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​Luz En El Cristal

​Luz En El Cristal

Status: En proceso
Genre:Dominación / Amor-odio
Popularitas:42k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Él es cristal: frío, poderoso e inquebrantable. Ella es la luz que amenaza con romperlo.
​Alistair Vance, un CEO implacable que lo toma todo por la fuerza, encuentra su obsesión en la dulce Evie Morales. Pero cuando una traición cruel destruye su confianza, ella desaparece, dejando al hombre más poderoso del mundo de rodillas.
​Él está dispuesto a quemar el mundo para encontrarla. Ella solo quiere olvidar que alguna vez lo amó.

NovelToon tiene autorización de EJ CB para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El vacío del cristal

El silencio que siguió al estallido del mundo de Evie no fue explosivo; fue una onda de choque gélida que congeló cada fibra de su ser. Cuando los ojos de Evie recorrieron las fotografías en la pantalla de su teléfono, el tiempo pareció detenerse, distorsionándose hasta que la realidad se volvió una pesadilla tangible. Allí estaba él, el hombre que le había jurado que ella era su único refugio, el mismo Alistair que la había tomado con una ternura que ella creía sagrada, yaciendo desnudo junto a la mujer que representaba todo lo que él juraba despreciar. La imagen de la espalda musculosa de Alistair, esa geografía de poder que ella conocía de memoria, entrelazada con la piel pálida y aristocrática de Sloane, se grabó en sus retinas con el fuego del ácido.

Evie no gritó. No arrojó el teléfono contra la pared ni corrió a la oficina de Alistair para exigir una explicación que, en su mente, ya no tenía lugar. El dolor era tan agudo, tan absoluto, que su cuerpo entró en un estado de entumecimiento defensivo. Sus manos, antes llenas de la luz que capturaba con su cámara, se volvieron de piedra. Con una calma mecánica y aterradora, comenzó a recoger sus pertenencias de su escritorio en Alistair & Co. Guardó sus bocetos, su cámara profesional y aquel pequeño portaretratos donde Alistair aparecía distraído, mirando un plano, con una expresión de suave concentración que ella tanto amaba.

Salió del edificio bajo una lluvia gris y persistente que parecía llorar con ella. No regresó a la mansión; la idea de pisar de nuevo aquel santuario de cristal que ahora sentía como una tumba le provocaba náuseas. Fue a su antiguo y pequeño apartamento, ese que nunca se había atrevido a dejar por un rastro de instinto de supervivencia que ahora le agradecía al cielo. Metió lo mínimo en una mochila: un par de mudas, sus ahorros en efectivo y el colgante que él le había regalado, el cual guardó en el fondo de un bolsillo, incapaz de mirarlo pero incapaz de tirarlo. En menos de una hora, Evie Morales se había convertido en un fantasma. Apagó su teléfono, extrajo la tarjeta SIM y la dejó caer en una alcantarilla antes de subirse al primer autobús de larga distancia que salía de la terminal, sin importarle el destino, solo la distancia.

El despertar en el infierno

Alistair despertó en aquella suite de hotel con la sensación de que un tren de mercancías le había pasado por encima. La droga que Sloane le había suministrado aún le nublaba los sentidos, pero en cuanto sus ojos negros enfocaron la figura de Sloane sentada en un sillón, observándolo con una sonrisa de triunfo depredador, la lucidez regresó como un latigazo. Se incorporó de golpe, ignorando su desnudez, su cuerpo musculoso tenso como una cuerda de violín a punto de romperse.

—¿Qué has hecho, Sloane? —su voz no fue un grito, fue un rugido bajo, cargado de una letalidad que habría hecho retroceder a cualquier hombre valiente.

—Solo te he devuelto a tu lugar, Alistair —respondió ella con calma, cruzando sus largas piernas—. Las fotos ya han sido enviadas. Tu pequeña fotógrafa ya sabe que, por mucho que intente brillar, siempre terminarás buscando el frío del cristal.

Alistair no perdió el tiempo en palabras. Se vistió con una furia ciega, sus manos temblando no de miedo, sino de una ira asesina. Salió de la habitación dejando a Sloane con una mirada que le prometía el fin de su mundo social y financiero, pero en su mente solo había un nombre: Evie. Condujo hacia la empresa ignorando semáforos, su corazón golpeando sus costillas con una violencia que le dificultaba respirar.

Cuando llegó y encontró la oficina de Evie vacía, el cristal de su alma terminó de estallar.

—¡¿Dónde está?! —el grito de Alistair resonó por toda la planta, silenciando el murmullo de los teclados y las conversaciones. Sus empleados lo miraron con terror; nunca habían visto a "El Ejecutor" así. No era el hombre frío y calculador; era una bestia herida, un depredador que acababa de perder su única razón para no devorar el mundo.

—Se fue, señor... —balbuceó su secretaria—. No dijo nada, solo... se llevó sus cosas. Parecía muerta en vida.

Alistair no se detuvo. Fue a su apartamento, derribó la puerta de un hombro, pero solo encontró el silencio y el aroma a vainilla que lo perseguiría en sus pesadillas. Ella no estaba. Se había ido. Y lo peor de todo es que se había ido creyendo la mentira más vil.

El descenso a la oscuridad

Pasaron las primeras setenta y dos horas. Alistair se transformó en una sombra de sí mismo. Se instaló en la sala de seguridad de su mansión, rodeado de monitores y de los mejores investigadores privados que el dinero podía comprar. Su barba de varios días le daba un aspecto salvaje, y sus ojos negros, antes brillantes de inteligencia, estaban inyectados en sangre y hundidos por el insomnio.

—Quiero cada cámara de tráfico, cada registro de tarjetas de crédito, cada señal de telefonía en un radio de mil kilómetros —ordenaba con voz ronca, bebiendo café negro y whisky indistintamente—. ¡Busquen en los refugios, en los hostales, en las estaciones de autobús! Si tiene que comprar satélites, háganlo. ¡Encuéntrenla!

Pero Evie conocía las sombras. Había aprendido a ocultarse cuando el pasado de su padre la acechaba. No usó sus cuentas bancarias, no contactó a nadie de su círculo. Se perdió en una pequeña localidad costera al sur, trabajando bajo un nombre falso en una lavandería industrial, ocultando sus hermosos rizos negros bajo un pañuelo gastado y su cara tierna tras una máscara de apatía y dolor. Cada vez que veía un televisor en una vitrina o un periódico, veía la cara de Alistair, pero no el Alistair que ella amaba, sino el hombre poderoso que ella creía que la había usado.

Alistair, por su parte, empezó a desmoronarse físicamente. Su cuerpo, esa oda a la musculatura perfecta que tanto orgullo le daba, empezó a resentirse. Perdió peso, sus hombros antes anchos ahora parecían cargar con el peso del plomo. Su personalidad dominante se volvió errática y violenta. Despidió a directivos por errores mínimos y cerró contratos millonarios simplemente porque no tenía la paciencia para negociar. Sus socios empezaron a hablar de incapacitarlo, de que el gran Alistair Vance había perdido la cabeza por una "chica de clase media".

A él no le importaba. Nada le importaba. Una noche, borracho de dolor y soledad, Alistair entró en la habitación que Evie ocupaba en la mansión. Se dejó caer en la cama, enterrando el rostro en las almohadas que aún conservaban su rastro. Lloró, un sonido seco y desgarrador que nadie más escucharía jamás. El hombre de cristal se había roto, y los pedazos le cortaban por dentro cada vez que intentaba respirar.

Dos meses de agonía

El tiempo dejó de tener sentido para ambos. Evie vivía en una rutina de grisalla, sintiendo cómo su cuerpo voluptuoso se volvía lánguido por la falta de apetito y de ganas de vivir. Sus ojos café ya no buscaban la luz para fotografiarla; ahora solo miraban el suelo, evitando el contacto con un mundo que la había traicionado. Se sentía estúpida por haber creído que un ogro podía cambiar, por haber pensado que la luz de una cerilla podía calentar un iceberg.

Alistair, tras agotar todas las vías legales y de espionaje, recurrió a la exposición pública. Publicó anuncios en todos los periódicos nacionales, mensajes crípticos que solo ella podría entender. "La luz no necesita perdón, solo volver a casa. El cristal está roto sin ti". Pero no hubo respuesta. Evie veía los anuncios y sentía que el corazón se le apretaba, pero la imagen de Sloane en aquella cama era un muro que ninguna palabra podía derribar.

La posesividad de Alistair, antes protectora, ahora era una obsesión enferma. Tenía informantes en cada pueblo pequeño, personas que buscaban a una mujer con su descripción. Se gastó una fortuna en rastrear pistas falsas que lo llevaban a callejones sin salida, a mujeres que no tenían su aroma ni su risa. Cada regreso a casa vacío era una nueva herida. Su cara, antes guapa y arrogante, ahora era una máscara de desesperación y culpa.

Un día, mientras revisaba por milésima vez los archivos de la cámara de seguridad de la terminal de autobuses, Alistair vio algo. Un detalle ínfimo. Una mujer con una mochila de tela, bajando la cabeza para ocultar su rostro, pero con un gesto al caminar, un ligero balanceo de caderas que él conocía mejor que su propio nombre. Estaba en una parada de un pueblo llamado San Pedro del Mar.

No llamó a sus investigadores. No esperó al helicóptero. Se subió a su coche y condujo durante seis horas seguidas, con los nudillos blancos apretando el volante, el motor rugiendo tanto como su alma. Llegó al pueblo al amanecer, con el corazón en la garganta. Recorrió cada calle, cada cafetería, cada rincón, mostrando una fotografía de Evie a todo el mundo.

—¿La han visto? Por favor... —rogaba el hombre que nunca había pedido nada en su vida.

Pero el pueblo era esquivo. La gente veía en él a un hombre rico y peligroso, y por instinto, callaban. Evie, desde la ventana de la lavandería donde trabajaba, vio el coche negro de Alistair pasar por la calle principal. Sintió que el mundo se le caía encima. El pánico la invadió. Él la había encontrado. El ogro estaba en su puerta, y ella no sabía si tenía fuerzas para resistir su gravedad una vez más.

Se escondió en la parte trasera, temblando, mientras Alistair caminaba a pocos metros de ella, separado solo por una pared de ladrillos y un océano de malentendidos. Él se detuvo justo frente al local, sintiendo una vibración en el aire, ese instinto de posesión que siempre le decía dónde estaba ella. Cerró los ojos negros y susurró su nombre al viento, pero solo recibió el sonido de las máquinas de lavado y el rumor del mar.

Alistair se sentó en la acera, frente a la lavandería, con la cabeza entre las manos. Estaba a punto de rendirse, a punto de aceptar que su luz se había ido para siempre por su propia negligencia. Evie, observándolo desde una rendija, vio su derrota. Vio al hombre guapo y poderoso reducido a un despojo de humanidad. Por un segundo, su mano buscó el pomo de la puerta, pero el recuerdo de la traición la detuvo.

La luz y el cristal estaban a centímetros de distancia, pero nunca habían estado tan lejos....

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B💫🤍Tasharen ^_^
quiero más capítulo ☺️
Isabella Medina🌹
obsesionado 🤭
Isabella Medina🌹
🥺😕🤷♥️
Camila Rojas🌹
Cada vez más bueno este libro🌹
Camila Rojas🌹
/Heart//Heart/
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 Me encantan los protagonistas solo espero que cuando lleguen los problemas los afronten juntos y no se dejen engañar 💕💕💕💕
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😞😞😔😔😔
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
ay noooo 😱😱😱😱
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😒😒😒😒😒 rata callejera
Alejandra Mendoza🌹
más, más 🥰🌹
Angela Zambrano. J
❣️
Fatima Suárez🌹
Me encanta demasiado 🥰❤️‍🔥🤩
Fatima Suárez🌹
Uhm,ujhum🥰
Fatima Suárez🌹
me encanta esto
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
Bello capítulo
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
❣️
Anyi Teran🌹
más por favor
Lulu García Verde
Esa mujer es tonta el no la hecho nada se cree una mártir que asco
Ley Rui2
más capitulo 🤭
Camila Torres🌹
te puedes esconder debajo de las piedras, pero el te encontrará ☺️
Sara Gómez🌹: total 🤫
total 1 replies
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