Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.
Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.
Sin embargo, la isla no está desierta.
Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e
NovelToon tiene autorización de Beatriz zafra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 11
Insistí tanto en no dormir con Kai que incluso terminé agotándome a mí misma.
—Lou, dile que prefiero dormir contigo.
Lou tradujo mis palabras lentamente mientras Kai me observaba sentado frente a nosotras con esa expresión seria imposible de descifrar.
Él respondió algo inmediatamente.
Y por primera vez desde que lo conocía… parecía molesto de verdad.
Lou dudó antes de traducir.
—Kai dice que no confía en dejarte lejos de él.
—Pues tendrá que aprender.
Kai entrecerró ligeramente los ojos al escuchar mi tono desafiante.
Yo levanté el mentón intentando mantenerme firme aunque por dentro estuviera muriendo de nervios.
El silencio se volvió incómodo.
Finalmente Kai habló otra vez, más corto esta vez.
Lou pareció sorprendida.
—Acepta… pero dormirás con cuidado.
Suspiré aliviada.
—Gracias al cielo.
Pero entonces noté algo extraño.
Kai dirigió una mirada lenta hacia Lou.
Una mirada fría.
Lou bajó inmediatamente la vista de miedo.
Fruncí el ceño confundida.
No entendía por qué la había mirado así.
Aunque algo me decía que Kai no estaba nada feliz con aquella decisión.
Más tarde varias mujeres nos llevaron hacia una zona del templo donde el agua caliente caía directamente desde canales de piedra.
Mi boca se abrió ligeramente al verlo.
—¿Tienen baños?
Lou sonrió orgullosa.
—La tribu construyó esto hace muchos años.
El lugar estaba iluminado por antorchas y rodeado de flores extrañas de colores intensos. El agua despedía vapor y el sonido relajante de la cascada llenaba toda la sala.
Por primera vez desde el accidente… sentí algo parecido a tranquilidad.
Entré lentamente al agua.
Y casi gemí del alivio.
—Oh Dios… esto es lo mejor que me ha pasado desde que llegué.
Lou soltó una pequeña risa mientras se acomodaba frente a mí.
Y fue entonces cuando realmente noté algo.
Lou era alta.
Muchísimo más alta que yo.
Bueno… todos lo eran.
Pero verla tan cerca hacía que pareciera todavía más evidente.
Yo apenas le llegaba un poco más abajo de los hombros.
—Oye, Lou… —murmuré.
Ella levantó la vista.
—¿Hay más gente como yo aquí?
Lou guardó silencio unos segundos.
Luego negó lentamente.
—Eres la única.
Sentí un pequeño vacío en el pecho.
—¿Nunca llegó nadie más?
Ella dudó antes de responder.
—Hace muchos años… una anciana vino desde afuera.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿En serio?
Lou asintió.
—Pero murió hace mucho tiempo.
La esperanza que había sentido desapareció rápidamente.
Bajé la mirada hacia el agua.
Eso significaba que probablemente nadie sabía de la existencia de esta isla.
Nadie vendría.
El silencio cayó entre ambas durante unos segundos.
Hasta que hice la pregunta que llevaba rondando mi cabeza desde el primer día.
—Lou… ¿hay barcos para salir de la isla?
Ella levantó lentamente la vista hacia mí.
Y algo extraño cruzó su expresión.
Miedo.
Aunque desapareció demasiado rápido.
—No —respondió finalmente.
Demasiado rápido.
La observé detenidamente.
Parecía nerviosa.
Como si estuviera ocultando algo.
Pero antes de que pudiera seguir preguntando, Lou se levantó rápidamente del agua.
—Debemos dormir. Mañana será un día largo.
Fruncí ligeramente el ceño.
Definitivamente algo no encajaba.
Lo que yo no sabía… era que Lou estaba aterrada.
Porque si Kai descubría que ella me ayudaba a escapar…
El líder jamás la perdonaría.
Aquella noche dormimos en una habitación más pequeña dentro del templo.
Había pieles suaves extendidas sobre el suelo y el sonido lejano de la selva entraba suavemente por las ventanas abiertas.
Yo estaba acostada mirando el techo incapaz de dormir.
Todo había cambiado demasiado rápido.
California.
El avión.
La isla.
Kai.
Parecía una historia imposible.
Giré ligeramente la cabeza hacia Lou, que ya dormía tranquilamente.
Luego suspiré.
Y sin querer… pensé en Kai otra vez.
En sus ojos dorados.
En la forma en que me miraba.
En cómo me había sostenido sobre sus piernas como si fuera lo más natural del mundo.
Cerré los ojos inmediatamente.
—Necesito dejar de pensar en ese hombre…
Pero aun así terminé durmiéndome pensando en él.
A la mañana siguiente desperté con el sonido de voces y movimiento fuera de la habitación.
La luz del sol atravesaba las telas del templo iluminándolo todo de tonos dorados.
Lou ya estaba despierta.
—Buenos días, Rose.
Me incorporé lentamente todavía adormilada.
—¿Siempre se levantan tan temprano aquí?
Lou sonrió.
—La tribu comienza a trabajar con el amanecer.
Perfecto.
Después de comer algunas frutas y pan, Lou decidió enseñarme la aldea.
Y honestamente…
Era todavía más impresionante de día.
Caminamos entre enormes estructuras de piedra decoradas con símbolos dorados mientras las personas trabajaban alrededor. Algunas mujeres cocinaban cerca de grandes fogatas, otras tejían telas de colores intensos y los niños corrían jugando por los caminos.
Muchos se detenían a mirarme cuando pasaba.
Seguía siendo la extranjera extraña.
Y probablemente lo sería por mucho tiempo.
—¿Siempre viven así? —pregunté observando las enormes pirámides.
Lou asintió.
—La tribu protege las antiguas tradiciones.
Seguimos avanzando entre los caminos de tierra mientras yo observaba todo fascinada.
Hasta que noté algo curioso.
Todas las personas parecían apartarse apenas Kai aparecía a lo lejos.
Le tenían un respeto absoluto.
O miedo.
Y entonces lo vi.
Kai estaba entrenando junto a otros guerreros cerca de una zona abierta de la aldea.
Sin camisa.
Sudor recorriendo su piel bronceada.
Con una lanza enorme entre las manos.
Mi cerebro dejó de funcionar unos segundos.
—No lo mires —murmuré para mí misma.
Lou claramente escuchó porque empezó a reírse.
—Te gusta Kai.
La miré horrorizada.
—¡No me gusta!
Lou seguía sonriendo divertida.
Y lo peor de todo…
Era que no sonaba muy convencida de mi respuesta.