Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 12
Hoy me toca atender sola… Perla tiene el día libre.
Estoy tranquila, no hay mucha clientela. Estoy atendiendo la mesa 5 cuando escucho la puerta abrirse. Levanto la mirada hacia esa dirección.
Y ahí está otra vez… el mismo hombre de hace días.
Me mira. Me sonríe.
Y casi se me cae la bandeja.
—Lo siento… lo siento —digo apurada, acomodando todo mientras siento las miradas de las otras mesas.
Las personas solo mueven la cabeza como diciendo que no pasa nada. Respiro hondo, intentando calmarme, y termino de atender la mesa 5.
Me dirijo a la mesa 3… donde está él.
El hombre guapo.
—Buenas… ¿qué desea? Tiene… —empiezo a decir, pero no me deja terminar.
—Solo un jugo de naranja, preciosa —dice, guiñándome un ojo.
Casi me desmayo.
—Ya… ya mismo —respondo nerviosa.
Voy rápido a la cocina, preparo el jugo y vuelvo.
—Aquí lo tiene, señor —digo, todavía algo temblorosa.
Él me mira fijo.
—Joseph… para ti, muñeca. ¿Te puedo preguntar algo?
—¿Ah? Sí —respondo sin pensar mucho.
—¿Cómo te llamas?
—Me llamo Mía, señor.
Él sonríe.
—Mía… bonito nombre. Igual que la dueña.
Trago saliva. No sé por qué, pero ese comentario me incomoda un poco.
—Gracias… —digo justo cuando me llaman de otra mesa—. Con permiso.
Me levanto rápido, atiendo otras mesas, pero siento su mirada todo el tiempo.
Después de un rato, todos se van… menos él.
—Me quedé para esperarte —dice tranquilo—. ¿Quieres sentarte un rato conmigo? Estoy solo en este pueblo.
Miro alrededor. No hay casi clientes.
“Solo un momento no pasa nada…”
—Está bien —digo, sentándome.
Joseph empieza a hablar conmigo, a reír, a coquetear. Es muy seguro, demasiado.
Me hace sonreír sin darme cuenta.
Pero algo en él no me termina de convencer… como si escondiera algo.
De repente su celular suena.
Él mira la pantalla. Es su esposa.
Lo apaga rápido.
Frío.
Demasiado frío.
—¿No vas a contestar? —pregunto.
—No es importante —responde sin mirarme—. Mía… me gustaría seguir viéndote.
Toma mi mano.
Me quedo quieta.
—Lo siento, debo volver a trabajar —digo soltándome rápido.
Me levanto y me alejo.
Joseph se queda mirando, algo molesto, y luego se va.
No sé por qué… pero me dejó inquieta.
AL DÍA SIGUIENTE
—¡Wooow! —dice Perla— ¿y qué le dijiste? Seguro ya tienen cita.
—No… nada —respondo nerviosa—. Me puse muy nerviosa.
—Eres tonta, Mía. Ese hombre estaba interesado.
—Es que… no quería problemas.
Perla se ríe.
—Si vuelve, le pides una cita tú.
—¿Yo? —pregunto sorprendida.
—Sí.
—Pero…
—¿Tienes miedo? —me interrumpe.
Me cruzo de brazos.
—No soy una cobarde.
—Entonces demuéstralo.
Suspiro.
—Está bien… si vuelve, le pido una cita.
Perla sonríe satisfecha y se va a trabajar.
Pasaron las horas… pero Joseph no volvió.
Terminamos el turno y cada una se fue a su casa.
NOCHE
Camino sola a casa. Son apenas tres cuadras… pero siento algo raro.
Como si alguien me siguiera.
Miro atrás. Nada.
Sigo caminando más rápido.
Otra vez miro. Nada.
Aprieto mi cartera y empiezo a correr.
Cuando llego a casa, cierro la puerta con fuerza.
Respiro agitada.
—Tranquila… fue tu imaginación —me digo.
Me sirvo agua.
Mi abuela ya está dormida.
Subo a mi habitación, me baño y me recuesto.
Pero antes de dormir, lo pienso…
Renzo.
Otra vez Renzo en mi cabeza.
Y me odio por eso.
MESES DESPUÉS
La vida siguió.
Con el dinero de Hanna sobrevivimos sin problemas. Trabajo, rutina, tranquilidad.
Pero nada es realmente tranquilo cuando sabes que alguien como Renzo puede aparecer.
No lo he visto.
No sé nada de él.
Pero siento que no ha terminado.
En algún lugar, él sigue buscándome.
DESPACHO DE RENZO
Renzo está sentado en la oscuridad, con la laptop frente a él.
No come.
No duerme bien.
Está más agresivo.
Más frío.
Más roto.
—¿Dónde estás, Mía…? —murmura.
Hanna entra.
—Tenemos un problema en el muelle. Robaron la carga.
—Ve tú —responde sin mirarla.
—Renzo, eres el líder.
—No me interesa.
Hanna lo mira serio.
—Estás destruido.
Él la mira de golpe.
—Tú me traicionaste.
Silencio.
—¿De qué hablas? —pregunta ella.
—Sé que ayudaste a Mía a escapar.
Hanna se queda congelada.
—¿Quién te dijo eso?
—Lo descubrí.
El ambiente se tensa.
—La ayudé, sí —dice Hanna sin miedo—. Y lo volvería a hacer.
Renzo se levanta.
—¿Dónde está?
—No te lo diré nunca.
—Es mi esposa.
—Es una mujer que sufría contigo.
El silencio se vuelve pesado.
—Di dónde está o te juro que…
—¿Qué? —lo interrumpe Hanna— ¿Me vas a matar?
Renzo no responde.
Golpea la mesa.
—¡Milo!
Milo entra.
—Prepárate. Salimos hoy.
Hanna intenta detenerlo.
—¡Renzo, estás obsesionado!
Pero él ya no escucha.
HANNNA DESCUBRE LA VERDAD
Hanna entra a su habitación nerviosa.
Busca su celular.
Intenta llamar a Mía.
Apagado.
—Mierda…
Abre su laptop.
Empieza a revisar datos.
Y ahí lo ve.
Una foto.
Mía.
Y Joseph.
Abrazados.
Sonriendo.
Texto debajo:
“Feliz 5 meses de novios, te quiero Joseph.”
Hanna abre los ojos.
—No… no puede ser…
Corre hacia el despacho.
—¡Renzo!
Él entra.
—No puede ser esto… —dice ella.
Renzo ve la pantalla.
Su cara cambia.
Silencio total.
Oscuro.
Peligroso.
Y entonces…
Renzo habla fuerte y claro ,pero roto por dentro
Renzo - dime dónde está
Hanna - Colombia