¿Podrá una señorita de de alta sociedad, y un jardinero hacer que su amor floresca , en medio de tantos impedimentos.?
Esta es la historia de amor de Ricardo y María Claudia. ¡Ven y acompáñame a ver qué pasa!
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Capitulo #12
El señor Pedro, para andar más rápido, se fue en un taxi. En el camino llamó a su esposa para avisarle de lo sucedido y quedaron de encontrarse en el hospital.
...
En el hospital
—Doctor, somos los familiares de Ricardo Santana.
—Sí, señor, somos nosotros, sus abuelos. ¿Cómo está nuestro nieto? —preguntó Pedro con voz temblorosa.
—Bueno, tiene muchos golpes, especialmente en la cabeza. Aunque no presenta fracturas, estamos haciendo todo lo posible por estabilizarlo.
Los abuelos de Ricardo lloraban desesperados. Su único nieto estaba postrado en una cama de hospital y ellos no sabían qué hacer. No contaban con mucho dinero.
Dos horas más tarde, el médico volvió e informó que Ricardo había entrado en coma.
—¡Ay, nooo, mi niño! —gritó la señora Marta, destrozada—. Doctor, ¿y cuánto tiempo estará así? Díganos la verdad...
—No lo sabemos, señores —respondió el médico con pesar—. Pueden ser horas, días, semanas, meses… incluso años.
La señora Marta lloró desconsolada. Su esposo intentó hacerse el fuerte para consolarla y ambos se dirigieron a la capilla del hospital para orar por su amado nieto.
Mientras tanto, María Claudia seguía intranquila. Sentía una opresión en el pecho y no entendía por qué. Intentó comunicarse con Ricardo, pero la llamada se iba directo al buzón. Se asomó por la ventana, pero no vio ni a Ricardo ni al señor Pedro.
...
Los señores Montero decidieron ir al hospital a visitar a su jardinero. No perderían esta oportunidad que se les presentaba para separar, de una vez por todas, a su hija de Ricardo.
—Hola, señor Pedro, señora Marta. ¿Cómo sigue su nieto? —preguntó el señor Juan Pablo Montero.
—Umm… nuestro nieto está mal, entró en coma —respondió Pedro con voz apagada. 😥
—Oh, cuánto lo sentimos de verdad —dijo Sandra, fingiendo compasión, aunque por dentro pensaba: “Ojalá se muera.” 💭
—Venimos a ofrecerles nuestra ayuda —añadió Juan Pablo con tono amable—. Pagaremos todos los gastos del hospital.
—Muchas gracias, señores. Estaremos eternamente agradecidos por este gesto tan noble —contestó Pedro.
—Bueno —interrumpió Juan Pablo, cambiando el tono—, sinceramente, lo que queremos a cambio es que alejen a su nieto de mi hija María Claudia. Y que a ella no le digan nada de lo sucedido.
Señor Pedro, usted ha sido muy útil para nosotros todos estos años, muy servicial… pero hasta hoy trabajó usted en nuestra casa. No hizo nada malo, pero no permitiremos que su nieto siga con nuestra hija.
—A ella la mandaremos fuera del país por un tiempo. Ustedes se encargarán de que Ricardo no se comunique con ella ni con Paula Andrea.
Le daremos su pago de este mes, su liquidación y una bonificación para que vivan tranquilos por un tiempo.
La señora Marta escuchaba en silencio, ofendida y humillada, pero prefirió callar. El señor Pedro respondió con serenidad:
—Está bien, señores, acepto su propuesta —dijo, mientras Marta abría los ojos sorprendida—. Pero a mí solo deme lo que me corresponde, nada más. No quiero ninguna bonificación. 🙁
—Está bien, como usted quiera. Esta misma tarde le depositaré el dinero en su cuenta. Adiós, y espero que su nieto se recupere pronto —concluyó Juan Pablo antes de marcharse con Sandra.
Ambos se retiraron convencidos de que la primera parte del plan había funcionado. Solo faltaba que María Claudia aceptara irse del país pronto, para que, cuando Ricardo despertara, ella ya no estuviera. ✈️
...
Los doctores hablaron con los señores Santana para pedirles que fueran a casa a descansar. En el estado en que se encontraba su nieto no era necesario que permanecieran allí; las enfermeras cuidarían muy bien de él. Les dieron el horario de visitas, y, después de tanto insistir, los abuelos se marcharon a su casa, hechos un manojo de nervios, pero con la esperanza puesta en Dios de que su nieto pronto despertaría y estaría bien.
Mientras tanto, María Claudia seguía intentando comunicarse con su amor, pero era en vano. La llamada se iba directo al buzón. Fue hasta el jardín en busca de Ricardo, pero no lo vio. Buscó al señor Pedro, pero tampoco lo encontró, lo que la angustiaba aún más. Sabía, en su corazón, que algo pasaba, pero no sabía qué era. Preguntó a algunos empleados, pero nadie le dio razón alguna.
Volvió a su habitación y, en su preocupación, solo atinó a ponerse a pintar.
...
Mientras Ricardo permanecía en coma, los padres de María pensaban cómo hacer, qué decirle a su hija para que aceptara marcharse del país. Tenían pensado enviarla con su tía Teresa a EE. UU., y si fuera posible, hoy mismo. No querían correr riesgos, pues aunque no tuvieron nada que ver con el accidente de Ricardo, esto les había caído como anillo al dedo, y no pensaban desaprovechar la oportunidad.
Llegaron a casa y buscaron a María Claudia en su habitación.
—(Toc, toc) —María Claudia, necesitamos hablar contigo —dijo Sandra.
—Sí, mami, adelante, la puerta está sin seguro.
Los señores entraron. Ella los esperaba sentada en la cama.
—Queremos que nos digas por qué nos engañaste. Nos hiciste creer que habías terminado tu romance con el jardinero.
—Lo siento, mami, papi… 🥺 No lo pude evitar. Me enamoré perdidamente de Ricardo desde el primer momento en que lo vi, y no es fácil para nosotros separarnos.
—Espero que no te hayas entregado a ese muchacho —preguntó Sandra, con tono de reproche.
—No, mamá, no lo he hecho, porque Ricardo siempre me ha respetado. Si no me creen, pueden llevarme al ginecólogo si quieren.
—No es necesario, te creemos —dijo Sandra—. Pero ya sabes cuáles serán las consecuencias de tus actos, ¿verdad?
—¡No, papi, por favor! No me mandes lejos de aquí, lejos de ustedes, de mi hermana, ¡nooo! 😥
—Sí lo haremos. Primero, porque no cumpliste tu palabra, y segundo, porque descubrimos que ese muchacho no te ama de verdad, solo está detrás de nuestro dinero.
—No, papá, eso no puede ser. Él me ama sinceramente, yo lo sé, me lo ha demostrado.
—Pues no es así. Le ofrecimos dinero para que se alejara de ti, ¿y adivina qué? Aceptó.
—¡No! ¿Por qué hicieron eso? ¡Yo no lo creo! Él no es capaz de algo así. 😭
—¿Ah, entonces nos estás diciendo mentirosos? —preguntó Juan Pablo, molesto.
—No… no es eso, yo... —balbuceó ella entre lágrimas.
—Pero nada. La verdad es esa. Le ofrecimos una buena cantidad, aceptó y se marchó junto a su familia. Y tú, empaca tus cosas, porque te vas a Estados Unidos mañana a primera hora. No tienes permiso de salir de aquí hasta el momento de partir, ¿entendido? Ya nos engañaste dos veces, pero tres no.
Ahora no lo entiendes, pero en el futuro verás que todo lo hicimos por tu bien, porque te amamos.
María Claudia no hacía más que llorar y llorar. Estaba destrozada; no entendía por qué le pasaba eso a ella. ¿Dónde quedaban las promesas de Ricardo, su amor, sus besos, sus abrazos, sus juramentos, sus planes de casarse...? 🥺😭
Sin más remedio y con el dolor en el alma, empacó sus maletas con la ayuda de su madre, quien intentaba consolarla, pero era en vano. Todo lo que le decía solo la hacía llorar más.
No quiso cenar. Se acostó temprano y, llorando, le escribió un mensaje a Ricardo:
📱 “Amor, ¿por qué me traicionaste de esta manera? ¿Por qué no fuiste sincero? Dime, ¿qué hago yo sin ti? 😭 No me enseñaste cómo estar sin ti. ¿Y qué le digo yo a este corazón, si tú te has ido y todo lo perdí? ¿Por dónde empiezo si todo acabó? No me enseñaste cómo estar sin ti, Ricardo...
Se quedarán todos los buenos momentos que vivimos juntos en mi corazón. 😥 No te guardaré rencor... te amaré por siempre, mi mágico jardinero... aunque no lo merezcas, te amaré.” 😭💘