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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10 — PREPARATIVOS

El castillo despertó envuelto en un frenesí contenido.

Elysia lo notó desde el amanecer. Los sirvientes corrían con más prisa de lo habitual. Las antorchas de los pasillos se habían cambiado por otras nuevas, de cera más clara, que desprendían un aroma dulzón. Las armaduras de los guardias de la entrada principal relucían como si alguien las hubiera pulido durante toda la noche. Hasta las banderas negras de Aster parecían más tiesas, como si el viento mismo se hubiera puesto de acuerdo para que ondearan con dignidad.

Lady Athena llegaba en dos días.

No era una visita real. No era un embajador de un reino extranjero. Era una mediadora de las casas menores, una mujer sin título nobiliario, sin ejército, sin tierras. Y sin embargo, el castillo entero se preparaba como si fuera a recibir a una emperatriz.

Elysia no entendía por qué, hasta que Lian se lo explicó en el comedor, mientras desayunaban.

—No es por ella. Es por lo que representa.

—¿Qué representa?

Lian mojó pan en el caldo y se lo llevó a la boca. Masticó con calma antes de responder.

—Las casas menores han estado divididas durante años. Unas apoyan al señor Aster, otras al príncipe Aslan. Pero ninguna se había atrevido a enviar un mediador oficial. Que venga ahora, con una carta formal, significa que algo está cambiando.

—¿Cambiando cómo?

—Significa que las casas menores están empezando a moverse. A tomar partido. Y si esa mujer, Athena, ha conseguido unirlas lo suficiente como para que envíen una propuesta de conciliación... —Lian se encogió de hombros—. Entonces no es solo una mediadora. Es una pieza clave en el tablero.

Elysia removió su propio caldo sin probarlo. Pieza clave. Athena siempre lo había sido. En el mahwa, su papel era el de la heroína que unía al pueblo contra el villano. Pero aquí, en la realidad, las cosas eran más grises. Más sucias. Y ahora venía al castillo de Aster a mediar, no a atacar. ¿Era una trampa? ¿Una maniobra política? ¿O realmente creía que podía evitar la guerra?

—¿Tú qué crees? —preguntó Lian, sacándola de sus pensamientos—. ¿Confías en ella?

Elysia levantó la vista. Los ojos verdes de Lian la observaban con curiosidad.

—No la conozco —respondió, con cautela—. Pero no me fío de nadie que pida una reunión con tanta prisa.

Lian sonrió de medio lado.

—Vas aprendiendo.

El resto del día lo pasó organizando la seguridad.

Aster le había dado instrucciones precisas, como siempre. La reunión se celebraría en el salón principal del castillo, una estancia que Elysia apenas había pisado porque solía estar cerrada. Era un espacio amplio, con columnas de piedra, una mesa de roble tan larga como tres caballos y tapices que representaban batallas antiguas. Lo estaban limpiando a fondo cuando ella llegó.

Los guardias la saludaron con inclinaciones de cabeza. Elysia los distribuyó personalmente: dos en la entrada principal, dos en las puertas laterales, cuatro en los pasillos que conducían al salón. Quería relevos cada cuatro horas. Quería informes inmediatos si alguien veía algo sospechoso. Quería que el castillo pareciera una fortaleza inexpugnable pero también un lugar abierto al diálogo.

Era un equilibrio difícil. Aster confiaba en que ella lo conseguiría.

—Comandante.

Se giró. Darian, el instructor de ceja partida, se acercaba con su paso pesado de siempre. Llevaba una lista en la mano.

—Los nombres de los soldados que vigilarán el perímetro exterior. Como pidió.

Elysia la tomó. La revisó. Eran buenos nombres. Soldados experimentados, de confianza.

—Gracias, Darian.

—No me las dé. Solo hago mi trabajo. —Dudó un momento, como si quisiera añadir algo más—. ¿Es cierto que esa mujer viene a ofrecer la paz?

—Viene a hablar. Que hable de paz o de otra cosa está por ver.

Darian gruñó algo ininteligible.

—La paz es para los muertos. Los vivos siempre quieren algo.

Se fue sin esperar respuesta. Elysia se quedó con la lista en la mano, pensando en sus palabras. Quizá Darian tenía razón. Quizá la paz era una ilusión. Pero si había una posibilidad, por mínima que fuera, de evitar el final sangriento que ya conocía, valía la pena escuchar.

Esa tarde, Aster la convocó a su despacho.

No era inusual. La convocaba a menudo para revisar informes, para darle nuevas órdenes, para interrogarla sobre los avances de la investigación. Pero esta vez, cuando Elysia entró, lo encontró de pie junto a la ventana, con las manos detrás de la espalda y la mirada perdida en el horizonte.

—Siéntate —dijo, sin girarse.

Elysia obedeció. Se sentó en una de las sillas frente al escritorio y esperó.

Aster tardó en hablar. Cuando lo hizo, su voz era más baja de lo habitual.

—¿Sabes por qué mi hermano y yo estamos enfrentados?

Elysia parpadeó. No esperaba esa pregunta.

—Por el trono —respondió, por decir algo.

—Eso es lo que todos dicen. —Aster se giró—. Pero no es exacto. El trono es el premio. La razón es otra.

Avanzó hacia el escritorio y se sentó frente a ella. La luz de la ventana le daba en el rostro, marcando las sombras bajo sus pómulos. Parecía cansado. No físicamente. Cansado de algo más profundo.

—Mi hermano cree que el pueblo necesita un rey amable. Alguien que escuche. Alguien que negocie. Alguien que ame. —La palabra «ame» la pronunció con un desdén apenas contenido—. Yo creo que el pueblo necesita un rey fuerte. Alguien que tome decisiones aunque sean impopulares. Alguien que no se doble.

—Y por eso están enfrentados —concluyó Elysia.

—Por eso. Y porque Aslan tiene a su lado a gente que le susurra al oído. Gente que le dice que él sería mejor rey. Gente que le dice que yo soy un tirano.

—¿Lo eres?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Aster la miró. Elysia sintió el peso de esos ojos grises, pero esta vez no apartó la mirada.

—Soy lo que este reino necesita —dijo él, sin inmutarse—. Si eso me convierte en tirano a ojos de los demás, que así sea.

Elysia no supo qué responder. En el mahwa, Aster era el villano. El obstáculo que los héroes debían superar. Pero escuchándolo ahora, viendo la convicción en su rostro, entendía que él no se veía a sí mismo como un villano. Se veía como un rey dispuesto a mancharse las manos por su pueblo.

Quizá los villanos nunca se ven a sí mismos como tales.

—Lady Athena llega en dos días —dijo Aster, cambiando de tema—. Quiero que la recibas personalmente.

—¿Yo?

—Tú. Eres mi comandante. Mi cara visible ante los soldados. Que te vean a ti es tan importante como que me vean a mí.

—¿Qué se supone que debo hacer?

—Recibirla. Acompañarla al salón. Evaluarla. —Aster se reclinó en su sillón—. Tienes buen ojo para la gente. Lo has demostrado con los capitanes. Quiero que la observes y me digas qué ves.

—¿Y si veo algo que no te gusta?

—Entonces dímelo igual. Siempre prefiero la verdad incómoda a la mentira cómoda. Ya lo sabes.

Lo sabía. Y por eso mismo le daba miedo. Porque la verdad incómoda era que Athena, si seguía el guion del mahwa, sería la perdición de Aster. Pero no podía decírselo. No todavía. No sin pruebas. No sin parecer una loca.

—Lo haré —dijo.

Aster asintió.

—Puedes irte.

Elysia se levantó y fue hacia la puerta. Con la mano en el pomo, se detuvo.

—Aster.

Era la primera vez que lo llamaba por su nombre. Sin «señor», sin «alteza». Solo su nombre. Él levantó la cabeza, sorprendido o quizá no. Su rostro seguía siendo ilegible.

—¿Qué?

—¿Tú crees que la paz es posible?

Aster se quedó en silencio. Largo. Muy largo.

—No —dijo al fin—. Pero creo que vale la pena escuchar a quien la ofrece. Aunque solo sea para saber contra qué estamos luchando.

Elysia asintió y salió.

Esa noche, mientras se preparaba para dormir, se miró en el espejo. Sus ojos dorados le devolvieron una mirada más firme que la de semanas atrás. Ya no era la mujer confundida que despertó en una cama ajena con la cabeza vendada. Era la comandante de Aster. Y en dos días, recibiría a la heroína.

No sabía qué iba a pasar. Pero estaba lista.

O al menos, eso se decía a sí misma.

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Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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