— Ambas —confesó él, con una honestidad brutal—. Quiero ver quién es el hombre que cree que tiene derecho a reclamarte. Y quiero que él vea que, aunque te enseñó a leer archivos, yo soy el que te ha enseñado a sobrevivir.

Elena lo miró a los ojos, y por un segundo, la tensión entre el odio y la atracción fue tan fuerte que el aire pareció consumirse. Ella le arrebató el vestido de las manos.

— Entonces prepárame, Viktor. Pero si vamos a ese baile, será bajo mis reglas. No soy tu cebo, soy tu socia.

Viktor sonrió de lado, esa sonrisa letal que siempre precedía al caos.

— Veremos si mantienes esa arrogancia cuando tengas que bailar frente a mil enemigos, pequeña.

La noche antes de la gala, el salón de baile de la mansión estaba en penumbras. Viktor no quería un entrenamiento con armas; quería un entrenamiento de voluntad. En el centro de la estancia, sobre el mármol pulido, había colocado un maniquí vestido con el uniforme de la guardia de los Castelli.

— La fuerza bruta no te servirá allí, Elena —dijo Viktor, quitándose la chaqueta y arremangándose la camisa blanca. Sus antebrazos, marcados por venas y cicatrices, denotaban un poder contenido—. Necesitas la llave maestra que lleva el jefe de seguridad. Y la única forma de conseguirla es acercándote lo suficiente para que él baje la guardia. Tienes que seducirlo.

Elena soltó una carcajada amarga, haciendo que su pelo castaño bailara sobre sus hombros.

— ¿Seducirlo? ¿Tú me estás pidiendo eso? ¿El hombre que casi mata a un detective por respirar cerca de mí?

Viktor la tomó del brazo y la atrajo hacia él con un movimiento seco, pegando el cuerpo de ella al suyo. La diferencia de estatura era abismal, pero Elena no se encogió. Al contrario, se irguió, clavando sus ojos café en los de él con una rebeldía que antes no se atrevía a mostrar.

— Te estoy enseñando a usar tu mayor arma, no a entregarte —gruñó Viktor, su voz vibrando contra el pecho de ella—. Pero quiero ver si eres capaz. Imagina que soy él. Intenta quitarme la llave que llevo en el bolsillo del pantalón sin que me dé cuenta.

Elena sonrió con desafío. Decidió que ya no sería la "ratoncita" dócil. Deslizó sus manos por el pecho de Viktor, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la seda de la camisa. Se puso de puntillas, rozando la oreja de él con sus labios, mientras su otra mano bajaba con una lentitud tortuosa hacia su cadera.

— ¿Así, Viktor? —susurró ella, dejando que su aliento cálido lo distrajera—. ¿O prefieres que le hable de lo aburrida que es la fiesta hasta que solo quiera mirarme a los ojos?

Viktor apretó la mandíbula. Sentir las manos de Elena recorriéndolo de esa manera, sabiendo que ella tendría que repetir esos gestos con otro hombre, despertó en él una furia posesiva casi incontrolable. Antes de que ella pudiera alcanzar el bolsillo, él le atrapó las muñecas y las inmovilizó sobre su propia cabeza, acorralándola contra una columna.

— Demasiado obvia —sentenció él, con la respiración acelerada—. Un hombre como él notará el truco en un segundo. Estás temblando, Elena. Si tiemblas, estás perdida.

— Tiemblo porque me tienes apretada, no por miedo —se defendió ella, forcejeando—. ¡Suéltame! Si tanto te molesta que aprenda, hazlo tú. Pero deja de jugar conmigo.

Viktor se pegó aún más a ella, su imponente figura cubriéndola por completo.

— No estoy jugando. Te estoy dejando claro quién es el hombre aquí. Yo soy el que decide cuándo termina el entrenamiento. Y no vas a tocar a otro hombre de esa manera, ¿me oyes? Encontrarás otra forma de conseguir esa llave.

— ¡Eres un hipócrita! —le gritó ella, revelándose finalmente—. Me pides que sea una socia, que sea útil, ¡pero tus celos son una jaula más pequeña que esta mansión!

La tensión entre ambos llegó a un punto de ruptura. Viktor la miró con una intensidad devoradora, sus rostros a centímetros de distancia. El deseo y el poder se mezclaban en un cóctel explosivo. Él no se la pondría fácil; quería que ella fuera fuerte, pero quería que recordara siempre a quién pertenecía esa fuerza.

— No eres una socia, Elena —susurró él, bajando una mano para apretar su cintura con una posesividad absoluta—. Eres mi mujer. Y si para recuperar ese sobre tengo que quemar la mansión Castelli entera en lugar de dejar que alguien te toque el hombro, lo haré.

Elena lo empujó con todas sus fuerzas, logrando separarse unos centímetros.

— Entonces prepárate, Viktor. Porque en esa gala, voy a demostrarte que puedo conseguir lo que quiera sin tu permiso.

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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