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PASSIONE

PASSIONE

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Equilibrio De Poder / Dominación / Traiciones y engaños / Sustituto/a / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Davina entró en la habitación de la clínica. El sonido del monitor cardíaco marcaba un ritmo monótono, casi como una cuenta atrás. Danilo dormía bajo el efecto de los sedantes, con el rostro más relajado de lo que lo había visto en semanas. Sus manos vendadas descansaban sobre la sábana blanca, las manos que habían desafiado al fuego por ella.

—Perdóname —susurró Davina, acercándose tanto que su aliento empañó el cristal de la máscara de oxígeno—. Perdóname por lo que voy a hacer, pero no voy a dejar que te pudras en una celda por un pecado que no cometiste.

Se obligó a no llorar. Si lloraba, se quebraría, y si se quebraba, Helenina ganaría de la forma más cruel.

Davina metió la mano en su bolsillo y sacó un objeto pequeño y carbonizado: era la llave del viejo archivo del centro comunitario, lo único que había rescatado de las cenizas antes de que el edificio colapsara. Para cualquiera, era basura. Para ellos, era el símbolo de lo que intentaron proteger.

Con dedos temblorosos, Davina buscó un trozo de papel de recetas en la mesa de noche. No escribió una carta de amor; eso sería demasiado obvio para los ojos de Helenina. En su lugar, dibujó un pequeño boceto: un pájaro jilguero (el apodo que Danilo le puso una vez en broma por su voz) volando hacia una estructura que recordaba a los planos del Proyecto G-4, pero con una diferencia: el pájaro llevaba una pequeña rama de olivo en el pico, y debajo, una cifra que parecía una coordenada, pero que en realidad era el número de folio de un documento que Danilo le había mencionado meses atrás sobre las tierras de Estácio.

Dobló el papel y lo escondió dentro del forro de la venda de la muñeca de Danilo. Era un lugar que los médicos no tocarían en horas, pero que él sentiría al despertar.

—Si eres tan inteligente como dices, Danilo Hawser... encontrarás el camino de vuelta —susurró antes de darle un beso fugaz en la frente. Un beso que sabía a ceniza y a despedida.

A las 5:45 PM, Davina estaba frente al Rolls-Royce de Helenina. El sol se ocultaba tras los morros, tiñendo el cielo de un rojo sangre.

—Puntual. Me gusta la gente que valora el tiempo —dijo Helenina, bajando la ventanilla. Le extendió un sobre grueso y un documento—. Firma aquí. Es la renuncia de la constructora a los terrenos de Estácio. Ya ha sido autenticada ante notario esta mañana. A cambio, aquí tienes tu pasaje de salida.

Davina firmó con mano firme, aunque por dentro sentía que estaba entregando su alma. Tomó el sobre con el dinero —la "prueba" de su supuesta codicia— y el documento que salvaba a su barrio.

—¿Y las pruebas contra Danilo? —preguntó Davina con voz ronca.

Helenina sacó un mechero de oro y, frente a sus ojos, quemó una fotografía donde se veía a un hombre de espaldas (un doble contratado) con el físico de Danilo sosteniendo el bidón de gasolina.

—Como si nunca hubiera existido —sonrió la mujer—. Ahora, vete. Mi chofer te llevará a la terminal de autobuses. Hay un billete a nombre de una identidad falsa para que te marches a Bahía. Si vuelves a pisar Río de Janeiro, el trato se rompe y Danilo se hunde. ¿Entendido?

Davina no respondió. Subió al coche oficial, sintiendo que los ojos de los vecinos de Estácio la observaban desde las esquinas. Ellos no sabían del trato; solo veían a su líder subiendo al coche de la mujer que quería destruirlos, cargando un sobre lleno de dinero.

El trayecto a la terminal fue un desenfoque de luces y sombras. Al llegar, Davina no se bajó de inmediato. Miró el sobre con el dinero. No sentía alegría, solo un asco profundo. Sabía que Helenina cumpliría su parte de difamarla. Para el mundo, Davina sería la traidora que vendió su causa por unos fardos de billetes.

—Señorita, el autobús sale en diez minutos —dijo el chofer con indiferencia.

Davina bajó del coche. En la terminal, entre el bullicio de viajeros y el olor a diesel, se sintió más sola que nunca. Se sentó en un banco de madera, apretando el documento que salvaba a Estácio contra su pecho.

Mientras tanto, en la clínica, Danilo empezó a agitarse. El efecto de los sedantes se desvanecía. Sus dedos rozaron algo áspero bajo la venda de su muñeca. Abrió los ojos y lo primero que vio fue a Helenina sentada al borde de su cama, fingiendo una expresión de profunda tristeza.

—Danilo, mi amor... despertaste —dijo ella, fingiendo una voz quebrada.

—¿Dónde... dónde está Davina? —fue lo primero que salió de sus labios resecos.

Helenina suspiró, dejando caer una lágrima perfecta sobre la sábana.

—Se ha ido, Danilo. Ella... ella me pidió una cita esta tarde. Dijo que el incendio la había asustado, que no quería esta vida de carencias. Me pidió dinero para no culparte del fuego y para irse de aquí para siempre. No quise creerme que fuera tan cínica, pero... —Helenina puso sobre la cama una grabación editada donde se escuchaba la voz de Davina diciendo: *"Solo quiero el dinero y salir de este agujero"*.

Danilo sintió un dolor en el pecho más fuerte que el de sus quemaduras. El mundo se volvió oscuro. Pero en medio de su desesperación, el roce del papel bajo su venda le recordó que Davina siempre tenía un plan.

—No... —susurró él, cerrando los puños.

—Lo lamento tanto, querido. Pero ahora estamos solos de nuevo. Como debe ser.

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Dayma Sánchez Pérez
excelente
Alexx: Gracias ☺️
total 1 replies
Dayma Sánchez Pérez
👍
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