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La Omega que Ellos Enterraron

La Omega que Ellos Enterraron

Status: En proceso
Genre:Venganza / Venganza de la protagonista / Familias enemistadas / Secretos de la alta sociedad
Popularitas:41.5k
Nilai: 5
nombre de autor: ReWorld

Valentina fue criada como hija de la casa Vargas, hasta que una copa rota, una mentira y el silencio de todos la condenaron a tres años de servidumbre en la manada Oscura.
Allí lavó ropa con las manos abiertas por el hielo, limpió establos, cargó leña, durmió sobre paja y aprendió que nadie iba a ir por ella. Cuando el plazo termina, Rodrigo Vargas, el Alfa que alguna vez significó hogar, aparece para llevarla de regreso.
Pero la Valentina que vuelve no busca abrazos, explicaciones ni perdón.
En la casa que la entregó, Isabela ocupa su lugar, Don Alejandro intenta arreglar su futuro como si fuera un problema familiar, Elena llora demasiado tarde y Rodrigo empieza a entender que la culpa no repara nada.
Solo Abuela Consuelo sigue llamándola "mi niña".
Cuando las cicatrices salen a la luz y las mentiras comienzan a romperse, Valentina decide algo simple: nunca más volverá a vivir como una Omega que otros pueden vender, esconder o nombrar a su antojo.
Y mientras la verdad de Isabela se pudre bajo perfumes falsos, un Beta llamado Diego aparece con una bondad tranquila que Valentina ya no creía posible.
Pero en un mundo de Alfas, manadas y destinos marcados por la luna, sobrevivir no será suficiente.
Valentina tendrá que elegir si quedarse entre las ruinas de la familia que la enterró... o caminar hacia una vida donde nadie vuelva a apagar su nombre.

NovelToon tiene autorización de ReWorld para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11

Valentina notó lo de Isabela por accidente.

No fue una gran revelación. No hubo luna llena, ni testigos, ni una frase descuidada. Solo una mañana común en el corredor del ala norte, cuando Isabela pasó junto a ella después de visitar a Consuelo.

Llevaba un vestido de lana fina y el cabello recogido con una cinta azul. En el cuello, justo bajo la oreja, brillaba una gota de aceite aromático. Lavanda, miel y algo floral. Dulce. Cuidado. Demasiado presente.

Toda la casa hablaba del aroma de Isabela.

Decían que era suave, propio de una Omega bien nacida. Decían que por eso Rodrigo la había reconocido desde el principio, que por eso nadie podía dudar de su lugar. El aroma de una Omega no era solo olor. En una manada, era prueba, promesa, destino para quien quería creer en esas cosas.

Pero Valentina había pasado tres años lavando ropa ajena.

Sabía cuándo un olor venía de la piel y cuándo de una tela. Sabía distinguir sudor de fiebre, miedo reciente, sangre vieja, hierbas para dormir, grasa de establo, humo, perfume barato usado para ocultar algo peor. En la manada Oscura, esa habilidad solo servía para elegir si una camisa necesitaba ceniza, agua caliente o paciencia.

Con Isabela, el olor se quedaba encima.

No salía de ella.

Valentina se detuvo.

Isabela también.

—¿Vas con la abuela? —preguntó Isabela.

—Sí.

—Está cansada. Tal vez deberías dejarla descansar.

Valentina miró el cuello del vestido.

—¿Te pusiste otro aceite?

La pausa fue breve.

Muy breve.

Pero existió.

—¿Perdón?

—Huele distinto.

Isabela sonrió.

—Rodrigo me regaló un frasco. Dice que me queda bien.

—Ajá.

—¿Te molesta?

—No.

Valentina siguió caminando.

No era momento de decir más. Una verdad soltada antes de tiempo podía morir como una chispa sobre piedra húmeda. Isabela tenía el favor de la casa, el oído de Rodrigo y la costumbre de llorar justo cuando debía.

Valentina solo tenía memoria.

Entró en la habitación de Consuelo. La abuela dormía con la boca apenas abierta, una mano fuera de la manta. Valentina le acomodó los dedos bajo la tela y revisó el brasero.

Elena llegó poco después con una costurera.

—Necesitamos ropa para ti —dijo—. No puedes seguir usando esos vestidos.

Valentina no discutió. Se puso de pie para que la midieran.

La costurera era una mujer mayor, Beta, con ojos cansados y manos rápidas. Al levantar la manga de Valentina para medir el brazo, vio las cicatrices y se quedó quieta un instante.

—Mangas anchas —dijo Valentina.

La costurera asintió.

—Sí.

Elena se acercó.

—Podemos usar tela más fina para que no se vea tanto.

—No es por cubrir.

Elena se detuvo.

Valentina bajó la manga.

—Es para que no se pegue.

La costurera anotó sin levantar la cabeza.

Elena no dijo nada más.

Por la tarde, Valentina abrió la ventana para cambiar el aire de la habitación. Desde allí se veía el jardín lateral. Rodrigo caminaba junto a Isabela. Ella hablaba con la cabeza inclinada; él escuchaba con el ceño fruncido. En un momento, Isabela se llevó una mano al pecho, como si algo la hubiera herido. Rodrigo le tocó el hombro.

El aroma dulce llegó hasta la ventana.

Valentina no sintió celos.

Eso la sorprendió menos de lo que habría imaginado.

Tres años antes, aquella escena la habría partido. Rodrigo inclinándose hacia Isabela, creyéndole, protegiéndola. Tres años antes, Valentina habría querido entrar en medio, explicar, pedir que la mirara a ella también.

Ahora solo pensó: el aceite está más fuerte por la tarde.

Guardó el dato.

Consuelo despertó cuando la luz empezaba a bajar.

—¿Qué miras?

Valentina cerró la ventana.

—El jardín.

La abuela no le creyó del todo, pero estaba demasiado cansada para perseguir la respuesta.

—Ven a leer.

Valentina tomó el libro.

Mientras leía, la idea permaneció en un rincón de su cabeza: Isabela no olía como una Omega. No de verdad.

No hizo nada con eso.

Todavía.

1
Liliana Filipuzzi
quiero hacer ese viaje... o tal vez lo estoy haciendo sin darme cuenta....
Erika Oviedo Macedo
excelente
celestina kramer
muy buena la historia autora
Liliana Filipuzzi
Al principio no se entiende mucho, de hecho el origen de la prota no se entiende, salvo entre líneas y aún así es bastante escueta.
Pero me fascina la narrativa... Dura, blanco o negro, no hay floritorios en los romances., que casi no hay o no se perciben... cómo ese que "día a día crece" y no descubris si es un romance normal o personas que coinciden en tiempo y espacio.
Es rara y está muy buena
Beatriz Hernàndez
es que pais se desarrolla ésta historia
Beatriz Hernàndez
es que pais se desarrolla ésta historia
Liliana Filipuzzi
está muy buena, pero es lenta
Beatriz Hernàndez
y lo extremo del.clima
Beatriz Hernàndez
excelente historia, dónde es? en Escocia?... lo digo por las características del terreno
Sidoneth Yepez
espectacular el capítulo!!!!! me encanta la novela... diferente a todas que he leído sobre hombres lobos🥰👏👏
Sidoneth Yepez
Me gusta la historia. Diferente y entretenida desde el principio
Maria Diosdado Velázquez
NO HACE FALTA RECORDAR, SI USTED NO QUIERE TERMINAR DE PUBLICAR, NO PUBLICA Y YA SOLO LE RESTA PUNTOS
Sidoneth Yepez
Me encanta 🥰🥰🥰🥰
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰😂
irma lorena ruelas cueva
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