Akiro llevaba una vida aburrida, refugiándose en novelas BL e isekai… hasta que es invocado por error a un mundo de magia, dragones y aventureros.
Sin habilidades especiales ni destino heroico, deberá sobrevivir usando su ingenio y conocimientos de su antiguo mundo.
Mientras se adapta a esta nueva realidad y conoce el fascinante funcionamiento de la magia y la alquimia, Akiro empieza a notar algo inquietante: Kael, un aventurero experimentado, parece prestarle demasiada atención.
Entre batallas, malentendidos y momentos incómodamente cercanos, Akiro intentará negar unos sentimientos que jamás pensó vivir.
Después de todo… esto solo debía ser una historia, no su realidad.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12: Cupidos entrometidos y un beso que no debía pasar
La noche había caído sin que nadie se diera cuenta.
El campamento estaba iluminado solo por el fuego crepitante y algunas luciérnagas mágicas que flotaban perezosamente entre los árboles. Akiro observaba todo con fascinación, sentado sobre una manta, abrazando una taza de infusión caliente que Mireya le había preparado.
—Este mundo nunca deja de sorprenderme… —murmuró con una sonrisa sincera.
Kael, sentado a su lado, lo miró de reojo.
Esa sonrisa siempre le hacía algo extraño en el pecho. Algo incómodo. Algo que no quería nombrar.
—Deberías descansar —dijo con una voz más suave de lo habitual—. Mañana seguimos el camino.
—Sí… pero es difícil dormir cuando todo es tan nuevo —respondió Akiro, inclinándose un poco hacia el fuego.
Mireya, sentada al otro lado junto a Leon, los observaba con una sonrisa peligrosamente satisfecha.
—¿Sabes, Leon? —susurró—. Si no hacemos algo, estos dos van a tardar siglos.
—Coincido —respondió él con una risa baja—. El ambiente está demasiado tenso para desperdiciarlo.
Eryon, recostado contra un árbol, alzó una ceja con calma.
—Los humanos y su incapacidad para expresar emociones… fascinante.
De pronto, Mireya se puso de pie de golpe.
—¡Muy bien! —dijo en voz alta—. Yo voy a buscar más leña.
—Yo te acompaño —añadió Leon demasiado rápido.
—No hace falta —dijo Kael con desconfianza.
—Oh, sí hace falta —respondió Mireya, ya arrastrando a Leon sin darle opción—. Ustedes dos… quédense aquí. Solos.
Akiro parpadeó.
—¿Eh…?
En cuestión de segundos, se quedaron solos frente al fuego.
Silencio.
Un silencio largo. Pesado. Incómodo.
Kael carraspeó.
—No deberías confiar tanto en ellos.
—Pero son amables —respondió Akiro con total naturalidad—. Aunque… Mireya parece disfrutar molestándote.
—Porque lo hace —gruñó Kael.
Akiro lo miró con atención, sin rastro de burla.
—Oye… antes dijiste que no les hiciera caso —comentó con suavidad—. Pero te molestaste mucho.
Kael apretó los labios.
—No es importante.
—Para mí sí —respondió Akiro, acercándose un poco sin darse cuenta—. Tú siempre me cuidas. Me defiendes. Me miras como si… —se quedó en silencio, buscando las palabras— …como si yo fuera importante.
Kael giró el rostro, claramente nervioso.
—No digas cosas raras.
—¿Son raras? —preguntó Akiro, inclinándose hacia él.
Demasiado cerca.
Kael se levantó de golpe.
—¡Eso no es lo que quise decir!
—Entonces dime qué quisiste decir —insistió Akiro, poniéndose de pie también.
Tropezó con una raíz.
—¡Ah!
Kael reaccionó por reflejo, sujetándolo por la cintura para que no cayera.
Sus rostros quedaron a centímetros.
Demasiado cerca.
Akiro abrió los ojos, sorprendido.
—Gracias…
—Ten cuidado —murmuró Kael.
El fuego crepitó.
Las luciérnagas parecieron detenerse.
Y entonces… ocurrió.
Akiro perdió el equilibrio otra vez, apenas un movimiento torpe, y sus labios rozaron los de Kael.
Un beso.
Breve.
Torpe.
Accidental.
Pero real.
Ambos se quedaron congelados.
Kael fue el primero en reaccionar, separándose de golpe, completamente rojo.
—¡E-eso fue un accidente!
—S-sí… —respondió Akiro, tocándose los labios—. Un accidente…
Silencio.
Desde los arbustos—
—¡BESOOOO! —susurró Mireya conteniendo la risa.
—Silencio —le dijo Leon—. Esto es histórico.
Eryon observaba con atención casi reverente.
—Interesante… el contacto físico ha alterado significativamente su pulso y respiración.
—¡CÁLLENSE! —susurró Mireya.
Kael se pasó una mano por el cabello, claramente alterado.
—No vuelvas a hacer eso.
—¿Hacer qué? —preguntó Akiro, genuinamente confundido.
—Acercarte así.
—Pero tú no me soltaste…
Eso fue el golpe final.
Kael apretó los puños.
—Porque… —respiró hondo—. Porque si te suelto, puede que no vuelva a tomarte.
Akiro lo miró en silencio.
—Entonces… —dijo despacio—. ¿Estás celoso porque te importo?
Kael cerró los ojos.
—Sí.
Una sola palabra.
Pero dicha con todo el peso del mundo.
Akiro sonrió. Una sonrisa dulce, sincera, luminosa.
Se acercó de nuevo, esta vez con cuidado, y tomó sus manos.
—Me alegra —dijo—. Yo también me siento seguro contigo.
Kael lo miró, completamente derrotado.
—Eres demasiado peligroso sin darte cuenta.
—¿Eso es malo? —preguntó Akiro, inclinando la cabeza.
—Para mí… sí.
Mireya no aguantó más y salió de los arbustos.
—¡CONFESIÓN BAJO PRESIÓN! —aplaudió—. ¡Lo sabía!
Leon la siguió, riendo.
—Fue un honor presenciar esto.
—Ustedes… —gruñó Kael—. ¡Planeaban esto!
—Obvio —respondió Mireya—. Alguien tenía que empujarlos.
Akiro se sonrojó.
—¿Estaban mirando…?
—Todo —respondieron al unísono.
Eryon se acercó un poco más.
—Una experiencia educativa —comentó—. El vínculo emocional humano es… sorprendente.
Kael suspiró y volvió a mirar a Akiro.
—No vuelvas a acercarte tanto a otros —dijo en voz baja.
—¿Por qué?
—Porque… —lo miró fijamente—. No quiero perderte.
Akiro apretó suavemente sus manos.
—Entonces no me sueltes.
La noche siguió su curso.
Y aunque nadie lo dijo en voz alta…
Algo había cambiado para siempre.