Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo XII
Despertó con tranquilidad. Aunque, algo desconcertada, ya que a su lado, no había nadie. Se asustó al principio. Y corrió hacia el otro lado de la cama. Pero no había nadie. Se preocupó, hasta que escucho unos pequeños ronquidos provenientes del sillón y justo en él. Se encontraba durmiendo algo incómoda. O eso parecía para ella. Su querida acompañante. Victoria. Quien no pensaba despertar por nada del mundo.
—Mentirosa, dijiste que querías dormir en la cama, me hubieras dicho. Y estarías durmiendo más cómoda, Mm, creo que todavía puedes. Las llevaré a su aposento. Señorita. —la carga.
—claro, gracias... —abre los ojos. —AAA.
El grito resonó fuerte en el oído de Cindy. Pero aun así. Llevo hasta la cama, a una enrojecida Victoria. Quien no dudo en decir algo.
—¿por qué lo hiciste?
—vi que dormías incómoda, y quise que tuvieras mejor descanso. Ya que estoy bien despierta.
—¿Ah, sí? ¿Por qué no me despertaste?
—lo hice. Como tres veces y nada. hablé algo fuerte y seguías durmiendo.
—pues, estaba durmiendo a gustó.
—¿en serio?
—sí. No tenías por qué hacer eso. Yo estaba durmiendo bien. Pensé que dormirías mejor sí solo estabas tu y al parecer. Así fue. Ese sillón es cómodo. Hasta pensé en ti.
—¿Eh?
—¿Eh?
—¿a qué te refieres con pensar en mí?
A—ah... Ay no, ella esescuchóo que dije. No puede ser. ¿Qué hago? —hablando en su mente. —bueno... Pensé en ti y lo bien que lo hubieras pasado si hubieras dormido aquí.
—Mm, ¿en serio?
—en serio.
—bueno, —pone su mano en el sillón. —si es cómodo. Y... —se acuesta. —se siente bien. Tienes razón, hubiera sido mejor que yo durmiera aquí. Bueno, esta noche dormiré yo aquí y tú en la cama. ¿Sí?
—¿Eh?
—¿reservaste para dos días?
—bueno... Sí... —saca su celular y hace una llamada. —sí. Quisiera alargar por una semana. Sí. Lo entiendo bien. Gracias
—¿qué hiciste?
—nada, ah... Bueno, ayer ya no pudimos ir a cenar a ese lugar. ¿Cierto?
—cierto. Me hubiera gustado ir.
—ah, pues no te preocupes, ya reserve para esta noche. Toma un baño y vístete. Yo saldré y pasaré por ti como a las 7 para ir a ese lugar. Estoy segura de que te encantará. —empezando a cambiarse.
—está bien, me dan muchas ganas de probar como es la comida de ese lugar.
—también yo, —termino de cambiarse. —bueno, ya me voy. Nos vemos a las 7 no lo olvides.
—sí. No lo haré.
—bien, ahora sí me voy. - sale de la habitación.
—bueno, todavía falta para eso. —viendo la hora en un reloj. —¿qué hago? Bueno, primero mejor hay que desayunar. —empieza a vestirse. —está bonita esta ropa. —una blusa color rosa, una falda blanca y botines del color de la falda. —fue un gasto muy grande. Realmente debería hacer algo para devolver aunque sea un poco lo que victoriha a gastado. Siento que me trata como a una hermanita menor. Bueno, sí ella me ve así. Pues. Supongo que como una buena hermanita. Debo ayudar a mi hermana mayor en lo que sea necesario. Je, je, je. —creo que se me sube un poco la falda. Veamos que podemos hacer. —se la quita y empieza a revisarla.
Se quedó revisando la falda. Le arreglo el ruedo como pudo y se la probó hasta que la sintió y vio justo como la quería. Salió. Aunque. Sin saber la hora. La cual marcaba. Las 11:15 algo difícil encontrar desayuno. Iba caminando. Recibió algunas miradas y chiflados. Pero no puso atención. Algunos chicos se acercaron. Pero no les dio importancia. Aunque no fue fácil zafarse de ellos. Hasta que llego a un restaurante donde pidió ayuda. Y se le fue dada. Permitiendo que se quedara un momento. En lo que se aseguraban de que esos tipos se esfumaron y no volvieran a molestarla.
—ya no están por ningún lado señorita.
—gracias, lamento las molestias.
—no se preocupe, lastimosamente, tipos como esos aparecen todo el tiempo. Cuando ven una chica linda. No hacen más que molestar y realmente eso no está bien, las chicas quieren estar tranquilas y ellos se comportan muy estúpidamente.
—sí. Nuevamente, gracias. No sé cómo puedo pagar su amabilidad. ¿Hay algo que necesite?
—no es nada, solo hice lo que era correcto. No hice nada extraordinario. Con que esté bien. Me basta y me sobra. Una linda señorita como usted debe estar tranquila y disfrutar.
—claro que no, yo vine a molestarle, ya que esos tipos conocen este lugar y pueden hacer algo en su contra. Yo quiero ayudar en lo que pueda para que eso no pase.
—no se preocupe, estaré bien, esos tipos ya me conocen, ya conocen este lugar y no harán nada que los haga pasar un tiempo largo tras unos barrotes y un espacio de 3x3. Así que. Ya puede irse y...
—por favor. Permítame trabajar para usted como una forma de mi gratitúd. ¿Necesita gente en la cocina, en la limpieza en el servicio o atender las mesas?
—oye, verás... —su mirada era intensa y llena de ilusión. Aaah, bien. ¿Qué sabes hacer?
— de todo un poco. Principalmente en cocina. - —le ruge el estómago. —ah...
—bien, veremos que puedes hacer. Pero primero. Come algo. Toma asiento, en un instante te lo traigo. —hizo una sonrisa.
—ga, gracias. —con el rostro agachado y un poco roja.
Se quedó con la mirada baja, hasta que le llevaron su comida, agradeció, pero un poco avergonzada todavía. Termino de comer lo más rápido que pudo y de inmediato se puso a la orden. El jefe no quería ,,, peroal final terminó aceptando. La dejo hacer la limpieza y lavar todos los trastos. Ya terminado eso. La hizo irse dándole una pequeña paga por su ayuda. Y le pidió que no se preocupara más. Que cuando regresara. Lo hacía como clienta y que con gusto la ayudaría. Lo cual con una sonrisa acepto y volvió al apartamento a hacer algo más y esperar la hora de la cena. La cual por fin llego.
—te ves hermosa.
—gracias. Ayer no lo usé. Así que, hoy esperaba poder usarlo.
—y pensaste bien. —hablando en su mente. —te ves muy bonita. Estás sexy.
—¿Eh?
—solo digo la verdad. Ja, ja ja.
—gracias.
—bueno, ya llegamos. Bienvenida a...
—¡Ah! ¡Es el restaurante del jefe!
—¿Ah?