Relatos cortos del héroe multiversal Perseo, contado desde la mente de Exístencia, el creador de la realidad y del ser. Ven y ve el abismo y la luz como nunca antes creíste poder verles, adéntrate en esta historia de tragedias, triunfo que saben a derrotar y a la valentia que tiene un alma eterna que viaja libre sin las cadenas de la existencia escrita sobre su ser.
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Parte: 11.
11. Susurros de un padre podrido.
El duelo en el despacho deformado de Cassian no era una pelea de soldados, sino una danza macabra entre el pasado y un futuro aterrador. Cassian se movía con una pesadez poderosa, cada paso hacía vibrar la estructura ósea bajo sus pies. Perseo, más ágil pero consumido por el cansancio, esquivaba los haces de energía que su padre disparaba desde su brazo integrado.
—¡Ríndete, Perseo! —rugía Cassian, su voz distorsionada por los altavoces de la nave—. ¡Siento tu miedo! ¡Es una vibración inútil en la sinfonía de Amine!
Perseo se cubrió detrás de una estantería de libros de piel.
—¡Mi miedo es lo que me mantiene humano, padre! ¡Lo que tú tienes es solo un silencio de tumba!
El joven asomó el rifle y disparó una ráfaga concentrada hacia el pecho de Cassian. El impacto hizo retroceder a la criatura, pero las raíces rojas brotaron instantáneamente de las heridas, tejiendo el tejido de nuevo en segundos. No era solo que Cassian fuera resistente; era que la nave entera le suministraba materia para repararse.
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—¿Y dónde está el núcleo, Andrómeda? —preguntó Perseo, corriendo hacia otra cobertura mientras una ráfaga de plasma destruía su posición anterior.
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A su costado derecho, vio un cadáver con un cinturón de seguridad, aun enganchado en él… una esperanza. La última granada en toda la nave.
Perseo vio la oportunidad. Mientras Cassian cargaba su cañón para un disparo masivo, el joven lanzó la granada de fragmentación, no hacia su padre, sino hacia el suelo, justo debajo de la silla de costillas. La explosión fue ensordecedora. El suelo de hueso se resquebrajó y una cascada de fluidos azules y rojos brotó del agujero.
Cassian soltó un grito de dolor puro, un sonido que no era humano ni mecánico. Se tambaleó, sus movimientos volviéndose erráticos. Las luces del puente parpadearon violentamente y el latido de la nave se volvió un arritmia caótica.
—¿Qué... qué has hecho? —balbuceó Cassian, cayendo de rodillas, su lado humano parecía recuperar el control por un breve momento—. Perseo... me duele... el silencio se está rompiendo...
Perseo se acercó, con el rifle apuntando a la cabeza de su padre.
—Lo siento, papá. Pero tengo que detener esto.
—No... no puedes detenerlo —susurró Cassian, y una lágrima de sangre corrió por su mejilla—. Amine ya ha enviado la señal. Otros vienen. El cielo de la Tierra se llenará de raíces... es inevitable...
De repente, la voz de Cassian cambió de nuevo. El lado oscuro de su rostro se iluminó con una luz púrpura intensa.
—¡Mentira! ¡La evolución no puede ser detenida por un niño!
Cassian se lanzó sobre Perseo con una velocidad sorprendente, agarrándolo por el cuello con su mano orgánica. El joven sintió cómo los huesos de su garganta crujían. El rifle cayó al suelo, fuera de su alcance.
—Serás el primero en ver el nuevo mundo, hijo —dijo la entidad a través de la boca de Cassian—. Pero lo verás a través de mil ojos que ya no serán tuyos.
En ese momento, una transmisión sonora estalló en el casco de Perseo. Era una voz débil, llena de estática, pero inconfundible.
—Perseo... —era Héctor—. Todavía estoy... aquí... en la red...
—¿Héctor? —logró articular Perseo mientras luchaba por respirar.
—He bloqueado... los motores de salto... —dijo la voz de Héctor, que parecía estar luchando contra un océano de datos—. Tienes que... sobrecargar el núcleo... usa mi terminal... estoy en la consola... de emergencia...
Cassian rugió de rabia, soltando a Perseo para golpear una terminal cercana.
—¡El traidor! ¡El ingeniero sigue infectando mi red!
Perseo aprovechó la distracción para gatear hacia su rifle. Vio que, en una de las pantallas del puente, el rostro de Héctor aparecía brevemente, luchando contra los códigos de Andrómeda. Era una batalla digital en el corazón de un monstruo biológico.
—¡Hazlo ahora, Perseo! —gritó Héctor por el comunicador—. ¡No puedo aguantar mucho más! ¡Ella me está borrando!
Perseo se puso de pie, apuntó al centro del agujero que había abierto en el suelo y disparó todo el cargador. El núcleo de la nave, una masa de energía pura envuelta en carne, quedó expuesto. La luz que emanaba de allí era tan brillante que Perseo tuvo que cerrar los ojos.
La Nautilos-Magna soltó un alarido estructural que se escuchó en toda la estación. La gravedad falló por completo y todos empezaron a flotar en el aire. Cassian intentaba nadar hacia Perseo, pero las raíces que lo conectaban al suelo estaban siendo arrancadas por la presión de la energía liberada.
—¡Se acabó, padre! —gritó Perseo.
—¡Esto solo es el principio! —respondió Cassian antes de ser engullido por una marea de fluido bio-eléctrico que brotaba del núcleo.